EL ESPECTADOR, 29 de septiembre DE 2004
Leer a diario
Juan David Correa Ulloa / Ojo a las hojas
Imaginar una biblioteca en la que se encuentren libros auténticos leídos por personajes ficticios es una de las tantas hipótesis que se permite Alberto Manguel en las 236 páginas de su último libro, Diario de lecturas. Una de las claves que Sherlock Holmes daría a su eterno compañero Watson sería leer a los románticos alemanes, para demostrar la pequeñez del hombre ante la vastedad del universo. Watson replicaría: "He leído a Jean Paul gracias a las sugerencias encontradas en las páginas de Carlyle". "Eso es como remontar el río hasta su naciente", respondería Holmes. Puro teatro del absurdo. ¿Quién es Jean Paul?
Una anécdota más del libro: A un emperador se le ocurrió pensar que el lenguaje no era producto de transmisión sino un asunto natural. Encerró a un número de nodrizas con un número igual de recién nacidos e impidió emitir cualquier canción de cuna o lenguaje para demostrar el momento exacto en el que la lengua afloraba de manera espontánea. Ninguno de los bebés sobrevivió; sobre sus nodrizas no sabemos nada.
En consecuencia, leer es un acto de supervivencia. Sin la posibilidad de imaginar y nombrar otros mundos, el hombre sucumbe ante el silencio. Un ejemplo lingüístico de nuestra sensación de desarraigo por el pasado: "La palabra nostalgia la inventó, el 22 de junio de 1688, Johannes Hofer, un estudiante de medicina alsaciano, al combinar la palabra nostos (‘retorno’) con la palabra algos (‘dolor’) en su tesis, Dissertatio médica de nostalgia, para describir la enfermedad de los soldados suizos obligados a vivir lejos de sus montañas". (144)
Somos una suma de lo que leemos. Es y no es verdad. Somos una suma de lo que vivimos. Lo expresado en los libros es un mayor o menor acierto de aquello que nos deparará la vida. La existencia es circular: la literatura inventó el círculo perfecto. Cada uno de sus géneros pertenece a una suerte de mandala, que no sabemos por qué recordamos.
Alberto Manguel es un argentino que ama tanto los libros que sólo escribe sobre la lectura. Diario de lecturas es una novela, un diario, un resumen. Toda literatura lo es. La forma sí importa. Leer a Manguel es un acto íntimo, de extrema libertad. Habla de sus días y habla de sus lecturas. Su pretensión escapa al academicismo. Se adentra en los momentos de su lectura como quien se incorpora en la espesa selva sin pensar en los animales que lo acechan. Todo lector es presa y
cazador. Una vez entramos en la trama, aceptamos la locura de Don Quijote, el drama de Carlota en Las afinidades electivas; La invención de Morel; la doble moral de un inspector adicto, llamado Sherlock Holmes. Soñamos con París, pero París no se parece a las fotografías de Atget, ni a la última imagen de un noticiero que nos muestra la indignación de un pueblo por el secuestro de dos periodistas en Iraq. París es inmaterial y diferente para Hemingway, Artaud o Simenon. Es decir, cada ciudad es distinta e infinita, pues presa y
cazador la inventan cada vez que la nombran. Leer es seguir creyendo en que hemos producido, como civilización, uno de los mejores y más bellos placeres.
Este pequeño libro debería ser leído sin sonrojarse al encontrar que desconocemos la mitad de las referencias que allí se mencionan. Invitar a su lectura es incitar a encontrar nuevas lecturas, mejores mundos, miradas atentas en medio de la dureza de los días. La literatura es escape y fuga, encuentro y desencuentro. Leer es comprender que se emprende un viaje interminable. Abandonarse y flotar en islas como parajes ciertos de la aventura. Creer o no, esa es la cuestión, querido Watson.
http://www.cumbresborrascosas.net
Columnas de prensa. Temas de actualidad. Otro enfoque
Una biblioteca increíble.