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 La mujer en cuestión: género de historia/ género de vida/ género femenino

Columnas de prensa y conferencias
La mujer en cuestión: género de historia/ género de vida/ género femenino

: género de historia/ género de vida/ género femenino
"Y mientras hablaba, yo pensaba en el género de historias en que las personas transforman su vida, en el género de vida en el que las personas transforman las historias" Ph. Roth

 
Ph. Roth
La última novela de la escritora cordobesa María Teresa Andruetto, La mujer en cuestión aborda el tema de la última dictadura militar desde un registro narrativo nada frecuente que está gobernado, según nuestra lectura, por un principio de incertidumbre. No en cuanto a los hechos luctuosos y a muchos de sus principales protagonistas acreditados históricamente, sino en cuanto a la tragedia y al conflicto que esos hechos han desatado en numerosas vidas anónimas, que excede todo aquello que se pueda decir y que se pueda saber.

Cuánto se puede saber, cómo se puede llegar a producir conocimiento objetivo cuando se trata, fundamentalmente, de interpelar la memoria de sujetos y de subjetividades arrasados por los acontecimientos, hombres y mujeres que obraron llevados tanto por el miedo y los prejuicios, como por el impulso del amor y la esperanza. Y que hoy, treinta años más tarde, dan sus versiones, cuentan (se cuentan) lo que les habilita su recuerdo, lo que han seleccionado y recompuesto fragmentariamente para, de algún modo, poder seguir viviendo con ese pasado ominoso que los (nos) envuelve colectivamente. Ese entramado, ese tejido de voces que emergen en el texto social, la trama de mediaciones que configuran lo real, organiza una novela que experimenta narrativamente, tratando de no clausurar los efectos de sentido múltiples y dispares que las voces producen. La lengua de la novela utiliza estas voces, pero no dice lo que ellas dicen, sino que las expone problemáticamente, sinuosamente, en diferentes recorridos, en un contrapunto que es, por momentos, irónico. Ironía subyacente que es una operación artística y, si se prefiere, metadiscursiva y que, lejos de atenuar el dramatismo de la historia de una vida devastada, refuerza las contradicciones de la memoria social y la brecha generacional.

La novela no representa el pasado, tarea imposible, sino examina críticamente la posibilidad de buscar modos de representación y de cognición, que permitan re-construirlo atendiendo a las formas de subjetivaciones y a los tipos de identidades que los terribles acontecimientos produjeron en los actores sociales. En las políticas de escritura que, siguiendo nuestra hipótesis central, abre La ciudad ausente de Piglia, la novela de Andruetto también recupera la trama de voces orales que narran esos acontecimientos. Reconfiguraciones de los sujetos culturales y la articulación entre éstos y la historia política argentina para una novela que se aleja tanto de las formas antimiméticas de la vanguardia como del realismo tradicional para dar paso a ese "realismo intranquilo" que ya hemos analizado en otro trabajo en el que sosteníamos que: "Las novelas sobre la dictadura militar enfrentan varios problemas de los cuales y no el menor, es el equilibrio entre las implicancias ideológicas y políticas del tema y el proceso artístico al que se lo somete, las diferentes aristas en que lo verdadero se refracta en lo verosímil para producir el efecto de real. Partimos de la hipótesis de trabajo de que hay en estas novelas un efecto de realismo intranquilo que abre inquietantes preguntas sobre la dimensión ética y subjetiva de la búsqueda de la verdad."

 
El género de historia

¿De que género de historia se trata? ¿Cuál es el género discursivo elegido para narrarla? Alguien, presuntamente un investigador privado, escribe un "informe" que le ha sido pedido a través de un "mandante" desconocido (que parece residir en otro país, cfr.42), acerca de una mujer, Eva Mondino Freiberg, nacida en 1952 y que reside actualmente en su pueblo natal en el interior de la provincia de Córdoba. Los diferentes testimonios consultados de familiares, amigos, conocidos, miembros de instituciones civiles, políticas y eclesiásticas e, incluso de la misma Eva, citados prolijamente por el informante, van construyendo un relato por sucesivas apropiaciones de la palabra ajena. Aunque no pretende ser un relato, lo es a pesar suyo y aunque el narrador (que no quiere serlo) trate de no inmiscuirse, no puede dejar de hacerlo, como si entre los propósitos declarados y los resultados se filtrara la distorsión subjetiva, el orden del relato siempre amenazado por la irrupción de otro orden: "(…) quisiera dejar constancia de que en algunas ocasiones yo mismo me he visto tocado, casi diría de un modo personal, en cuestiones que competen por así decirlo a los ciudadanos de este país, y que ha sido un esfuerzo considerable en ciertos casos mantener la objetividad." (12)

