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 El Nobel de Literatura fue para una polémica escritora austríaca

Textos de crítica
LA NACIÓN, 8 de octubre de 2004

Elfriede Jelinek, de 57 años, vive recluida

El Nobel de Literatura fue para una polémica escritora austríaca

Para la ultraderecha, su obra es inmoral

Por Susana Reinoso
De la Redacción de LA NACION


El Premio Nobel de Literatura 2004 recayó en la controvertida escritora, dramaturga y poeta austríaca Elfriede Jelinek, que se convirtió de ese modo en la décima mujer en obtenerlo en más de 100 años de vida del galardón.

La Academia Sueca ponderó "el fluir musical de canto y contracanto en las novelas y los dramas (de Jelinek), que con extraordinario ardor lingüístico revelan lo absurdo de los clichés de las sociedades contemporáneas".

Dotado con 1,3 millones de dólares, el Nobel será entregado el próximo 10 de diciembre, aniversario de la muerte de Alfred Nobel. Pero Jelinek ya anticipó que no viajará a Estocolmo "por motivos de enfermedad". La escritora, de 57 años, que vive recluida y sin contacto con el público, recibió la noticia del premio "con más desesperación que alegría, porque una se convierte en una persona pública; lógicamente que también me alegro, y es un honor, pero no estoy psíquicamente en condiciones de exponerme. Soy una fóbica social".

Jelinek se retiró de la vida pública en 1996, luego de que políticos de ultraderecha del partido de Jöerg Haider usaran su nombre en campañas para denunciar que su obra "representaba un arte bajo e inmoral" por sus contenidos sexualmente explícitos. Consultada sobre sus planes inminentes tras hacerse acreedora del prestigio galardón, la escritora respondió: "Desaparecer". Nacida en el seno una familia burguesa checo-judía en el pueblo de Mürzzuschlag, Jelinek escapó con su familia de las persecuciones y se crió en Viena, donde estudió historia del arte, teatro y música. Es muy reconocida en el mercado germanohablante y en algunos sectores se la define como una autora inclasificable.

"Llamar la atención no va con mi personalidad. Representa más bien una amenaza. Espero disfrutar del dinero para vivir sin preocupaciones", dijo ayer la escritora a los medios austríacos.

El éxito se instaló en su vida luego de "La pianista" (1983), una obra de inspiración autobiográfica que fue adaptada al cine por su compatriota Michael Haneke, con el protagónico de la bellísima Isabelle Huppert y de Annie Girardot. El film obtuvo el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes en 2001.

En Buenos Aires, LA NACION pudo localizar dos de sus libros traducidos al español, pese a que su obra no está difundida. Son "La pianista", también conocida como "La profesora de piano" (1983), y "Los excluidos" (1980), editados por Mondadori, que se encuentran en el Instituto Goethe.

En las principales librerías porteñas no se localizaron ayer títulos de la autora. El mes próximo, Editorial Sudamericana -que pertenece a Random House-Mondadori- reeditará esos títulos en el país.

Su primera obra de teatro, "Lo que pasó cuando Nora dejó a su marido" o "Los pilares de las sociedades", que tradujo Gabriela Massuh y dirigió Rubén Sczuchmacher, fue representada en el Teatro General San Martín, en junio de 2003, con Ingrid Pellicori, Horacio Peña y Alberto Segado.

"Traducirla no fue fácil. No la conozco personalmente. Quisimos invitarla para el estreno, pero es una persona retraída que casi nunca sale de Viena y no viaja en avión. Tiene una inteligencia extraordinaria y fuera de lo común. En esa obra se anticipa 20 años y muestra un conocimiento brillante de la política, la economía y las finanzas", dijo Massuh en diálogo con LA NACION.

Y la autora confirma el perfil descripto con las declaraciones brindadas ayer a las agencias internacionales: "Por una parte, recibir el Nobel me hace feliz, y por la otra, temo que peligre la tranquilidad de mi vida".

Ese retraimiento de su personalidad contrasta con la fuerza de su pensamiento y la perturbación que su pluma provoca: "Cuando escribo, trato siempre de estar del lado de los débiles. El lado de los poderosos no es el de la literatura. El mayor privilegio de un narrador es escribir lo que desea".

