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 Literatura en torno a Berlín

Historia y curiosidades literarias
“Desde el punto de vista de la cantidad, las ciudades son las obras de arte supremas. Son las más grandes en tamaño e incluyen en su interior muchas otras obras de arte que deben ser enjuiciadas.”


Así comienza la entrada de “Ciudad” en el Diccionario de las Artes de Félix de Azúa. Parece bastante razonable y, si nos detenemos a pensar un poco, enseguida nos vendrán a la mente múltiples ejemplos de las ciudades en tanto que obras de arte supremas (Venecia o Praga) y en tanto que albergues de múltiples obras de arte (Roma, París o el museístico caso de Nueva York).

En otros artículos, este mismo autor se ha preocupado de hablar de la ciudad como objeto literario. No se nos escapa que la ciudad dormilona que pinta Leopoldo Alas en La Regenta y que se llama “Vetusta” no es más que un trasunto de la ciudad de Oviedo y que es la verdadera protagonista de la obra. Parece incluso que toda esa galería de caricaturas que se desenvuelven en la ciudad sirvan simplemente para poner aún más de manifiesto la decadencia de la ciudad heroica.

Roma, peligro para caminantes es todo un libro de poemas que Alberti dedicó a la ciudad que tantos años le albergó durante su exilio. Roma es, en este caso, la musa del poeta.

En ciertas ocasiones, la ciudad aparece incluso tan sumida en el propio poeta que se convierte en un modo de ser del poeta. Así, hablando del heterónimo de Fernando Pessoa, Álvaro de Campos, podemos decir de él que es apasionado, lúcido, pesimista... y lisboeta.

Así pues, parece que hay muchos modos de incorporar la ciudad a la obra de arte. No hay tantos ejemplos como ciudades porque muchas –por desgracia o por fortuna- aún no han topado con un apasionado ciudadano literato dispuestas a “ascenderlas literariamente” a este nuevo Parnaso Urbano.

A cualquier lector, sea de Torrelodones, de Carmona o de Luanco, probablemente le apetecería ir a dar un paseo al París de La Maga o al de Martín Romaña o al Moscú de Anna Karenina. A muchos les entristecería adentrarse en la Barcelona de Carmen Laforet y en cambio, les encantaría encontrarse a Gurb metido en una zanja de la Hidroeléctrica Catalana (si es que tal cosa existe) en la misma ciudad.

Eso sí, esto no nos tiene que llevar a pensar que toda obra que tenga por marco una ciudad con referencia en los mapamundis convierte a dicha ciudad en objeto literario. No, para que la ciudad se convierta en protagonista, en parte del ser de la obra de arte, requiere un tratamiento especial por parte del autor: la ciudad, en estos casos, se convierte en una diosa de la fecundidad (o de la abulia, según los casos) y además de ser el escenario en que se mueven unos personajes, se convierte en el director de escena, en el apuntador y al fin y al cabo, en un nuevo determinante, en una nueva característica de dichos personajes. No hay que confundir la concepción de la ciudad como “un lugar donde ocurren cosas”, como es el Londres de Bridget Jones, con la concepción de la ciudad como “una cosa que ocurre”, como es el Londres de Dickens.


Por otra parte, a ningún lector habitual de novelas se le escapará que las capitales y ciertas ciudades emblemáticas tienen muchísimas papeletas para estar en el bombo de las elegidas. París, Lisboa, Londres, Madrid o Nueva York suelen servir de inspiración, marco y personaje a multitud de obras. Pensemos en títulos como Ventanas de Nueva York o Un invierno en Lisboa, por citar algunas que ventilan su intención desde el propio título.

Berlín con, entre, por, para, según, tras la literatura
Una de estas ciudades es Berlín. Berlín ha sido inspiradora de múltiples novelas como por ejemplo Berlin Alexanderplatz de Alfred Döblin. Pero también ha sido el lugar en que muchos escritores y artistas se desarrollaron como tales aunque su obra no haya tomado como objeto artístico a la ciudad. Pensemos en Else Lasker-Schüler y en su amadísimo y amantísimo Gottfried Benn.

Berlín ha originado distintos tipos de literatura a uno y otro lado del nazismo y a uno y otro lado del muro. Y además, ha sido el objeto a través del cual diferentes artistas han encontrado su modo de expresión. Así, convierten a Berlín en musa, en protagonista y en trasunto de sí mismos autores como Jacob von Hoddis, Erich Kästner, Georg Heym o Günter Grass. Sitios como Potsdamer Platz, el Berlín de los cafés, el barrio judío o el muro de Berlín han sido protagonistas e inspiradoras de muchas obras de arte así como lugares de gestación o reunión de artistas.

Me propongo hacer un recorrido por el Berlín del siglo XX y por algunos de sus barrios más conocidos o más ricos desde el punto de vista artístico, siempre con la linterna de la literatura en la mano. No pretendo ser muy rigurosa, sino más bien dar unas pinceladas sobre las distintas épocas y lugares que han convertido a Berlín en un objeto artístico y literario tan importante como Roma o Nueva York. Quizás, después, me atreva con otras ciudades. De momento, dejo aquí la introducción al tema y la invitación a todos a que os pidáis una plaza en este viaje turístico-espacio-literario-temporal que ya ha empezado. ¿Venís conmigo?

La ciudad de Berlín comienza a convertirse en una gran metrópolis moderna a partir del último cuarto del siglo XIX, la primera línea de tranvía fue construida en 1882 y la primera línea de metro en 1891, a partir de entonces, Berlín no hizo más que crecer. A principios del siglo XX, Berlín tenía en torno a 2 millones y medio de habitantes. Además, era una ciudad cosmopolita. En torno a un millón de estos habitantes eran extranjeros.

