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 Itamar Even-Zohar TEORÍA DEL POLISISTEMA

Técnica literariaEste texto puede encontrarse en http://www.tau.ac.il/~itamarez/works/papers/trabajos/ps-th_s.htm

Se reproduce aquí para hacerlo más accesible a los lectores españoles y por su tremendo interés.

No dejéis de visitar la web del autor para conocer otros trabajos suyos. Vale la pena.

En la parte de abajo de la ficha , en el apartado "leer más..." está el aretículo completo.

Itamar Even-Zohar TEORÍA DEL POLISISTEMA*

* Primera versión publicada bajo el título "Polysystem Theory".  Poetics Today 1972 I, 1-2: 287-310.  Esta versión es la traducción de "Polysystem Theory", Poetics Today 11: 1 (Primavera 1990): 9-26.  Traducción de Ricardo Bermudez Otero.

1. Sistema y polisistema en el funcionalismo moderno: estática frente a dinámica; 2.  El polisistema: procesos y procedimientos; 2.1. Propiedades generales del polisistema; 2.2. Estratificación dinámica y productos sistémicos; 2.2.1. Estratos canonizados frente a estratos no canonizados; 2.  2.2. Sistema frente a repertorio frente a textos; 2.2.3. "Canonicidad" estática frente a "Canonicidad" dinámica; 2.2.4. Tipos primarios frente a tipos secundarios; 2.3. Intra- e inter-relaciones; 2.3.1. Intra-relaciones; 2.3.2. Inter-relacio nes; 2.4. Estabilidad e inestabilidad; Volumen del sistema.

1. Sistema y polisistema en el funcionalismo moderno: estática frente a dinámica.

La idea de que los fenómenos semióticos, es decir, los modelos de comunicación humana regidos por signos (tales como la cultura, el lenguaje, la literatura, la sociedad), pueden entenderse y estudiarse de modo más adecuado si s e los considera como sistemas más que como conglomerados de elementos dispares, se ha convertido en una de las ideas directrices de nuestro tiempo en la mayor parte de las ciencias humanas.  Así, la recolección positivista de datos, to mados de buena fe desde un fundamento empirista y analizados sobre la base de su sustancia material, ha sido sustituida por una aproximación funcional basada en el análisis de relaciones.  Considerarlos como sistemas hizo posible formular hip ótesis acerca de cómo operan los diferentes agregados semióticos.  Inmediatamente se abrió el camino para alcanzar lo que a través de todo el desarrollo de la ciencia moderna se ha considerado objetivo supremo: la detecci ón de leyes que rigen la diversidad y complejidad de los fenómenos, más que el registro y clasificación de éstos.  Puesto que los acercamientos pre-funcionalistas no intentaban detectar tales leyes prácticamente nu nca, lo que anteriormente se había tomado por "fenómenos" (esto es, objetos de observación/estudio) en realidad coincidía con los fenómenos que podían plantearse como hipótesis desde una aproximación funcional.  Así pues, la idea de sistema ha hecho posible no sólo explicar adecuadamente los fenómenos "conocidos", sino también descubrir otros completamente "desconocidos".  Además, datos conocidos, de los que jam&aacut e;s se había pensado que pudiesen ponerse en relación con los datos normalmente conectados con un "hecho", se han vuelto ahora significativos con respecto a ese "hecho".  El funcionalismo ha alterado profundamente tanto las estructuras como l os métodos, las preguntas y las respuestas de todas las disciplinas en que se ha introducido.

Sin embargo, a pesar de las premisas comunes, el enfoque funcional nunca se ha unificado del todo.  Grosso modo, han circulado dos programas diferentes e incompatibles.  Desgraciadamente, no siempre se ha comprendido este hecho, lo que ha causado gran da&nt ilde;o al desarrollo de diferentes disciplinas semióticas.  La incapacidad de distinguir entre ambos programas no sólo ha dado una idea equivocada de sus contenidos respectivos, sino que también ha hecho difícil apreciar con qu& eacute; propósito fue concebido cada uno de ellos.  Es lamentable que, mientras en partes de la tradición semiótica esto se considera una obviedad tópica, estén sin embargo al orden del día presentaciones incorrect as de la situación, debidas incluso a "profesionales".

Me referiré a ambos programas como "teoría de sistemas estáticos" y "teoría de sistemas dinámicos" respectivamente.  La teoría de sistemas estáticos ha sido erróneamente considerada el único en foque "funcional" o "estructural", y se la menciona habitualmente como la doctrina de Saussure.  En los escritos del mismo Saussure y en obras posteriores en su tradición, el sistema se concibe como una red estática ("sincrónica") de r elaciones, en la que el valor de cada elemento es una función de las relaciones específicas en que toma parte.  En tanto se detecta de este modo la función de los elementos, así como las leyes que los rigen, apenas hay forma de explicar cambios o variaciones.  El factor de la sucesión temporal (la "diacronía") se ha eliminado así del "sistema", y se ha establecido la regla que cae fuera del alcance de las hipótesis funcionales.  Se la ha declarado, por tanto, extra-sistémica, y, puesto que se la identificaba exclusivamente con el aspecto histórico de los sistemas, éste ha sido prácticamente eliminado del ámbito de la lingüística.