A través de la palabra de los otros surge una memoria oral y un repertorio doxático, porque la marca de sentido de toda la novela es, como dijimos, la incertidumbre y en su límite, la sensación del fracaso, fracaso de un cometido, llegar a establecer a ciencia cierta la autoridad de un saber externo y centrado, resolver una investigación, mostrar las pruebas. Sin embargo, a medida que la investigación progresa, los enigmas se vuelven más densos. ¿Quién es, finalmente, el "mandante" que ha pedido el informe sobre Eva junto con el de otras dos mujeres? ¿Qué pasó con el hijo de Eva nacido en cautiverio? ¿Por qué y para qué importa abrir hoy de nuevo ese capítulo de una biografía que solamente puede ser leída en clave política?

Dos epígrafes abren el relato como una secreta advertencia al lector, uno en inglés cuya traducción aproximada sería "Si yo pudiera penetrar la oscuridad / con los ojos abiertos" y la otra "El mundo parece plano,/ pero yo/ sé que no lo es". Ambas citas aluden a los límites de toda visibilidad y de toda experiencia sensible ¿cómo ver en lo oscuro? ¿cómo percibir la verdad tras las apariencias?, operaciones del ojo y de los sentidos ante las que cualquier proceso de cognición inmediata fracasa. Solo es posible entre-ver, suponer, conjeturar ya que lo que se muestra es incierto, sospechoso o falso. Y toda la novela, que aparece organizada como un informe, es decir, un documento presuntamente objetivo, es una sucesión de entre-vistas, testimonios orales que solo permiten entre-ver no tanto lo que está en las palabras, sino lo que se oculta, lo no dicho, lo que está, estuvo o sigue estando más allá de las palabras, en otra parte, una parte negada de la historia, personal y colectiva. Historia que se organiza como un rompecabezas con diferentes dibujos alternativos y piezas rotas o inservibles, fragmentos de una historia de vida atravesada por otras muchas historias de vida que configuran un cuadro de época.

 
El género de vida

¿De qué historia de vida estamos hablando? ¿de qué época? A través de los testimonios y a veces, dificultosamente, el lector va armando una historia en tres tiempos, la juventud de Eva hasta su prisión y tormento desde 1970 a 1977, su casamiento, entre 1979 a 1984 y su vida hasta el presente en que ronda los 50 años, porque "(…) el problema principal es saber quién es, quién fue y cómo fue esta mujer en diversas etapas de su vida" (p.31). La biografía se arma dificultosamente decimos, porque el lector debe ir y venir en la lanzadera del tiempo, tejer con retazos, apelar a la memoria del contexto que solamente está señalado por los avatares de los actores, sugerido por las voces o directamente sobrentendido.

La historia, siendo singular, resulta a la vez familiar (al menos para lectores con cierta edad y memoria), ya que su protagonista ha sido una típica joven de clase media, Eva Mondino Freiberg, de padre católico y madre judía, que oriunda de un pueblo del interior de la provincia de Córdoba, se viene a estudiar a la capital cordobesa en 1970, cuando los nubarrones políticos comienzan a amontonarse y el campo sindical y universitario se moviliza combativamente. Ingresa a la Escuela de Trabajo Social que en 1974 es clausurada y pasa al Instituto Cabred donde egresa como psicopedagoga en 1976, al filo mismo del abismo político e institucional. Por el perfil de sus elecciones políticas, (ingresa a una asociación estudiantil de izquierda), de estudio y trabajo y por su modo desprejuiciado de vestir, de vivir y de expresarse, los testimonios apuntan a mostrarla como una joven emancipada, nada convencional, poco especuladora, confiada y bastante segura de sí misma: "(…) con el pelo a los hombros, en una cabeza enrulada como era la suya, "tenía el aspecto de una hippie, no era como nosotras" (Alicia Finchelman, (…) acentuado esto por la vestimenta: "solía usar polleras largas y camisolas de algodón teñidas o en batik, sandalias franciscanas hechas por amigos o compradas en las ferias de artesanías y botas salteñas para el invierno" (26)

