LA RAZÓN, 5 de abril de 2006
Enrique Vila-Matas / Escritor: «Escribir es pactar con el sinsentido»
El autor define su trayectoria marcada por una literatura entre lo real y lo ficticio
J. Ors
Madrid- La literatura puede ser una pasión o una enfermedad o una huida. Para Vila-Matas es una pasión, una enfermedad y una huida. Por sus páginas caminan, como funambulistas de la realidad, letraheridos de diverso calado y trapío, fundidos en un género impreciso que resbala entre la ficción y la realidad. Con «Doctor Pasavento», el novelista hablaba de «la dificultad de no ser nadie». No ha podido ser.
-¿Por qué ha despertado tanto interés sus últimos cuatro libros?
-No lo sé. En los últimos cinco aviones a los que he subido -veremos cuánto dura esto- he tenido que firmar autógrafos y recibir felicitaciones de ciertos pasajeros literarios. Es raro para mí, que me he pasado la vida en plan Pasavento, sin que me hicieran caso alguno.
Lectores afortunados- ¿El lector necesita este tipo de literatura?
-Es posible, casi seguro que es eso. Pero también pienso que hay libros míos -como «Hijos sin hijos»- que tienen el mismo nivel que «Bartleby» y, sin embargo, su suerte ha sido distinta. En todo caso, «Bartleby», a pesar de su tema tan minoritario -se ha repetido el fenómeno en los 22 países en que ha sido traducido-, captó a un lector que se identifica con el personaje emblemático de quien, pudiendo escribir, no lo hace. Es un lector que, por fortuna todavía existe y al que le interesa «el pensamiento narrado».
-En 1985 escribió «Historia abreviada de la literatura portátil» y en 2000, «Bartleby». ¿Qué ocurrió en medio?
-Que empecé a aprender a escribir. En «Una casa para siempre» me dediqué a estudiar cómo se construía la estructura de un libro de cuentos; lo de menos era lo que contaba. El libro enojó a los críticos más burros del país, pero en Francia maravilló. Y me hice extranjero.
-¿Cómo descubrió este mundo?
-El día en que descubrí que en la literatura habla una voz que nos dice que la vida no tiene sentido, pero en esa misma voz hay al menos un eco de ese sentido que se niega.
-¿Qué le supuso el éxito?
-Empezar a ser espiado, que era a lo que yo me dedicaba antes.
-¿Y sintió vértigo ?
-Me instalé en el vértigo. Sin él, escribir carece de interés. Y yo escribo para no aburrirme. De niño, me gustaba el circo y recuerdo que me decía que, de mayor, no sería oficinista ni payaso, me dedicaría al triple salto mortal, sin red.
-¿La literatura es una forma de huir de la realidad?
-Escribir es pactar con el sinsentido, es decir, pactar con la realidad y al mismo tiempo burlarla inventando otra realidad.
-¿Está más unido a la literatura centroeuropea que a la española?
-Mi lema es «no tener nada y ser extranjero siempre». Eso, en el fondo, me permite estar incluso vinculado a la literatura española.
-¿Qué tiene más peso para usted, la realidad o la ficción?
-Eso depende de cómo me levante por la mañana. Pero, por lo general, el día lo ocupa la ficción y por las noches suele llegar la realidad.
-¿Qué ocurre si un día descubre que no quiere seguir escribiendo?
-Hay alguien en París que lo está intentando, creo que quiere que descubra que no quiero escribir. Y lo intenta con una perversidad desaforada. Tendré que escribir sobre eso para poder seguir escribiendo.
-¿Le han ofrecido escribir un guión para un filme?
-Nunca voy al cine. Hasta ahora mi gran éxito en la vida había sido escribir libros tan literarios que nadie se había propuesto adaptarlos al cine. Pero cometí un error. Y me llueven ofertas para adaptar «El viaje vertical», las ofertas han llegado incluso del Brasil.