1. La novela deberá resistirse al intento de ser trasladada al cine, al videojuego o al telefilme. Ya hay bastante guionista suelto como para que además la novela se encargue de suministrar semejantes materiales.
2. La fantasía, la intriga, debe considerarse un recurso estereotipado. Cualquier obra literaria actual debe insistir más que nunca en la categoría de su escritura. El gusto de la lectura se obtendrá no del artificio argumental, sino de la intensa degustación del texto.
3. La narración literaria consciente de sí no aspirará a apoteosis final. Lo que cuenta es la belleza de la inmediatez, el texto convertido en un gozoso bocado de por sí.
4. La fragmentación de las historias, con sus anotaciones e intervalos mentales, tiende a copiar del blog y de la comunicación fragmentada omnipresente. Una novela que no haya asumido esta clase de comunicación se ahogará en su jactancia.
5. El desarrollo de la historia no obedecerá a un hilo argumental sino a una red de experiencias que hiladas, entrecruzadas o en racimo planteen un tutti fruti para el multipolar lector de hoy.
6. La buena novela del siglo XXI considerará la multiplicada sensibilidad del receptor mediático y la interacción. Estimará la belleza eficiente de la forma, la seducción estética y no el uso instrumental o perruno del lenguaje.
7. La peripecia interior es el juego especial de la escritura y su máxima legitimación. Los escenarios y las vicisitudes exteriores ya está en los demás soportes. Hay que explorar en el interior de uno mismo de o de los otros hasta la extenuación.
8. Dado que la realidad supera a la ficción, el autor ha de hablar de aquello que conoce personalmente. La transmisión de lo personal da sentido, carácter y contenido a la comunicación. ¿Para qué fingir? Hoy en día todo es autobiográfico, desde la música a las fórmulas matemáticas.
9. La voz, en consecuencia, será la de la primera persona del singular. Trato directo entre el autor y el lector. El estilo en tercera persona es hoy el colmo de la falacia, la cursilería, el amaneramiento. Esa voz es una voz endiosada.
10. Ironía. Toda obra de aire severo, sin humor, carece de un lugar soleado en el mundo de la comunicación. Ningún genio en la historia de la humanidad prosperó sin la ironía de sí mismo. Los novelistas más serios son a la vez los más tediosos y, como corolario, los peores.