Las ventajas de introducir el concepto de sistema para reemplazar la colección de datos realizada mecánicamente son evidentes.  Incluso la reducción del sistema a un aspecto ahistórico y extratemporal, por así decirlo, no es indefendible per se.  El escenario lingüístico de la época de Saussure, con su intensa concentración sobre el cambio histórico, concebido en términos no sistémicos (dicho suavemente), constituía cla ramente un obstáculo para descubrir no cómo el lenguaje difiere en períodos diferentes, sino, en primer lugar, cómo opera.  Mediante procedimientos reductivos podía alcanzarse un nivel de abstracción suficiente, y los principales mecanismos de funcionamiento del lenguaje se ponían así de manifiesto.  Obviamente, desde el punto de vista de un modelo abstracto tal, la posible coexistencia de opciones diferentes dentro de un mismo sistema en un momento da do no tiene que ser necesariamente tenida en cuenta si, en principio, dichas opciones son reducibles.  Como se ha sabido por otros campos de investigación (la termodinámica, por ejemplo), es más efectivo, desde un punto de vista metodo lógico, comenzar desarrollando una teoría de sistemas cerrados.

El enfoque estático, entendido de ese modo, realiza efectivamente su propósito último.  No obstante, tomado por lo que no es; es decir, como modelo que aspira a explicar más de cerca las condiciones en que un sistema funciona en el tiempo, puede perturbar la investigación científica.  Hay una clara diferencia entre intentar dar cuenta de algunos principios generales que rigen un sistema fuera del tiempo y tratar dar cuenta del funcionamiento de un sistema tanto "en principio" como "en el tiempo".  Una vez admitido el aspecto histórico dentro de un enfoque funcional, deben realizarse varias inferencias.  En primer lugar, debe admitirse que tanto la sincronía como la diacronía son históricas, mientras que la identificación exclusiva de ésta última con la historia es insostenible.  En consecuencia, la sincronía no puede ni debe identificarse con la estática, dado que, en un momento dado, funcionan en el eje m& aacute;s de un complejo diacrónico.  Así pues, por una parte, un sistema sincrónico se compone de sincronía y diacronía; por otra, cada una de ellas por separado es obviamente un sistema.  En segundo lugar, si las ideas de estructuración y sistemicidad ya no necesitan identificarse con la homogeneidad, un sistema semiótico puede concebirse como una estructura heterogénea y abierta.  Rara vez es, por tanto, un monosistema, sino que se trata necesariament e de un polisistema: un sistema múltiple, un sistema de varios sistemas con intersecciones y superposiciones mutuas, que usa diferentes opciones concurrentes, pero que funciona como un único todo estructurado, cuyos miembros son interdependi entes.

Si el enfoque estático, sincronístico,

emana de la escuela de Ginebra, las raíces del enfoque dinámico se encuentran en los trabajos de los Formalistas Rusos y de los Estructuralistas Checos.  Lamentablemente, su noción del sistema dinámico ha sido ampliamente ignora da tanto en lingüística como en teoría de la literatura.  El enfoque sincronístico ―interpretado de modo erróneo― triunfó.  Tanto para el lego como para el "profesional", del estructuralismo se identific a todavía con estática y sincronismo, estructura homogénea y enfoque ahistórico, en la mayor parte de los casos.

"Sincronístico" resulta más apropiado que "sincrónico" una vez aceptamos que "sincrónico" no se identifica necesariamente con "estático".

2. El polisistema: procesos y procedimientos.

2. 1. Procedimientos generales del polisistema

Visto frente a tales antecedentes, el término "polisistema" es más que una convención terminológica.  Su propósito es hacer explícita una concepción del sistema como algo dinámico y heterogéneo , opuesta al enfoque sincronístico.

De este modo, enfatiza la multiplicidad de intersecciones y, de ahí, la mayor complejidad en la estructuración que ello implica.  Recalca además que, para que un sistema funcione, no es necesario postular su uniformidad.  Una vez recono cida la naturaleza histórica de un sistema (un gran mérito a la hora de construir modelos más cercanos al "mundo real") se impide la transformación de los objetos históricos en seres de acontecimientos a-histórico s sin cohesión entre sí.

No obstante, todo énfasis es poco a la hora de establecer que no hay propiedad alguna relacionable con el "polisistema" que no pueda, como tal, relacionarse con el "sistema".  Si uno está dispuesto a entender por "sistema" tanto la idea de un conjunto-de-relaciones cerrado, en el que los miembros reciben su valor de sus respectivas oposiciones, como la idea de una estructura abierta que consiste en varias redes-de-relaciones de este tipo que concurren, entonces el término "sistema" es apropiado y completamente suficiente.  El problema es que los términos establecidos tienden a retener las nociones antiguas.  Es necesario, pues, acuñar nuevos términos para resaltar los conceptos que realizen, incluso si, en principio, los términos antiguos serían suficientes

