JAVIER MEMBA
La vida de principal impulsora de la teosofía moderna -aquella nacida como oposición al dogmatismo racional de la filosofía escolástica- puede antojarse más inquietante que sus ficciones.
En su introducción a "La cueva de los ecos y otros cuentos macabros", breve antología de la autora publicada recientemente por Celeste Ediciones, Ernesto Pérez Zúñiga la asocia a los espectros eslavos, a los derviches turcos y a los hipnotizadores vagabundos. Ahora bien, que nadie se llame a engaño, Mario Roso de Luna señala en una edición anterior de esta autora, "Páginas ocultistas y cuentos macabros", que H. P. Blavatsky no concibió sus relatos "en los delirios de inspiración o de neurosis" comunes a todos los maestros de este tipo de narraciones. Nuestra autora alumbró sus fábulas para que los espíritus selectos hallasen en ellas "las enseñanzas fundamentales del ocultismo".
Iniciada por un copto
Nacida el 31 de julio de 1831 en Ekaterinoslav, la Ucrania rusa, su madre pertenecía al linaje de los príncipes Dolgoruky, en tanto que su padre, Van Hahn -aunque coronel del ejército imperial ruso- descendía de una aristocrática familia alemana. Ya de niña, la futura escritora demostró un gran valor ante las visiones que la abrumaban con frecuencia y una gran determinación para descubrir qué había tras ellas. Adolescente aún –17 años–, fue casada con el anciano general Nikifor Blavatsky –vicegobernador de la región–, a quien abandonaría a los pocos meses.
Refugiada primero en Constantinopla, de allí marcharía a Egipto en compañía de una compatriota. En el país de los faraones, un viejo copto iniciaría a H. P. Blavatsky en los misterios esotéricos. Viajera por Asia durante largos años, en sus periplos por aquel continente entró en contacto con los maestros tibetanos. Tras su experiencia con ellos dirigió a su familia una carta en la que se incluían estas líneas: "Los últimos restos de mi debilidad psicofísica han desaparecido por completo, gracias a Aquellos a quienes bendeciré toda la vida.
Fundadora de la Sociedad Teosófica
Ya en Londres (1851), recibió la visita de un mago hindú, en quien reconoció al protector que pobló sus visiones infantiles, fue este extraño personaje quien instó a la escritora a fundar la Sociedad Teosófica, que llegaría a tener una gran transcendencia a finales del siglo XIX. Se dice que mucho antes, cuando H. P. Blavatsky se encontró con su santón, ya había aprendido a ocultar los aterradores poderes que experimentaba.
Surgida como vehículo para la difusión de la doctrina teosófica, la vocación literaria en nuestra escritora es tardía. "Isis revelada", su primer libro, data 1875. Dos años antes, Blavatsky ha conocido a un coronel norteamericano, Henry Steel Olcott, que será su compañero en la fundación y dirección de la Sociedad Teosófica. A decir de la crítica, sus obras mayores, son -publicada en tres volúmenes entre 1888 y 1897- y "La voz del silencio". Según apunta la autora, ambas fueron concebidas para demostrar "que la Naturaleza no es un montón casual de átomos (...) y que su lado culto no fue alcanzado nunca por la ciencia de la civilización moderna".
Almas en pena
Para lo escépticos ante estas cuestiones, a buen seguro presentan mucho más interés los relatos que la autora va publicando en paralelo, muchos de ellos en la revista "Lucifer". En ellos, con la buena pluma de los grandes del género macabro, nos habla de almas en pena que desean vengar su asesinato -"La cueva de los ecos"-, instrumentos musicales que proporcionan la genialidad a sus poseedores porque están fabricados con vísceras humanas -"El alma del violín"- o de viajes astrales a lo largo de medio mundo -"Una vida encantada"-.
Establecida en la India desde 1882, H. P. Blavatsky murió en la ciudad de Madrás el 26 de abril de 1861.