Su trabajo más reciente es una obra de teatro, "Bambiland", en la que el año último fustigó la invasión a Irak encabezada por los Estados Unidos. Una segunda parte de esa pieza, "Babel", aparecerá en mayo de 2005. Tratará sobre las torturas a prisioneros iraquíes en la cárcel de Abu Ghraib y de la mutilación de cadáveres de norteamericanos en Faluya.
Crítica y aguda

El jurado del Nobel señaló ayer que "Jelinek muestra cómo los clichés de la industria del entretenimiento se instalan en la conciencia de los seres humanos y paralizan su resistencia a las injusticias de clase y la dominación sexual".

La escritora es sumamente polémica en Austria, por su feminismo, su militancia contra la violencia sexual en las mujeres y contra el extremismo político europeo. Pero, además, resulta urticante para una parte de la sociedad austríaca que sigue anclada en su pasado nazi, según ha denunciado.

Blanco de la prensa y de la derecha política, Jelinek, que exhibe sus ideas de izquierda, ha sido vilipendiada por la extrema derecha, pero no ha dudado en denunciar la simpatía nazi de su país durante la Segunda Guerra Mundial.

Al conocerse su nombre como ganadora del Premio Nobel, las voces a favor y en contra se alzaron velozmente. Felizmente sorprendido, el famoso escritor austríaco Peter Handke dijo en París que Jelinek "es una escritora de nuestro tiempo que siempre da en el clavo".

Su editor, Alexander Fest, que se encontraba ayer en la Feria del Libro de Francfort, dijo: "Ella lo merecía, es única y tiene un gran coraje. No tiene piedad con sus temas ni consigo". El editor Per Wastberg, vocero de la Academia Sueca, expresó que Jelinek "es una autora que estremece en sus fundamentos con su ira y su pasión".

El profesor de lengua y literatura alemana de la española Universidad de Alcalá de Henares, Georges Pichler, dijo que la narradora austríaca es "comprometida y polémica, porque llama a las cosas por su nombre, y autora de una obra muy compleja".

Se le atribuye a Jelinek un arduo trabajo con el lenguaje, que dificulta su traducción al español, pues aplica "juegos de palabras y hace referencias culturales que no se pueden traducir". En español, de hecho, sólo se conocen "La pianista", "Los excluidos" y "El ansia".

También el escritor Robert Schmidel mostró su entusiasmo al enterarse de que Elfriede Jelinek había sido premiada: "¡Es genial! Estoy sorprendido y contento. Es una autora extraordinaria. El galardón es un bálsamo para el alma de los opositores al gobierno austríaco".

El presidente austríaco, Heinz Fischer, de origen socialista, dijo alegrarse "de corazón" por la noticia, que sirve de "tributo a la literatura austríaca".

En cambio, el filólogo español Miguel Sáenz, que traduce del alemán la obra del premio Nobel de Literatura Günter Grass, consideró que el galardón le queda a Jelinek "sumamente grande", sin perjuicio de lo cual admitió que "su obra es interesante y escribe muy bien".

Una obra difícil

Con frecuencia se ha destacado que la naturaleza de su obra es difícil de entender, pues alterna entre la prosa y la poesía, con elementos de teatro y cine.

Su primera novela satírica vio la luz en los años 70, "Somos carnada, baby". Cuatro años después, Jelinek se casó y comenzó a vivir entre dos ciudades, Munich y Viena.

En 1995, le dio la espalda a su país, al publicar "Los hijos de los muertos", donde dibuja a Austria como un reino de muertos. Jelinek se unió así a la línea de otros escritores de su estirpe, como Elías Canetti y Thomas Bernhard, que han repudiado a su país por seguir anclado en su pasado nazi.

Una reflexión de la escritora publicada en la revista cultural Humboldt la pinta de cuerpo entero: "Lo que escribo no debe confundirme con mi persona, porque yo me encuentro en otro lugar muy distinto. Doy todo, pero no soy yo. Cuando escribo desaparezco. Pero siempre vuelvo a surgir".