Ha de admitirse que el nivel de análisis exhaustivo puede ser más limitado, dado que es más difícil manejar un sistema abierto que uno cerrado.  Quizá se deje mayor lugar a los "desórdenes", y la noción de " lo sistémico" ya no se identificará erróneamente con la de "lo sistemático".  Estas son ciertamente desventajas desde el punto de vista de la teoría de sistemas estáticos.  Pero desde la perspectiva de la teor&iacut e;a de sistemas dinámicos no lo son en absoluto.  El sincronismo puede, sin duda, dar cuenta de la idea general de función y funcionamiento, pero no del funcionamiento del lenguaje, o de cualquier otro sistema semiótico, en un territor io específico en el tiempo.  Siempre puede reducirse la heterogeneidad de la cultura en sociedad a las clases dominantes tan solo, pero esto no se sostiene una vez que el factor tiempo, esto es, la posibilidad del cambio y sus mecanismos rectores, s e toma en cuenta.  La profunda heterogeneidad de la cultura es quizá más "palpable", por así decirlo, en casos tales como cuando una determinada sociedad es bilingüe o plurilingüe (situación que hasta hace poco fue com ún en la mayoría de las comunidades europeas).  En el ámbito de la literatura, por ejemplo, esto se manifiesta en una situación en que una comunidad posee dos (o más) sistemas literarios, como si de dos "literaturas" se t ratase.  Para los estudiosos de la literatura, confinarse a sólo una de ellas, ignorando la otra, al enfrentarse a tales casos, es naturalmente más "conveniente" que ocuparse de ambas.  En realidad, ésta es una práctica com&uacut e;n en los estudios literarios; todo énfasis sobre la insuficiencia de los resultados es poco.

La hipótesis del polisistema, no obstante, está concebida precisamente para dar cuenta de tales casos, así como de los menos llamativos.  No sólo hace posible, de este modo, integrar en la investigación semiótica o bjetos (propiedades, fenómenos) hasta aquí inadvertidos o simplemente dejados de lado, sino que, más bien, tal integración se vuelve ahora una pre-condición, un sine qua non, para la adecuada comprensión de cualqu ier campo semiótico.  Esto quiere decir que no se puede dar cuenta de la lengua estándar sin ponerla en el contexto de las variedades no-estándar; la literatura para niños no se considerará un fenómeno sui generis, sino relacionado con la literatura para adultos; la literatura traducida no se desconectará de la literatura original; la producción de literatura de masas (thrillers, novelas sentimentales, etc.)  no será rechazada simplemente como " no-literatura" para evitar reconocer su dependencia mutua con la literatura "individual".

Yendo más lejos, puede parecer trivial (pero un énfasis especial está justificado) decir que la hipótesis del polisistema implica un rechazo de los juicios de valor como criterios para una selección a priori de los objet os de estudio.  Esto debe recalcarse particularmente en el caso de los estudios literarios donde todavía existe confusión entre investigación y crítica.  Si se acepta la hipótesis del polisistema, ha de aceptarse tambi&eac ute;n que el estudio histórico de polisistemas históricos no puede circunscribirse a las llamadas "obras maestras", incluso aunque algunos las consideren la única razón de ser inicial de los estudios literarios.  Este tipo de el itismo no es compatible con una historiografía literaria, del mismo modo que la historia general no puede ya ser la narración de las vidas de reyes y generales.  En otras palabras, en tanto que estudiosos dedicados a descubrir los mecanismos de la literatura, no parecemos tener la posibilidad de evitar reconocer que cualesquiera juicios de valor prevalentes en un período dado son parte integral de esos mecanismos.  Ningún campo de estudio, ya sea "científico" en sentido la to o en un sentido más riguroso, puede seleccionar sus objetos según reglas de gusto.

Excluir la selección de objetos de estudio según el gusto no implica que sector alguno de las ciencias del hombre excluya "valores" particulares o la valoración en general como factores activos de los que das cuenta.  No es posible com prender el comportamiento de ningún sistema humano sin estudiar tales normas de valoración.  En este punto, pues, quisiera hacer una advertencia contra una interpretación errónea de mi argumento; aquí no se defiende un pr ograma "objetivista" en el sentido ingenuo de esta palabra.  Como se pondrá de manifiesto en lo que sigue, en el corazón mismo de cualquier teoría de la estratificación funcional se encuentra el estudio de las normas culturales.

2. 2. Estratificación dinámica y productos sistémicos

La heterogeneidad puede reconciliarse con la funcionalidad si asumimos que las unidades (elementos o funciones)* que aparentemente son irreconciliables, más que correlacionarse las unas con las otras en tanto que unidades (elementos o funciones) in dividuales, constituyen sistemas de opciones concurrentes parcialmente alternativos.  Estos sistemas no son iguales, sino que están jerarquizados en el seno del polisistema.  Lo que constituye el estado sincrónico (dinámico) del sistema ―ha sugerido Tynjanov― es la lucha permanente entre varios estratos.  Lo que constituye el cambio en el eje diacrónico es la victoria de un estrato sobre otro.  En este movimiento opuestamente centrífugo y centrípeto, los fenómenos son arrastrados del centro a la periferia, mientras, en sentido contrario, ciertos fenómenos pueden abrirse paso hasta el centro y ocuparlo.  Un polisistema, no obstante, no debe pensarse en términos de un solo centro y una sola periferia, puesto que teóricamente se suponen varias de estas posiciones.  Puede tener lugar un movimiento, por ejemplo, en el cual cierta unidad (elemento, función) se transfiera de la periferia de un sistema a la periferia del sistema adyacente dentro del mismo polisistema, y en ese caso podrá luego continuar moviéndose, o no, hacia el centro del segundo.