Tenía todo en contra para ser sospechosa, no solo de las autoridades, sino de muchas de sus amigas y conocidas, de sus vecinos, de algunos profesores y hasta de su propia familia. Eva, tildada por la gente de su pueblo como "loca de mierda", "puta" o "comunista" (34) sufre el rechazo y la maledicencia generalizada, es portadora de la peste. En los testimonios tiene lugar la operación de construcción del otro socialmente peligroso y se comprende cómo los procesos históricos atraviesan las vidas, modificando sus conductas o permitiendo que afloren sus miedos, sus fobias, sus prejuicios. No tanto o no solo lo que cada sujeto expresa en su discurso sino aquello que a través de ese discurso lo está constituyendo y que es el otro social. "Cuando las cosas, según palabras de Orlando Mondino, "se pusieron mal y de mal pasaron a peor" [la señora de Petronovich] tuvo sus reservas: "No era yo, era mi marido, que tenía mucho miedo" de que lo relacionaran con una judía, aquí todos sabemos que, por más Mondino que sea, Eva es judía y lo que pasa es que nuestro apellido se prestó siempre a confusión" (…) "apoyar a una comunista, eso nunca, decía mi marido, por más hija de mis patrones que hubiera sido" (54).

Vienen luego para Eva los tiempos más difíciles, ese terrible año del ’76 desaparece su pareja, ella es detenida en octubre y pasa doce meses de tortura en el centro clandestino de Campo de la Ribera en el que presuntamente da a luz a un niño cuyo padre tal vez haya sido su pareja, Aldo Banegas o tal vez, otro hombre que la habría abusado. Toda la historia comienza a confundir las pistas y a sugerir interrogantes, los testimonios son contradictorios, no hay datos fehacientes y una oscura madeja de violencia, pasiones, fidelidad y traición se desatan en torno de Eva que "recién salida del infierno" vuelve a su pueblo y vive encerrada, pobre y señalada con el dedo acusador de los que exageran su rechazo para no quedar pegados a la sospecha.

Soledad y abatimiento por tantas muertes y desapariciones, la de Aldo, la de su padre que no pudo resistir el dolor, la de su tía más querida, la de su hijito, la de sus amigos, muertos o expatriados. Quizás llevada por estas circunstancias se sabe que se casa en 1979 con un hombre muy seductor, Guillermo Rodríguez, pero el matrimonio termina abruptamente al parecer cuando Eva se entera de la verdadera función de su marido en el campo de detención. Pero nadie podría afirmarlo tampoco de modo fehaciente y otra vez la historia se vuelve enigmática y controversial. ¿Quién es Rodríguez, ex militante detenido en el mismo lugar que Eva que hoy ocupa un cargo importante en la administración provincial? ¿Ha aprovechado el vínculo con Eva para encaramarse políticamente desde el ’80 en adelante? ¿Qué es lo que Eva ha hecho de terrible que le origina tanta culpa? ¿Fue colaboracionista en el campo o a través de su marido? ¿Lo hizo quebrada por la tortura, por miedo o con la promesa de recuperar al hijo que le robaron? Todo lo que se sabe por sus íntimas amigas (Pacha) es que esa relación "le costó cara" (107) y a partir de ciertos indicios se tejen las conjeturas.

"Hoy a los cuarenta y ocho años cumplidos" (p. 26) dirá el informante-narrador señalando las circunstancias temporales de su enunciación, Eva ha cambiado de hábitos, de gustos, de costumbres: "Desde entonces, hace de esto ocho años, Eva ya no fuma pues, según manifiesta Alberto Delfino, considera que las personas inteligentes saben cuidar sus pulmones y el medio ambiente" (46); "Lo que podría denominarse su soledad actual, al parecer se debe a aquella decisión, que más adelante se explicará, de elegir para sí una vida por completo diferente a la llevada con anterioridad; decisión que habría llevado a cabo siguiendo razones interiores, decisiones profundas de las que, según parece, no ha dado cuenta a nadie, a excepción de sus amigas Lila y Pacha, principales informantes al respecto." (46)

El relato de una vida acaba siendo por refracción múltiple una forma del relato colectivo que nunca se acaba de contar en el que lo privado se convierte en público porque cada punto de vista propone una construcción de lo real social. La historia de la vida de Eva es el resultado de las utopías de los ’60 y la violencia de los ’70, hoy es una sobreviviente que muestra la ruina de lo que fue, para muchos jóvenes, un proyecto generacional. Cargada de culpas y de penas, vive totalmente ajena a cualquier intervención colectiva y se ha reinventado una nueva identidad: "Eva ya no parece hacer esfuerzos por comprender el mundo en el que vive, ha abandonado casi todo lo que hace tiempo la entusiasmaba y subsiste de lo que cosecha en su pequeña huerta, de la venta de papelería comercial a domicilio y del tejido que, en sus horas libres, hace de pañuelos y carpetas de crochet para una casa de artículos regionales." (112)

