EUROPA SUR, 1 de noviembre de 2004
"Un escritor debe aspirar a serlo hasta cuando hace la lista de la compra"
Carlos Marzal afirma que la poesía "ayuda a apreciar mejor el mundo y la parte que hay en él más digna de ser celebrada"
AIDA R. AGRASO
cádiz. Carlos Marzal ya no es profesor de Literatura en un instituto. Tuvo que ser un buen maestro, de aquellos que leen a sus alumnos en clase, de aquellos que despiertan su interés por la vida, de aquellos que, armados de paciencia, parecen dispuestos a dibujar con presteza una sonrisa en su cara. Porque es Carlos Marzal un hombre amable, de trazas bonancibles y mirada cargada de curiosidad. Vino a Cádiz a participar en el ciclo de Presencias Literarias organizado por la UCA y el Ayuntamiento, y aquí habló de la creación y la vida, que en algunos casos, como el suyo, parecen ser lo mismo.
Marzal está inscrito en la llamada 'Poesía de la experiencia'. Aunque sabe que tratar de poner nombre a los periodos y las generaciones es algo general en la literatura, considera que "esta no es que sea una etiqueta que define lo que hacen los poetas de la experiencia pero no es peor que otras; lo que ocurre es que, dependiendo de quien la emplee, es una definición o un insulto. Pero en definitiva como etiqueta es pobre, qué no es poesía sin experiencia, no conozco literatura que en el fondo no sea literatura de la experiencia, sea de antes de ayer o sea de hace cinco siglos".
Y entre su experiencia vital y literaria figura haber codirigido durante diez años la revista Quites de literatura y toros. Una experiencia que define como "muy curiosa e interesante" donde no faltaron los dibujos de Ramón Gaya, Barceló y Miquel Navarro y los textos de Pablo García Baena, Francisco Brines, Felipe Benítez Reyes o Fernando Quiñones, entre otros.
La gestación de Quites, según explica Marzal, tiene una historia detrás: "Por un lado me gustaban los toros, porque mi padre era muy aficionado y de pequeñito me había llevado a los toros y me gustaban mucho, y por otro lado me gustaba la literatura. Quería fundar una revista de literatura con un grupo de amigos, pero en Valencia no había forma. En cambio tuvimos una magnífica acogida con el asunto de los toros, porque la Diputación de Valencia es arrendataria de la plaza y hubo un año en que ejerció como empresaria. Y al mismo tiempo que invertía dinero en el mundo de los toros quiso hacer una campaña de difusión, y coincidió con que nosotros le propusimos entonces una revista que en realidad era de escritores que escribían con el tema de los toros. Duramos diez años".
Y mientras, Carlos Marzal alimentaba una voz poética plasmada en libros como El último de la fiesta, Cuatro noches, La vida de frontera, Los países nocturnos, Poesía a contratiempo y Metales pesados, que le hizo merecedor del Premio Nacional de Poesía en 2002 y que tuvo como consecuencia que "me ha dado a conocer a más gente de la que normalmente forma parte del mundo de los lectores de poesía" y le hizo dejar la enseñanza.
Lo considera incluido en la "evolución normal" de su escritura, donde cada libro "va paso a paso, lo que hay en el siguiente ya estaba en el anterior y lo que haces es agudizar determinadas cosas, igual que en el último, que creo que tiene cosas que ya estaban en también en Metales pesados". El último es Fuera de mí, que "tiene un talante distinto, un tono más celebratorio amable". Si tuviera que quedarse con alguno de sus poemarios se quedaría, afirma, con éste, "pero a lo mejor porque es el último, porque mi temperamento está más al completo que en los anteriores, dentro de lo difícil que es afirmar eso".
Dice que la poesía es una forma de tratar de entender el mundo, aunque reconoce que "el mundo no hay quien lo entienda, ni la vida hay en el fondo quien termine de comprenderla ni de saber en qué consiste". Pero la poesía "sí que es un intento de interiorización, de aclarar las ideas de uno al menos en cuanto a la conciencia propia. Pero los acontecimientos que pasan por ahí ni con la poesía, ni con la narrativa, ni con la filosofía, eso pertenece a la parte incomprensible del ser humano. Pero la poesía creo que es un ejercicio de introspección interesante, que te da si no un patrón sí una lente para observar las cosas y para apreciar más el mundo y la parte que hay más digna de ser celebrada en él".
Acaba de terminar una novela de 900 páginas, Los reinos de la casualidad. "Nunca he tenido la intención de ser sólo poeta, de hecho lo primero que intenté fue hacer novela. He tenido siempre interés por la prosa, por la poesía, por la prensa; me da la impresión de que el escritor hace siempre literatura, o la aspiración debe ser esa, cuando escribe la lista de la compra o cuando escribe un poema". Y para serlo requiere "un poco o mucho de talento, y luego dedicación, suerte, gusto, vocación. Un escritor es una mezcla rara de muchas cosas, es un fenómeno colectivo, de la tradición. Uno no es escritor por generación espontánea, uno es escritor porque ha leído lo que ha leído y esto está hecho a lo largo de muchos siglos, y habla un idioma que no ha inventado el sino que ha recibido. Lo que un hace es aportar una pequeña gota a ese mar de la creación".
Columnas de prensa. Temas de actualidad. Otro enfoque
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