Tradicionalmente, a menudo nos hemos enfrentado con los resultados de tales transformaciones o bien sin caer en la cuenta de que han ocurrido, o bien ignorando su origen.  Como en la práctica el (uni-)sistema ha sido identificado exclusivamente con el estrato central (esto es, con la cultura oficial tal como se manifiesta, inter alia, en la lengua estándar, la literatura canonizada o las pautas de conducta de las clases dominantes, las periferias se han concebido en el mejor de los casos como categóricamente extra-sistémicas, punto de vista que coincide, por supuesto, con el "punto de vista interno" de las "personas-en-la-cultura" (cfr.  Lotman et al.  1975; Voegelin 1960).  Esta actitud ha conducido a cierto número de resul tados.  En primer lugar, no había consciencia de las tensiones entre estratos en un sistema, y, por tanto, el valor (función, "significado") de una pluralidad de unidades pasaba inadvertido; estas unidades estaban en clara oposición co n otras unidades concurrentes, cuya existencia y naturaleza se ignoraban.  En segundo lugar, como se ha afirmado ya, no podía darse cuenta del proceso de cambio, y los cambios tenían que explicarse en términos de invenciones individual es de mentes imaginativas o "influencias" de otra fuente, normalmente en el nivel individual y, a menudo, aislado (otro escritor, una obra específica, etc.)  En tercer lugar, los cambios manifestados materialmente (en tanto que distintos del proceso de cambio) no podían integrarse, puesto que su naturaleza estaba oculta a los ojos del observador.  Consideramos, por ejemplo, la reducción de la creatividad del artista a vagas nociones tales como "imaginación" e "inspiración" .  El emplearlas supone de hecho renunciar a la posibilidad de desenmarañar el intrincado complejo que constituye las condiciones en las que un escritor trabaja, parte de la cual consiste en ciertas construcciones pertinentes, mientras que parte es función de la capacidad personal del escritor para crear nuevas condiciones impuestas no sobre él, sino por él mismo.

Las causas iniciales por las que una transferencia tiene lugar, las razones de transferencias específicas y cómo se realizan (llevan a cabo), son cuestiones de las que la teoría del Polisistema ha venido ocupándose de modo crec iente, en proporción directa con el aumento del número de casos en que ha sido puesta a prueba en los últimos años.

Una cosa ha quedadoha llegado a ser clara: las relaciones existentes dentro del polisistema no sólo dan cuenta de procesos del polisistema, sino también de procedimientos en el nivel del repertorio.  Quiere esto decir que las constricc iones del polisistema resultan relevantes respecto a los procedimientos de selección, manipulación, amplificación, eliminación, etc., que tienen lugar en los productos de hecho (verbales y no-verbales) pertenecientes al polisis tema.  Así pues, aquéllos que se interesan no por los procesos que tienen lugar en su campo específico, como la lengua y la literatura, sino por la constitución "de hecho" de los productos (por ejemplo, emisiones lingü&iacu te;sticas, textos literarios), no pueden evitar tener en cuenta el estado del polisistema particular con que se enfrentan.  Naturalmente, cuando se trataban únicamente productos oficiales (emisiones de la lengua estándar, "obras maestras" de la literatura), la labor de las constricciones del polisistema no podía a menudo detectarse.  Como los investigadores no alcanzaban a ver la conexión entre, por una parte, la posición de textos y modelos (propiedades, rasgos) en el tod o estructurado (al cual pertenecen) y, por otra, las decisiones tomadas en su producción, el único refugio posible quedó en las explicaciones locales (por ejemplo, en el estudio de la traducción, "errores", "interpretaciones eq uivocadas", "mala imitación", etc.)  (Para una discusión más detallada de la literatura traducida vid.  infra, "La posición de la literatura traducida en el polisistema literario.")

2. 2.1. Estratos canonizados frente a estratos no-canonizados

Parece haber sido Shklovskij quien conceptualizó por primera vez las distinciones socioculturales en la producción de textos en términos de estratificación literaria.  Según él (1921, 1923),

