Sergio Ramírez y el arte de escribir
Sergio Ramírez, el escritor nicaragüense más famoso internacionalmente después de Rubén Darío, es uno de esos narradores que cada vez que se leen —y como sucede al menos con sus novelas "Margarita está linda la mar" y "Sombras nada más"— compromete al lector no con una historia verídica, sino con novelas con personajes históricos, cabalgando todos sobre el mundo de la ficción. Esto ha creado en sus relatos de política y poder, una especie de "mirage" donde desaparece intermitentemente durante la lectura, la línea entre lo real y lo inventado. Ramírez, sobre este tema, ha indicado certeramente a este redactor, que uno de los triunfos que el escritor tiene sobre el lector es establecer estas dudas; y triunfa todavía más, cuando establece certezas de que no se trata de una novela sino de una historia real; porque lo que el escritor tomó, fue un hecho histórico ocurrido en Nicaragua, por ejemplo, en el año y en la semana en que está narrada la obra exactamente.
"Pero lo despojé de toda su circunstancia momentánea e histórica y dejé vacío el escenario para subir a mis propios personajes y crear al mismo tiempo todo un aparato de realidad a través de documentos, de cartas, correos electrónicos de testimonios y declaraciones judiciales que van pespunteando la narración. De manera que el lector pueda irse convenciendo de que está frente a unos hechos que son absolutamente reales y esto se completa al final con unas notas que explico de dónde tomé cada uno de estos documentos", ha dicho Ramírez.
Con este perfil, pero entrando al mundo documental, retorna a Puerto Rico, el celebrado escritor, para la presentación de su más reciente publicación "Señor de los tristes sobre escritores y escrituras" (Editorial UPR, 2006), dando el título del libro, un epígrafe de Rubén Darío, tomado de "Letanía de nuestro señor Don Quijote" sobre el discurso de Cervantes en torno al poder, tema éste cultivado inequívocamente por el también autor de las novelas "¿Te dio miedo la sangre?", "Castigo Divino" —llevada a la televisión por RTI de Colombia, bajo la dirección de Jorge Alí Triana—, "Un baile de máscaras" y "Mil y una muertes".
En "Señor de los tristes", cuya última presentación en la Isla se llevó a cabo ayer, en una actividad de la Revista universitaria "Ceiba", de la UPR, se encuentran artículos, ensayos, prólogos y testimonios de su vida como escritor siguiendo la tradición, como se ha observado, de "Los prólogos" de Darío, "Biblioteca personal" de Borges y "La loca de la casa" de Rosa Montero. En este primer volumen, titulado "Oficios compartidos", éste explora la relación entre literatura y política en las letras hispanas. Glosa Ramírez además, en torno a escritores y sus obras como Martí, Neruda, Asturias, Bosch, Cortázar, Saramago y Greene, entre otros.
Ramírez nació en Masatepe, Nicaragua en 1942. Fue electo dos veces como Secretrario General de la Confederación de Universidades Centroamericanas, con sede en Costa Rica. Encabezó el Grupo de los Doce, formado por intelectuales, empresarios, sacerdotes y dirigentes civiles en respaldo del Frente Sandinista de Liberación Nacional en lucha contra el régimen de Somoza. En 1984 es nombrado vicepresidente de Nicaragua.
Concediendo que esta ocasión, con "Señor de los tristes" no tiene que inventar nada, aún en los géneros del ensayo y el relato, Ramírez en su destreza de escritor obliga al lector a ver antes que leer. Es una técnica que utiliza en la ficción cual si se estuviera al frente de un celuloide editado a propósito siguiendo una acción como en el cine.
"Hay distintas formas de aproximarse al arte de escribir y yo estoy muy influenciado por la imagen. Cuando tenía 12 años fui operador de cine porque tenía un tío que era el dueño del cine de mi pueblo. Yo ayudaba primero a proyectar las películas, primero como operador de muy niño; y entonces, veía incesantemente las imágenes a través del visor que tiene la casa de proyección. Ahí tienes que ver constantemente para que no se descuadren las imágenes. Entonces, aprendí a ver con el ojo de la cámara y cuando imagino, veo. Y, lo que trato de traspasar al papel en palabras, es la imagen que me viene de la cabeza. Por eso, la influencia del cine para mí, es fundamentalmente decisiva", concluyó.