 
El género es la mujer

Cómo plantear la problemática de esta novela sin recalar finalmente en el tema de la identidad sexual y de la sensibilidad femenina. Eva, portadora de un nombre que es todo un paradigma cultural, es fundamentalmente, una mujer. La mujer en cuestión es una mujer cuestionada por ser tal, por no responder a los modelos en vigencia, por ser una transgresora: (…) pese a lo dicho por esta testigo y a las diferencias, ciertamente notables, entre el modo de pensar de Eva y el de su entorno inmediato, esta última ha dado siempre la impresión de estar orgullosa de ser quien es, orgullosa incluso de lo que ella llama su "libertad mental y sexual" (60)

Si una mujer es lo que una época y una sociedad dicen que debe ser, Eva no se ajustaba a los cánones y el rechazo empieza por expresarse en las madres, la propia y la de su pareja reflejando las relaciones conflictivas que atraviesan los grupos familiares, el sentimiento de posesión de los hijos que es también un problema generacional: (…) la causa principal de las desavenencias entre Eva y su madre, son el carácter rebelde de Eva y la personalidad posesiva de su madre" (….)" (p.37), dirá un informante; "(…) hizo con mi hijo lo que se le dio la gana", dirá la madre de su pareja.

En el cuerpo de Eva se anuda lo biológico y lo cultural y es el núcleo, la piedra de toque de su destino. Cuerpo que es objeto de deseo y motivo de canje para los hombres (Milovic, Rinaldone, pp. 66-68), cuerpo victimizado, literalmente secuestrado y torturado, cuerpo en definitiva expropiado en la sustracción del hijo nacido en cautiverio, de origen y final incierto: "De todo lo que le ha sucedido a Eva en la vida, y no parece que le hayan sucedido pocas cosas, lo que más dolor le provoca es- según los numerosos testimonios recabados- haber tenido un hijo y no saber dónde está, ni tampoco si está vivo o muerto" (73 )

Entre tantas voces, la voz de Eva apenas si se escucha y de algún modo sigue estando aislada, como fuera de foco, narrando la historia de su detención y la de su parto: "(…) por más que estuvo en "un lugar oscuro donde se le mezclan a uno los días y las noches" y que en ese lugar vivió "sin almanaque, ni reloj, ni luz del sol", ella sabe que "era un varón, porque lo tuve un momento sobre mi cuerpo, hasta que le cortaron el cordón y se lo llevaron…", "…yo sabía que eso iba a pasar, que me lo sacarían… lo escuché llorar, estoy segura de eso, pero ellos me dijeron que había nacido muerto y ya no supe más" […] "Sé que no lo he soñado, que es así como pasaron las cosas" (p.74)

Lo ominoso queda soterrado, parece una pesadilla de unos pocos o una alucinación y el relato de Eva, en primera persona, desgarrador, se vive como un mal sueño en medio de la discusión banal que el informante interpone acerca de la paternidad del niño o la supuesta religiosidad de Eva.

 
La frontera de la conciencia narrativa

La instancia productora de sentido de una novela, de su arquitectónica, como le gustaba decir a Bajtín, es resultado de la distancia estética que la conciencia creadora (ubicada en intersecciones, en zonas de frontera) impone a la relación con el mundo conocido, con el mundo posible representado y con su lector. Es en el modo de narrar, en sus procedimientos y artificios en donde puede leerse la intencionalidad artística y por ende política, de toda novela.

En este caso particular nos importa destacar dos estrategias narrativas concomitantes, la estilización irónica de géneros (mediáticos): el informe de investigación / la entrevista/ historia de vida, y la disposición no secuencial del relato. Ambas estrategias contribuyen a crear un efecto de verosímil narrativo incesantemente amenazado que solicita la complicidad del lector en el entendimiento acerca de la (re)construcción del pasado y de los usos de la memoria. Señalamos antes que los epígrafes del comienzo (otra frontera) obran como sutiles advertencias acerca de la verdad y la apariencia.

