EL CORREO, 12 de abril de 2006
Borja Delclaux, un escritor que hizo del humor su arma expresiva
I. ESTEBAN Cuando en 1995 se publicó la primera obra de Borja Delclaux, 'Picatostes y otros testos: El sacrificio de la lechuza', los críticos coincidieron en señalar la audacia del autor, sus juegos con el lenguaje y su sentido del humor. Esa capacidad lúdica y humorística fue el rasgo más visible de Delclaux, nacido en Bilbao en 1958 y que murió el pasado sábado en Madrid.
«Era básicamente un humanista obsesionado con la escritura y la lectura», recordaba ayer su hermano Carlos. Entre sus autores favoritos se encontraban Emile Cioran, Samuel Beckett, Robert Walser, Josep Pla y Claudio Magris. El director de la editorial Lengua de Trapo, Pote Huerta, que publicaba los libros de Delclaux, declaraba ayer: «He conocido -pese a mi oficio- a pocos lectores tan finos, inteligentes y voraces como lo era Borja. Nunca se dio ínfulas de intelectual y sí sintió en cambio una pasión amable por los autores afines, a quienes consideraba sus amigos aunque hubieran vivido en otros siglos».
Carlos Delclaux explica que su hermano trabajó como lector para la editorial Alfaguara, y que sus grandes pasiones fueron «leer, escribir y el Athletic». El escritor acababa de publicar la novela 'El hijo de Gutenberg', una historia de amistad entre dos personajes que un día descubren su costumbre de ir con los calcetines desparejados. «Borja ha realizado una literatura clara, entrañable y que, contra las modas, nos hace llegar una visión muy positiva de la vida. A la hora de su pérdida en uno se mezclan la tristeza y el orgullo por haberle conocido», dijo ayer su editor.