Fragmento de "La pianista"

El siguiente es un fragmento de "La pianista", una de las obras más importantes de Elfriede Jelinek, publicada en 1983:

"De camino a la escuela Erika ve inevitablemente por todos lados la destrucción de individuos y comestibles, pocas veces ve que algo crece y florece. Tan sólo en el parque del ayuntamiento o en el parque público, donde las rosas y los tulipanes brotan carnosos. Pero incluso éstos se precipitan, porque llevan en sí mismos el proceso de descomposición. Es lo que piensa Erika. En sólo el arte tiene una existencia más duradera. Erika lo cuida, lo poda, lo ata a una guía, lo desmaleza y finalmente cosecha. Pero, ¿quién sabe todo lo que se ha perdido o ha sido acallado injustamente? Cada día muere una pieza musical, una novela o un poema porque ya no posee razón de existencia en nuestro tiempo. Y lo que parecía eterno ha perecido, ya nadie lo conoce. Aun cuando habría merecido seguir existiendo. En el curso de piano de Erika ya hay niños que machacan a Mozart o a Haydn, los más avanzados se deslizan sobre los patines de Brahms y Schumann, cubriendo el bosque de la literatura musical con sus babas de caracol."


Nombres, años, nacionalidades

En alemán
Hasta el presente, son 12 los autores germanohablantes que fueron galardonados con el Premio Nobel de Literatura. Ellos son: Theodor Mommsen (1902); Rudolf Eucken (1908); Paul Heyse (1910); Gerhart Hauptmann (1912); Carl Friedrich Georg Spitteler (1919); Thomas Mann (1929); Hermann Hesse (1946); Nelly Sachs (1966); Heinrich Boell (1972); Elias Canetti (1981); Günter Grass (1999), y Elfriede Jelinek (2004).

Las mujeres
Sólo diez mujeres fueron distinguidas con el Premio Nobel de Literatura en la historia del galardón, que tiene más de un siglo. Ellas son: Selma Lagerlof (sueca, 1909); Grazia Deledda (italiana, 1926); Sigrid Undset (noruega, 1928); Pearl S. Buck (norteamericana, 1938); Gabriela Mistral (chilena, 1945); Nelly Sachs (judía alemana que adoptó la ciudadanía sueca, 1966); Nadine Gordimer (sudafricana, 1991); Toni Morrison (norteamericana, 1993); Wislawa Szymborska (polaca, 1996) y Elfriede Jelinek (austríaca, 2004).

Los últimos
Imre Kertész (húngaro, 2002); John Marie Coetzee (sudafricano, 2003).
Hasta el presente, son 12 los autores germanohablantes que fueron galardonados con el Premio Nobel de Literatura. Ellos son: Theodor Mommsen (1902); Rudolf Eucken (1908); Paul Heyse (1910); Gerhart Hauptmann (1912); Carl Friedrich Georg Spitteler (1919); Thomas Mann (1929); Hermann Hesse (1946); Nelly Sachs (1966); Heinrich Boell (1972); Elias Canetti (1981); Günter Grass (1999), y Elfriede Jelinek (2004). Sólo diez mujeres fueron distinguidas con el Premio Nobel de Literatura en la historia del galardón, que tiene más de un siglo. Ellas son: Selma Lagerlof (sueca, 1909); Grazia Deledda (italiana, 1926); Sigrid Undset (noruega, 1928); Pearl S. Buck (norteamericana, 1938); Gabriela Mistral (chilena, 1945); Nelly Sachs (judía alemana que adoptó la ciudadanía sueca, 1966); Nadine Gordimer (sudafricana, 1991); Toni Morrison (norteamericana, 1993); Wislawa Szymborska (polaca, 1996) y Elfriede Jelinek (austríaca, 2004). Imre Kertész (húngaro, 2002); John Marie Coetzee (sudafricano, 2003).