en literatura ciertas propiedades son canonizadas mientras que otras permanecen no-canonizadas.  Desde tal punto de vista, por "canonizadas" entendemos aquellas normas y obras literarias (esto es, tanto modelos como textos) que en los círculos domin antes de una cultura se aceptan como legítimas y cuyos productos más sobresalientes son preservados por la comunidad para que formen parte de la herencia histórica de ésta.  "No-canonizadas" quiere decir, por el contrario, aquel las normas y textos que esos círculos rechazan como ilegítimas y cuyos productos, a la larga, la comunidad olvida a menudo (a no ser que su status cambie).  La canonizidad no es, por tanto, un rasgo inherente a las actividades textuales a niv el alguno: no es un eufemismo para "buena literatura" frente a "mala literatura".  El hecho de que en ciertos períodos ciertos rasgos tiendan a agruparse en torno a este o aquel status no implica que tales rasgos sean "esencialmente" pertinentes a u n status determinado.  Obviamente, las propias personas-en-la-cultura pueden en uno u otro período concebir en tales términos estas distinciones, pero al historiador le está permitido usarlas sólo como prueba del conjunto de nor mas de un período.  En su posterior colección de ensayos, O teorii prozy (1925), Shklovskij reitera alguna de las hipótesis que habrá lanzado en Rozanov (1921).  (Vid.  en especial Shklovskij 1925: 226-228 [Alemán: Shklovskij 1966: 163 -165; italiano: Shklovskij 1976: 271-273]).  La contribución de Shklovskij al desarrollo de una teoría de la historia literaria está del todo valorada en la famosa evaluación de Ejxenbaum (Ejxenbaum 1927; traducción ingle sa en Matejka y Pomorska 1971: 3-37).

En ésta como en otras cuestiones, la práctica terminológica de Shklovskij apenas es sistemática.  En Rozanov y otras publicaciones oscila entre literatura (o línea) "no-canonizada", por un lado, y "subalterna", por otro (Mladshaja literatura [linija ]).  Además, aunque, para asuntos profanos, "canonizado" (kanonizirovannyj ) parecer ser la palabra más "natural" en ruso, antes que "canónico" (kanonicheskij ), la distin ción se desdibuja en al menos algunas otras lenguas, particularmente en inglés.  Mientras que "canónico" puede sugerir (y así ocurre en los escritos de muchos críticos de habla inglesa o francesa) la idea de que ciertos r asgos son intrínsecamente"canónicos" (francés "canonique"), "canonizado" (francés "canonisé") subraya claramente que tal estado es resultado de un acto (actividad) ejercido sobre un cierto material, no una caracte rística de la naturaleza primordial de ese material "en sí".  Por esto es por lo que recomiendo atenerse a la práctica de Shklovskij también en otras lenguas europeas.

Las tensiones entre cultura canonizada y no-canonizada son universales.  Están presentes en toda cultura humana, simplemente porque no existe una sociedad humana no estratificada, ni siquiera en Utopía.  No hay en el mundo una sola lengua no e stratificada, incluso aunque la ideología dominante que rija las normas del sistema no admita una consideración explícita de ningún otro estrato más que los canonizados.  Lo mismo vale para la estructura de la sociedad y todo lo que este complejo fenómeno implica.

La ideología de una cultura oficial como la única aceptable en una sociedad dada ha tenido como consecuencia una masiva compulsión cultural que afecta a naciones enteras mediante un sistema educativo centralizado y que hace imposible, incluso a estudiosos de la cultura, observar y valorar el papel de las tensiones dinámicas que operan en el seno de la cultura para su efectivo mantenimiento.  Como un sistema natural que necesita, por ejemplo, regulación térmica, los sistemas culturales necesitan también un equilibrio regulador para no colapsarse o desaparecer.  Este equilibrio regulador se manifiesta en oposiciones de estratos.  Los repertorios canonizados de un sistema cualquiera se estancarían muy prob ablemente pasado cierto tiempo, si no fuese por la competencia de rivales no-canonizados, que amenazan a menudo con reemplazarlos.  Bajo la presión de éstos, los repertorios canonizados no pueden permanecer inalterados.  Esto garantiza la evol ución del sistema, que es el único modo de conservarlo.  Por otra parte, cuando no se da salida a la presión, a menudo somos testigos bien del abandono gradual de un sistema y del desplazamiento hacia otro (por ejemplo el latín es sustituído por sus diferentes variedades vernáculas romances), bien de su total colapso por medio de una revolución (deposición de un régimen o desaparición total de modelos conservados hasta el momento, etc.).

Parece que cuando no hay "sub-cultura" (literatura popular, arte popular, "cultura inferior" en cualquier sentido, etc.), o cuando no se permite ejercer presión real sobre la cultura canonizada, hay pocas oportunidades para que exista una cultura c anonizada dotada de viabilidad.  Sin la estimulación de una fuerte "sub-cultura", cualquier actividad canonizada tiende a fosilizarse gradualmente.  Los primeros pasos hacia la fosilización se manifiestan en un alto grado de cerrazón y una creciente estereotipación de los diversos repertorios.  Para el sistema, la fosilización es un trastorno operacional: a largo plazo impide hacer frente a las cambiantes necesidades de la sociedad en que funciona.  Si se concibe esta incapa cidad en términos de incapacidad cultural ―concepto apenas explicado por el momento―, hay varias manifestaciones posibles de ella.  En el caso de la literatura, uno de los principales organizadores de la cultura humana, esto no signifi ca necesariamente que la desintegración inmediata se vuelva inminente.  La literatura como institución socio-cultural puede continuar existiendo para siempre, pero su grado de "adecuación" puede muy bien juzgarse según su posici ón en la cultura.  (Por ejemplo, ser empujada a la periferia en el seno de una cultura puede ser un claro indicio de tal inadecuación).

