«Está claro que la ficción fue la primera sabiduría de la que dispuso el hombre»
El escritor leonés presenta hoy en el Club de Prensa del Diario de León «Ficción continua», un libro en el que reflexiona sobre la capacidad inventiva, presente en todas las culturas
José María Merino ha elegido el Club de Prensa para presentar en León su último trabajo,
Ficción continua (Seix Barral) un libro que es fruto tanto de la investigación como de la creatividad y en el que reflexiona, con su lucidez habitual, sobre la invención literaria y las características que definen a los cuentos y las novelas de todos los tiempos y latitudes. Esta tarde. Merino explicará a los leoneses los detalles de esta peculiar y persistente costumbre humana que él aborda con el rigor y la amenidad de siempre.
-¿Es éste un libro para iniciados, para estudiosos de lo literario? -No, es para gente que le guste la literatura, las novelas y los cuentos; no tiene por qué ser necesariamente para un profesor o un especialista. Es un libro en el que yo reflexiono sobre la capacidad de contar historias, empleando para ello tanto desde mi punto de vista de escritor como de lector.
-¿Qué tienen en común un cuento español y otro bosquimano? -El título del libro ya dice mucho de eso:
Ficción continua . La ficción es común a todos los seres humanos, por eso, un cuento popular leonés, de la tradición oral, y uno bosquimano tienen muchos aspectos en contacto, si quitamos los elementos propios de la idiosincrasia de cada zona, claro está. Las historias populares se parecen, en el fondo, todas. Pero un cuento literario ya se diferenciaría más.
-Exactamente, ¿para qué sirve la ficción? -Está claro que la ficción fue la primera sabiduría de la que dispuso la especie humana. Antes de que apareciera la filosofía, la metafísica, la agricultura, antes de que el hombre supiera nada, lo primero con lo que el hombre le otorgó un sentido a la realidad que le rodeaba fue con la ficción.
-¿Qué historia le llama más la atención de las incluidas en el libro, cuál le asombra más? -No tengo ninguna preferida; de entre los cuentos orales, todos me gustan por igual, y en cuanto a los literarios, les tengo mucho cariño a los de Clarín, un excelente cuentista, y también a los de los grandes cuentistas rusos: Chéjov, Turguéniev... tienen una riqueza literaria enorme.
-¿Son los cuentos del mundo la misma historia, en mil modalidades diferentes? -Sí, porque la capacidad de contar cuentos es lo que hizo que el hombre se separara del resto de primates. Y además, las ficciones que hemos venido contando han venido siendo siempre las mismas, están insertas en nuestros genes, dadas para siempre; pero su número de combinaciones es infinito. Son «arquetipos» que se repiten una y otra vez: la lucha entre el héroe y el antagonista, la búsqueda de la libertad o la inmortalidad, el amor y el desamor, etc. Así, la literatura moderna y las más viejas leyendas son equiparables, hablan de lo mismo. La ficción es nuestra sabiduría intuitiva, y cuando encontremos otras ficciones de las que hablar, a lo mejor en ese momento nos hemos convertido en una especie distinta.
-¿Qué fue lo que motivó la creación de este libro? -Se me ocurrió por pura experiencia, por edad. Hace poco vi un vídeo del año 1992, hace doce años, en el que yo mismo decía que un narrador no tenía por qué tener una teoría, que no necesitaba tener teoría. Y me quedé algo estupefacto porque con el tiempo me he dado cuenta de que todo profesional acaba elaborando una teoría sobre lo que hace, porque profundiza en ello. Es una especie de «regalo de la edad», y por eso me decidí a organizar todo ese material que he ido acumulando sobre el proceso creativo literario y sus temas, pensé en él y escribí.
-¿El lector actual se ve quizás aturdido, sobrepasado por la oferta editorial actual? -Creo que sí. El mundo editorial se ha convertido en un negocio, lo cual es respetable; lo malo es que intenta parecerse a cualquier otro ramo de la industria y por ello produce a ese mismo nivel, de tal forma que al final el lector se siente desorientado ante la enorme cantidad de libros editados, se fía de la
publicidad a gran escala y puede que quede decepcionado por el resultado final. La clave está en la educación, en formar lectores con gusto.