Hasta el presente, son 12 los autores germanohablantes que fueron galardonados con el Premio Nobel de Literatura. Ellos son: Theodor Mommsen (1902); Rudolf Eucken (1908); Paul Heyse (1910); Gerhart Hauptmann (1912); Carl Friedrich Georg Spitteler (1919); Thomas Mann (1929); Hermann Hesse (1946); Nelly Sachs (1966); Heinrich Boell (1972); Elias Canetti (1981); Günter Grass (1999), y Elfriede Jelinek (2004). Sólo diez mujeres fueron distinguidas con el Premio Nobel de Literatura en la historia del galardón, que tiene más de un siglo. Ellas son: Selma Lagerlof (sueca, 1909); Grazia Deledda (italiana, 1926); Sigrid Undset (noruega, 1928); Pearl S. Buck (norteamericana, 1938); Gabriela Mistral (chilena, 1945); Nelly Sachs (judía alemana que adoptó la ciudadanía sueca, 1966); Nadine Gordimer (sudafricana, 1991); Toni Morrison (norteamericana, 1993); Wislawa Szymborska (polaca, 1996) y Elfriede Jelinek (austríaca, 2004). Imre Kertész (húngaro, 2002); John Marie Coetzee (sudafricano, 2003).
El análisis


Apuesta ganada a medias


Por Willy G. Bouillon
De la Redacción de LA NACION



 Acertaron quienes habían previsto que el Nobel 2004 sería para una escritora, pero la "apuesta" no se redondeó con ninguna de las autoras anticipadas: principalmente, la novelista norteamericana Joyce Carol Oates y las poetisas Margaret Atwood, de Canadá, y Assia Djebar, de Argelia, aunque de Austria había otra candidata, la también poetisa Friederike Mayröcker.

De todas maneras, es la primera vez que la Academia Sueca da su veredicto en favor de un autor austríaco (aunque se ha considerado de esa nacionalidad al búlgaro Elías Canetti, ganador en 1983, porque vivió mucho tiempo en Viena), habiendo desestimado en evaluaciones precedentes a figuras de notable nivel, como Ingeborg Bachmann y Thomas Bernhard, fallecidos en 1973 y 1989, respectivamente, y a Peter Handke.

Al igual que muchos escritores nacidos en países del centro europeo, durante o inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial y a la que siguieron las ominosas señales de la Guerra Fría, la obra de Elfriede Jelinek -compuesta fundamentalmente por ensayos, novelas y piezas teatrales- expone un panorama agobiante, con personajes estremecidos por el absurdo, vivido consciente o inconscientemente, o que se sitúan al filo de la autodestrucción.

Representaciones muy nítidas de esta inquietante Weltanschauung se encuentran, por supuesto, en Franz Kafka, Samuel Beckett y gran parte de la producción de Harold Pinter, pero Jelinek no apela a ámbitos necesariamente ficcionales o de matices oníricos, sino que sitúa sus tramas en escenarios cotidianos, como las calles de una ciudad, una tienda o los pasillos de una academia de música.

Lo pesadillesco, en todo caso, no es parte de marcos físicos capaces de generar o aumentar sentimientos de opresión, sino que, como algo peor, se envilecen sencillamente por efecto de lo que en ellos hacen quienes los ocupan.

La niñez y adolescencia de Jelinek están más vinculadas con estudios de ballet y musicales, de idiomas y de historia del arte. Le han seguido más de dos décadas de incesante producción, ampliamente premiada, sobre todo en Alemania.

En 2001 se vio en la Argentina "La profesora de piano", versión cinematográfica de "La pianista". El guión, muy fiel a la novela original, es una fuerte reflexión, sin concesiones, acerca de la condición de una profesora cuarentona en el mundo actual, cercada por el deseo, las fantasías, la lucha contra un pasado de poderosas convenciones y aquella sensación de ajenidad o malentendido de que habla Camus.

Cabe suponer que el dictamen académico será bien recibido en los cenáculos intelectuales. No sólo por la calidad de la obra distinguida, sino porque se reivindica así la excelencia pensante y creativa de un país que, entre muchos ejemplos, tuvo en el Círculo de Viena un prestigioso foro de discusión filosófica, muchos de cuyos efectos aún subsisten en la cultura mundial.





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