Por norma general, el centro del polisistema entero es idéntico al repertorio canonizado más prestigioso.  Así, es el grupo que rige el polisistema el que en última instancia determina la canonicidad del cierto repertorio.  Una v ez se ha decidido la canonicidad, ese grupo o bien se adhiere a las propiedades canonizadas por él (lo que, por consiguiente, les da el control del polisistema), o bien si es necesario, modifica el repertorio de propiedades canonizadas con el fin d e mantener el control.  Por otra parte, si fracasan en el primer o en el segundo procedimiento, tanto el grupo como su repertorio canonizado son empujados al margen por otro grupo, que se abre camino hacia el centro canonizando un repertorio diferente.  Los que todavía tratan de adherirse al repertorio canonizado desplazado sólo en varias ocasiones pueden obtener el control del centro del polisistema; normalmente, se hallan en la periferia de lo canonizado, denominados peyorativamente (por los portadores de la cultura oficial) "epígonos".  No obstante, como los polisistemas pueden estancarse, los "epígonos" pueden perpetuar un repertorio establecido durante mucho tiempo, de modo que finalmente se identifican ―desde el punto de vista de la estratificación― con el grupo original que dio inicio al estado de cosas.

2. 2.2. Sistema frente a repertorio frente a textos

En el (poli)sistema, la canonicidad se manifiesta con mayor concreción en el repertorio.  Mientras que el repertorio puede estar canonizado o no, el sistema al que pertenece un repertorio puede ser central o periférico.  Naturalmente, cuando u n sistema central es sede de repertorios canonizados, puede hablarse abreviadamente de sistemas canonizados frente a sistemas no-canonizados, a pesar de la imprecisión que ello introduce en nuestra terminología.  El repertorio se concibe aqu& iacute; como el agregado de leyes y elementos (ya sean los modelos aislados, ligados o totales) que rigen la producción de textos.  Mientras que algunas de estas leyes y elementos parecen ser universalmente válidos desde las primeras literatu ras del mundo, es claro que gran cantidad de leyes y elementos están sujetos a condiciones cambiantes en diferentes períodos y culturas.  Este sector local y temporal del repertorio es la fuente de las luchas en el sistema literario (o en cua lquier otro sistema semiótico).  Pero no hay nada en el repertorio mismo capaz de determinar qué sección de él puede ser (o volverse) canonizada o no, del mismo modo que las distinciones entre "estándar", "elevado", "vulg ar" o "argot" en la lengua no están determinadas por el repertorio lingüístico mismo, sino por el sistema lingüístico, esto es, el agregado de factores que operan en sociedad implicados en la producción y consumo de e nunciados lingüísticos.  Así pues, son estas relaciones sistémicas lo que determina el estatus de ciertas unidades (propiedades, rasgos) en una lengua dada.  La selección de un cierto agregado de rasgos para el consumo de un cierto grupo de status es, por tanto, externa al agregado mismo.  De modo semejante, el status de cualquier repertorio literario está determinado por las relaciones que existen en el (poli)sistema.  Obviamente, un repertorio canonizado es apoyado po r élites conservadoras o innovadoras y, consequentemente, está limitado por las pautas culturales que rigen el comportamiento de aquéllas.  Si la élite reclama sofisticación y excentricidad (o lo contrario, esto es, "senc illez"* y conformismo) para satisfacer su gusto y controlar el centro del sistema cultural, el repertorio canonizado se adherirá a estos rasgos tan firmemente como le sea posible.

En este enfoque, pues, la "literatura" no puede concebirse ni como un conjunto de textos, un agregado de textos (lo que parece un enfoque más avanzado), ni como un repertorio.  Los textos y el repertorio son sólo manifestaciones parciales de la literatura, manifestaciones cuyo comportamiento no puede explicarse por su propia estructura.  Su comportamiento es explicable en el nivel del (poli)sistema literario.

Sin duda, los textos son los productos más obviamente visibles del sistema literario, al menos en muchos períodos de su historia.

Evidentemente, para un individuo cualquiera, lo que importa es el producto último de cualquier actividad: para el consumidor individual el único objeto de interés son normalmente los productos industriales, antes que los factores que rigen la industria que hace los productos.  Es evidente, con todo, que para cualquiera que se interese por entender la industria como una actividad compleja, ésta no puede analizarse exhaustivamente por medio de sus productos, incluso aunque los pro ductos puedan parecer la razón de ser misma de sus operaciones.  En el sistema literario, los textos, más que desempeñar un papel en los procesos de canonización, son el resultado de estos procesos.  Sólo en su funci&oacut e;n de representantes de modelos son los textos factor activo en las relaciones sistémicas.

Es difícil desterrar imágenes respetadas a lo largo del tiempo, y parece "natural", por tanto, que producir y consumir textos haya sido siempre la actividad más importante en la "literatura".  En ciertos períodos, no obstante, e l texto era más bien marginal frente a otras actividades en el sistema literario, tales como el escritor o algún "acontecimiento total" bajo la forma de actuaciones diversas.  Quisiera sugerir que, en la mayor parte de los casos, la defensa d e textos (y modelos) antiguos, no es necesariamente signo de un interés excesivo en ellos, sino más bien signo de parcial indiferencia respecto a ellos.  Cuando han sido perpetuados durante suficiente tiempo, los "textos" se vuelven gradualme nte factores marginales en la "literatura".  (Por supuesto, pueden citarse e incluso reverenciarse partes de textos, tales como versos, estrofas, o expresiones seleccionadas, pero en la mayor parte de los casos quedan separadas de sus [con]textos originale s).