SIn embargo, la idea que nos dan estos medios de transporte y otras construcciones como el edificio funcional del ayuntamiento que vemos en la foto, así como su carácter cosmopolita no concuerda para nada con la gestión política. Berlín era la capital del reino de Prusia. En 1888 subió al trono el káiser Wilhelm II, que abdicaría en 1918, y cuyo reinado se enmarca en la tradición más tradicional.

Resulta interesante la figura de este Káiser por dos razones: por un lado, por el empeño que puso en llevar a cabo una reconstrucción de Berlín. Por otro, porque el clima cultural de su época es el que marca el inicio de la modernidad artística en la capital alemana.

De aquellos polvos...
Wilhelm II fue el primero que se dio cuenta de que la capital de su Imperio tenía que ser un escenario que representase su poderío y que por ello, también lo hiciese emanar. (El poder llama al poder, que dicen los sabios de las aldeas). Así pues, el primer gran desarrollo artístico de Berlín se produce de la mano de Wilhelm II, que quería construir un verdadero imperio y convertir Berlín en una nueva Florencia.

El propio Wilhelm II (en la foto)en un discurso establece lo que es “Die wahre Kunst”, “el arte verdadero”. Es el káiser quien avala lo que es arte y lo que no:
“Eine Kunst, die sich über die von Mir bezeichneten Gesetze und Schranken hinwegsetzt, ist keine Kunst mehr”

”Un arte que se establezca por encima de las leyes y los límites por mí diseñados, ya no es arte”


La gran obra que se acometió bajo la supervisión de Wilhelm II fue la construcción de la llamada “Siegesalle” (avenida de la victoria). Festoneándola, se erigieron 32 grupos escultóricos en mármol, con todos los emperadores de Brandenburgo y Prusia... esta avenida interminable fue motivo de burla por parte de todos los berlineses, que la denominaban “Puppenallee” (esto es, avenida de las muñecas). El arte de esta época es naturalista, busca la armonía en la representación y está referido a la naturaleza en sus motivos y en sus formas.

...estos lodos.
Teniendo en cuenta que el criterio artístico final era la voluntad del emperador pero que el arte, esencialmente, mana de la libertad del creador, podemos sospechar que esta situación no duró mucho tiempo. En efecto, porque en torno a 1910 surge el "Expresionismo". Así, diversos artistas que formaban parte de la Akademie für die bildene Kunst (Academia de Bellas Artes) se separan y deciden formar una nueva agrupación en la que poder desarrollar su propia concepción del arte. Es un movimiento que se llamó “Arte de la Secesión”. Esta nueva academia tuvo muchísimo éxito.

Sobre cómo surgió el nombre de “Expressionismus” (expresionismo) hay muchísimas disputas. Hay quien sostiene que es el nombre que se le dio a ciertos pintores (Picasso, Marquet, Puy) en la vigésimo segunda exposición de la Secesión berlinesa, de 1911. Otros consideran que el primero en utilizar el nombre fue un pintor francés, Julien-Auguste Hervé, para designar a un ciclo de pinturas suyas en 1901. En cualquier caso, la mayoría de los historiadores de arte consideran que el nombre se utilizaba ya en Francia cuando pasó a Alemania.

El expresionismo alemán se desarrolla entre 1910 y 1923, aproximadamente. Entre las motivaciones para su surgimiento cabe citar: el desmoronamiento de la concepción artística de la época del Káiser; y la progresiva industrialización y crecimiento de las ciudades, que hace percibir el mundo como un desorden continuo, un caos.

Los movimientos pictóricos de “Der blaue Reiter” (El jinete azul) y “Die Brücke” (El puente, 1905), son las manifestaciones artísticas más conocidas del expresionismo alemán. Sin embargo, el expresionismo literario es importantísimo y fue muy fecundo. En muchos casos, existen interrelaciones interesantísimas. La revista "Der Sturm" (en la foto) de Herwarth Walden, fundada en 1903, fue el soporte difusor del expresionismo por antonomasia. Los cafés “Romanisches Café”, “Neopathetische Cabaret” y “Café des Westens” fueron los lugares en que los artistas secesionistas se reunían, discutían y presentaban sus obras.

Si queremos hablar del expresionismo pictórico típicamente berlinés, tenemos que mencionar a Ludwig Meidner, que utiliza siempre personajes y escenarios de Berlín y de los alrededores. Sus cuadros son caóticos, irreales y oscuros. Las perspectivas se rompen, se retuercen, las proporciones ya no responden a un criterio clásico basado en la armonía de las partes, sino que se fundan en la forma de mirar del artista. Otro pintor típicamente berlinés es Ernst Ludwig Kirchner, que pintó motivos de Berlín: la Potsdamer Platz, la puerta de Brandenburgo... Personajes de la noche, como protagonistas y hombres un poco sospechosos son los protagonistas de sus cuadros. Ambos utilizan múltiples contrastes de color.

PS: Aún no hemos practicamente empezado a hablar del Berlín literario. Pero he pensado que puede ser más divertido así. Os he dejado unas cuantas pistas a lo largo de este texto y con estas dos fotos, para que vosotros vayáis imaginando cómo es la literatura expresionista típicamente berlinesa de esta época... Se admiten elucubraciones y sugerencias. En la próxima estación, nos dedicaremos únicamente a la poesía expresionista, ¿okis?

http://blogs.ya.com/lomejordeloslibros/




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