Lo que llamamos estilización (otro término bajtiniano), concierne a la apropiación dialógica de un estilo genérico que intenta dar cuenta del plurilingüismo social, e irónica en este caso, porque señala con buena dosis de humor la falsedad de la presunta objetividad informativa y la manipulación de las citas. La entendemos como una ironía metanarrativa que subyace a su propia puesta en escena discursiva: la conciencia narrativa examina con "la sonrisa de la razón" las peripecias y soluciones del narrador-informante para hacer frente a un cometido que lo supera. Como el término ironía puede parecer inapropiado para una historia ciertamente dramática, nos apresuramos a mostrar el concepto con palabras de Brice Echenique:


La ironía no es la risa, la burla, la sátira, sino un aspecto de lo cómico que convierte en ambiguo todo lo que toca. La ironía es la manera en que descubrimos el mundo en su ambigüedad moral y al hombre en su profunda incompetencia para juzgar a los demás. Todas las ficciones del espíritu, todas las creaciones del sentimiento pueden ser materia de la mirada irónica, y la más mínima reflexión de un humorista irónico se convierte en un diablillo que desmonta el mecanismo de cualquier personaje, de cualquier fantasma urdido por el sentimiento, que lo desarma para ver cómo está hecho, para disparar su resorte y, en fin, para que ese mecanismo rechine convulsivamente.

 
Como señalamos al comienzo del trabajo, la narración se disimula en la historia de vida reconstruida según un principio de investigación documentada en entrevistas orales. Pero el principio de incertidumbre socava la objetividad del género del informe, usado para exponer el presunto resultado de la investigación y para construir una biografía con un personaje homogéneo, centrado, a la manera tradicional, lo cual lleva al informante-narrador a confesar con ingenuidad :

 
"(…) el mayor inconveniente que a este informante se le presenta es el reconocimiento de que una persona es en realidad muchas, de modo que, a medida que se avanza en la investigación, sus características se amplían, derivan en incidentes menores, se contradicen unos aspectos con otros, y el sujeto en cuestión es visto por distintos testigos como si se tratara de sujetos diversos con vidas diferentes al extremo, de modo que podría llegar a parecer que no estamos hablando de una sino de muchas personas" (31)

 
Es esa misma sutil ironía metanarrativa la que lleva a sostener el escrupuloso entrecomillado del informante, sus disculpas reiteradas, el montaje discursivo casi ridículo, la relevancia que da a ciertos detalles (cfr. el kitsch de los poemas que le dedicaba Rodríguez a Eva, según sus amigas), su profundo desconcierto y todo ese cholulismo pueblerino a la Puig que emerge de las entrevistas, de las frases hechas, de las vidas hipócritas o rutinarias de las que Eva tal vez quiso escapar. La novela empuja el dramatismo y lo terrible al límite de lo trivial y hace suyo cierto juicio de valor implícito que ronda el escepticismo, lo cual no deja de producir escozor.

Dijimos también que el efecto de verosímil siempre amenazado se expresa con una historia cuya disposición no secuencial se despliega a la manera de un hipertexto que abre un "espacio biográfico" con múltiples recorridos, algunos contradictorios, otros enigmáticos, dando cuenta de las ficciones que atraviesan cada discurso y desplazando el foco del saber sin sujetar la percepción a un solo control pronominal, estrategias que ciertamente apelan a un lector no convencional. Quizás este modo experimental de relato concéntrico y la monotonía escrupulosa del informante que corta y pega los testimonios, a veces contrapuestos, como en un video documental, uniendo diferentes planos de visión de modo directo, sean causa de cierta resistencia, de cierta tensión y de cierta exasperación o desaliento del lector.

También irónicamente, con una excusa banal, se apela a una memoria generacional que hoy parece haber quedado increíblemente lejana "Puede a un lector de este tiempo no parecerle demasiado agresiva la denominación de "bolche" o comunista, pero debe tenerse en cuenta que éstas eran, por entonces, calificaciones peligrosas, sobre todo en el año 1975 y los que le siguieron, hasta fines de 1982, para poner una circunstancia temporal, la del debilitamiento y caída del gobierno militar (…)" (42). ¿Apela la novela a mostrar un momento de fractura, un enorme cambio de época en el que el tiempo, siendo tan cercano parece tan lejano que haya que explicar el imaginario social que desató la lucha política, la violencia enfrentada, la represión, el miedo, la falta de derechos y garantías de la vida humana que asolaron al país?. ¿Las decisiones políticas de Eva fueron resultado de una convicción, de un contexto, de una pasión amorosa? Es que lo que la novela también muestra en toda su desgarradura es la profundidad de las transformaciones que ha sufrido la sociedad en tan pocos años, las heridas en el cuerpo social y todos los modos imperfectos de sutura, de amnesia, de exculpación, de ignorancia, de duda, que dejan soterrados los núcleos del duelo y la discordia.

Las claves de esa historia oscura hay que buscarlas, construirlas, interpretarlas, en un relato mayor, ese relato que ha comenzado a escribirse de manera incesante en el espacio polifónico de una zona de la novela argentina.




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