2. 2.3. Canonicidad estática frente a canonicidad dinámica

Parece necesario, por tanto, distinguir claramente entre dos usos diferentes del término "canonicidad": uno referente al nivel de los textos; otro, al nivel de los modelos.  Pues una cosa es introducir un texto en el canon literario, y otra, introdu cirlo a través de su modelo en un repertorio.  En el primer caso, que puede ser denominado canonicidad estática, un texto es aceptado como producto concluido y se lo inserta en un conjunto de textos santificados que la literatura (cultura) de sea conservar.  En el segundo caso, que puede denominarse canonicidad dinámica, un cierto modelo literario logra establecerse como principio productivo en el sistema por medio del repertorio de éste.  Es esta última clase de canonizaci& oacute;n la que efectivamente genera el canon, que de este modo puede contemplarse como el grupo de supervivientes de las luchas de canonización, probablemente los más obvios productos de ciertos modelos establecidos con éxito.  Natura lmente, cualquier texto canónico puede ser reciclado en un momento dado e introducido en el repertorio para convertirse de nuevo en un modelo canonizado.  Pero una vez reciclado, ya no desempeña su papel en calidad de producto terminado, sino en tanto que potencial conjunto de instrucciones, esto es, en tanto que modelo.  El hecho de que haya sido en algún momento canonizado y de que se haya vuelto canónico, esto es, santificado, puede o no resultarle ventajoso frente a productos no canónicos que, por el momento, carecen absolutamente de posición.

Se ha sostenido que un sistema funciona mejor con un canon que sin él.  Parece que un canon estático es condición primaria para que un sistema sea reconocido como actividad distinta en la cultura.

También es obvio que, en un nivel superficial, los productores de textos (escritores) luchan para que sus textos sean reconocidos y aceptados como tales.  Pero incluso para estos mismos escritores lo que realmente importa es que sus textos sean cons iderados manifestación, realización exitosa, de un cierto modelo que seguir.  Sería una terrible decepción para los escritores que se aceptasen sus textos, pero se rechazasen sus modelos literarios.  Desde su punto de vista, esto significaría el fin de su productividad en el seno de la literatura, indicación de su falta de influencia y efectividad.  Ser reconocido gran escritor, pero rechazado como modelo para la literatura viva, es una situación a que ning&ua cute;n escritor que participe en el juego puede resignarse indiferentemente.  Los escritores con una más aguda conciencia de su posición y con una más vigorosa y flexible capacidad de maniobra siempre han tratado de modificar tal situa ción si se daba el caso de que se encontrasen en ella.  Boris Ejxenbaum ha mostrado (1927b, 1929, 1928/31 [Eichenbaum en inglés 1971]) cómo Tolstoj reaccionó contra el rechazo a sus modelos literarios (mientras sus textos y su p osición personal en el canon histórico estaban ya asegurados) introduciendo modelos literarios completamente diferentes varias veces durante su vida.  Un caso muy similar es el de la carrera literaria de August Strindberg, que en varias ocasi ones logró permanecer en el centro del repertorio productivo canonizado cambiando de un grupo de modelos a otro.  Otros escritores, quizá la gran mayoría de ellos, normalmente se adhieren a un solo grupo de modelos a lo largo de su car rera literaria.  Aunque pueden producir, de acuerdo con los mismos modelos (anteriores), textos más logrados que antes, es posible que pierdan su posición contemporánea (si bien no necesariamente su público, que de este modo se desplaza con ellos del centro a la periferia del sistema literario).  Esto es prueba evidente de que los escritores adquieren posiciones en el sistema literario no por medio de sus textos en tanto que tales.  Un nuevo ocupante dominante del centro quiz&aacu te; no les niegue su posición en el canon estático, pero, al mismo tiempo, puede rechazarlos como modelos aceptables para confeccionar nuevos textos.  Otras veces, sin embargo, este rechazo ―al menos en sus fases iniciales― impl ica también el rechazo del canon de estos escritores destronados, esto es, de sus textos.

Esta es una hipótesis vigente en muchos estudios culturales.  Para algunas discusiones recientes vid.  Segal 1982 y Sheffy 1985, donde este tema recibe un tratamiento extremadamente original e interesante.

