Joseph-Pétrus Borel, máximo representante de la lírica «frenética»
JAVIER MEMBA
Máximo representante de aquella lírica que Charles Nodier fue a calificar de «frenética», Joseph-Pétrus Borel (1809-1859), "El licántropo" que se hacía llamar, llegó a la literatura por el periodismo y al tenebrismo que caracteriza su obra por su exacerbado sentimiento antiburgués. Nacido en Lion, el 30 de junio de 1809, el futuro escritor marchó a París con el propósito de estudiar arquitectura. Tan fracasado en esta disciplina como en sus inquietudes pictóricas, sus colaboraciones en la prensa parisina le llevaron a los cenáculos románticos, donde trabó amistad Gerard Nerval y Théophile Gautier.
Publica 'El licántropo' sus primeros versos bajo el título de Rapsodias (1832) y en opinión de muchos, dichos poemas y los reunidos en Campavert, dado a la estampa en 1833, le llevan a inaugurar la nómina de los poetas malditos. Lo que le inspira en ellos es la camaradería de quienes le han ayudado a superar la miseria, las ondinas de ojos azules, los compañeros republicanos y, por encima de todo, la venganza de las miserias que el Antiguo Régimen ha hecho sufrir a la humanidad.
La gloria de aquellas publicaciones sería tan efímera como limitada. Así, tal apunta Mauro Armiño en el prólogo a esta primera edición española de Madame Putifar, lo definitivo en Borel fue la adversidad: «el infortunio lo acompañó hasta dar con sus huesos en el hoyo a los 50 años de edad».
Los rigores de la cárcel
En 1833, mucho antes de probar en sus propias carnes los rigores de la cárcel argelina en la que se le recluyó, El licántropo dio cuenta de los de la Bastilla de Luis XVI en esta Madame Putifar. Entre sus muros, junto a tantas y tantas víctimas que languidecen allí de por vida obedeciendo a arbitrariedades del rey, se encuentra un conde irlandés Whyte de Malleville. Pero es la experiencia carcelaria del marqués de Sade la que se ha supuesto aludida en estas páginas desde su publicación.
Tal vez por ello, la crítica del momento condenó a Borel a un ostracismo del que sólo le salvarían los surrealistas, quienes le reivindicaron a la vez que al marqués. Así, cuando Aragon, Eluard y Breton se refieren a su romanticismo frenético, no hacen más que corroborar la simpatía que ya demostrara por El licántropo el mismísimo Baudelaire. Joseph-Pétrus Borel murió en las proximidades de Mostaganen el 14 de julio de 1849.
Columnas de prensa. Temas de actualidad. Otro enfoque
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