DIARIO DE NAVARRA, 9 de abril de 2006
DIÁLOGOS DE MEDIANOCHE CON JUAN MANUEL DE PRADA
«El escritor es un gran egoísta que crea su propio mundo»
Juan Manuel de Prada desveló los secretos de su oficio en la penúltima cita de los "Diálogos de Medianoche"
nerea alejos. PAMPLONA.
Con fama de autor barroco y amante de los cultismos, Juan Manuel de Prada se desvistió de ese sambenito para desvelar la verdadera cara del oficio de escritor durante los Diálogos de medianoche del pasado viernes. Ganador del premio Planeta por La tempestad (1997), De Prada ahondó en el lado oscuro de su oficio y reconoció que se considera un «perturbado».
Para un escritor que tiene como rutina levantarse de la cama y ponerse a escribir en ayunas y sin siquiera quitarse el pijama, dar una conferencia a partir de las once y media de la noche le exigió el mismo esfuerzo que a otros les supone sacudirse la pereza de las sábanas. Sin embargo, tal como reconoció el escritor tras la charla, a medida que transcurría la noche se fue encontrando cada vez más cómodo.
«Para mí esta hora es absolutamente insólita. He necesitado tomar un café para afrontar esta conferencia», confesó al público que acudió a escucharle al Civican en la penúltima cita de los Diálogos de medianoche. La presencia de jóvenes universitarios daba fe de esa etiqueta de «joven escritor» que se le colgó a Juan Manuel de Prada cuando ganó el premio Planeta en 1997.
Entonces sólo tenía 26 años y ya se había presentado a unos 40 concursos literarios, entre ellos varios de Navarra. Así, en 1994 ganó el certamen internacional de narrativa Tomás Fermín de Arteta que convoca la asociación cultural Bilaketa de Aoiz. «También me presentaba todos los años al premio Ciudad de Tudela, pero nunca lo gané», recordó.
Se trataba de esa primera etapa de la vida de un escritor que consiste en llamar a puertas que no se abren. «Son años de desaliento y aprendizaje», reconoció un Juan Manuel de Prada empeñado en desmitificar su trabajo.
Para empezar, el autor de La vida invisible (2004) comenzó por desechar esa «aureola romántica» en la que él mismo se ha visto envuelto. «Ustedes quizá han podido imaginarse que soy uno de esos escritores que consideran que su oficio es casi como una encomienda que han recibido de los dioses», dijo. Acto seguido, reconoció que el escritor tiene que más que ver con «un humilde oficinista que se encierra en su despachito».
Palabras como «cárcel», «condena» y «locura» forman parte del vocabulario de este autor cuando se refiere al proceso de crear una novela. «A la vez que uno encuentra alivio o consuelo a través de la escritura, está cayendo en las garras de su propia vocación y cada vez es más prisionero de la literatura», aseguró.
A sus 35 años, Juan Manuel de Prada cuenta ya con nueve obras literarias desde que publicó Coños en 1995. «El escritor es un corredor de fondo que sabe que nunca va a llegar a la meta», reconoció. Actualmente, se encuentra trabajando en una nueva novela.
«Soy una persona trastornada»
Juan Manuel de Prada había escogido para su conferencia el siguiente título: Los secretos de la cocina. Es decir, las bambalinas de la vida del escritor. Durante su charla ahondó especialmente en el lado oscuro de su oficio, dominado por el egoísmo, las manías y el sentimiento de culpa. «El escritor es un gran egoísta que crea su propio mundo», sentenció. En su caso, el nacimiento de su vocación literaria se debió a que se sentía un bicho raro. «Las insatisfacciones son el motor de nuestro trabajo. Los escritores siempre tenemos un motivo para estar a disgusto en el mundo». Luego añadió, casi en clave freudiana: «Quizá todavía sigo escribiendo por aquellas niñas de mi clase que no me hacían caso», bromeó. «Me considero una persona trastornada y me siento culpable por haber hecho difícil la vida a mis padres, a mi mujer y a mi hija». Sorprendente revelación, al menos entre los escritores que han participado en los Diálogos de medianoche, porque pocos se acuerdan de las personas que tienen que padecer sus bajones y neuras. «La escritura tiene un componente de locura muy importante. Es natural que las personas perturbadas nos vean a los escritores como hermanos», destacó el autor de La vida invisible (2003), obra inspirada en una de las muchas anécdotas personales que le ha acarreado la fama. Una profesora de música que le escribía cartas viajó a Madrid y vagó durante varios meses por la ciudad hasta que consiguió dar con el escritor. Cuando se produjo el encuentro, De Prada constató que su admiradora se había convertido en una mendiga. «Fue una experiencia muy dura». Curiosamente, aquel niño tímido para quien ligar era una proeza, el viernes acabó contando que varias mujeres se han obsesionado con él.