2. 2.4. Tipos primarios frente a tipos secundarios

Como ya se ha dicho (2.2), las transferencias están también ligadas necesariamente a procedimientos específicos impuestos a las propiedades implicadas en ellas.  Las transferencias, en otras palabras, están correlacionadas con l a transformación.  Estos procedimientos, de varias clases, pueden definirse a veces como precondiciones de las transferencias, mientras que en otros casos son claramente resultado de éstas.  El que sean lo uno o lo otro depende del estado espe cífico del polisistema y de nuestra capacidad para descubrir ciertas reglas generales respecto a la correlación entre transferencia y transformación.  No está muy claro, inicialmente, que haya dos principios distintos implicados , ya que estos procedimientos están íntimamente ligados al proceso que se discute, y ya que, a lo largo de ciertos períodos de la historia del lenguaje o de la literatura, los procedimientos tienden a operar de modo casi permanente en el seno de ciertos estratos.  Parecen ser, más bien, intercambiables de algún modo.  Temo que ésta era la descripción del asunto en anteriores obras mías, pero éstas fueron ya corregidas explícitamente en mi ensayo "The Polysystem Hypothesis Revisited" (Even-Zohar 1978: 28-35).  Como principio rector de los procedimientos implicados en una transferencia (y en la estratificación del polisistema en general), propuse (1974, 1978: 14-20) la oposició n entre tipos "primarios" y "secundarios".  Pero, dado que en los corpora literarios que yo había analizado efectivamente, los tipos "primarios" tendían a aparecer exclusivamente en el repertorio canonizado (y los "secundarios" en el no-canon izado), comencé a usar el término "sistema primario" para un "repertorio canonizado que posee tipos primarios".  Esta no era una práctica adecuada, pues desdibujaba el problema y, además, es incorrecta si se toman en consideraci ón períodos distintos de los que yo entonces discutí (cf.  Yahalom 1978, 1980; Drory 1988).

La oposición primario frente a secundario es la de innovación frente a conservadurismo en el repertorio.  Cuando se establece un repertorio y todos sus modelos derivados se construyen de completo acuerdo con lo que permite, nos las habemos co n un repertorio (y sistema) conservador.  Cualquier producto individual (enunciado, texto) será entonces altamente predecible, y cualquier desviación se considerará escandalosa.  A los productos de tal estado los denomino "secundarios".  Por otra parte, el aumento y re-estructuración de un repertorio mediante la introducción de elementos nuevos, como resultado de lo cual cada producto se vuelve menos predecible, son expresiones de un repertorio (y sistema) innovador.  Los mo delos que ofrece son de tipo "primario": la pre-condición de su funcionamiento es la discontinuidad en modelos establecidos (o en elementos de ellos).  Esta es, por supuesto, una noción puramente histórica.  Un modelo "primario" cualqui era no tarda mucho en transformarse en "secundario", una vez admitido en el centro del sistema canonizado, si se perpetúa durante suficiente tiempo.  La lucha entre las opciones primarias y secundarias es tan decisiva para la evolución del si stema como la tensión (y lucha) entre estratos altos y bajos en el sistema.  Naturalmente, el cambio ocurre cuando un modelo primario se vuelve dominante en el repertorio y consiguientemente en el (poli)sistema: su perpetuación denota estabil ización y nuevo conservadurismo.  Habitualmente, la perpetuación se rige por sus propias reglas específicas.  Así, hasta ahora no ha sido posible observar la perpetuación de un modelo primario sin modificaciones estructura les concomitantes que pueden llamarse, de modo ad hoc, "simplificación."  Esto no significa que los modelos primarios sean más sofisticados que los secundarios, sino que en el curso de su perpetuación, y en el seno de los modelos secun darios que finalmente emergen de ellos, tiene lugar un proceso de reducción.  Modelos heterogéneos, por ejemplo, se transforman en modelos homogéneos; se reduce el número de pautas incompatibles (esto es, tipos diferentes de "am bigüedad") en el seno de la misma estructura; relaciones complejas son sustituidas gradualmente por otras que lo son menos, y así en adelante.  Naturalmente, los procedimientos inversos tienen lugar cuando un modelo secundario sufre una manipul ación tal que finalmente se transforma en uno primario.

Como he sostenido antes, la canonicidad no se solapa necesariamente con la primariedad, aunque éste puede haber sido el caso en las épocas más recientes, esto es, desde la Era Romántica.  Es importante, por tanto, descubrir las relaciones que existen entre canonicidad e innovación.  Cuanto más observamos la literatura con ayuda de estas nociones, tanto más evidente parece el que nos las habemos con un mecanismo semiótico general más que con uno exclusivamente literario.  Como aquéllos que controlan los sistemas los gobiernan, por qué instrumentos se lucha depende de su eficacia relativa en el control del sistema.  Así, cuando el control sólo puede lograrse por medio del cambio, éste se vuelve el principio rector popular.  No será así, sin embargo, mientras la perpetuación, más que la innovación, pueda satisfacer a aquéllos que podrían perder más con el cambio .  Naturalmente, una vez que se produce una conquista, el nuevo repertorio no admitirá elementos que puedan verosímilmente poner en peligro su dominio del sistema.  El proceso de "secundarización" de lo primario resulta así inevi table.  Lo refuerza además otro mecanismo de "secundarización" paralelo, por medio del cual un sistema logra reprimir la innovación.  Mediante tal proceso, nuevos elementos son retraducidos, por así decirlo, a términos vie jos, imponiendo de este modo funciones anteriores a portadores nuevos, antes que cambiar funciones.  De este modo, como en el caso de un nuevo régimen que prolonga las instituciones del antiguo al transferir sus funciones a nuevos cuerpos, de igual manera un modelo literario primario, alterado gradualmente, se incorpora al haber de modelos secundarios de una etapa previa.  Desde un punto de vista semiótico, éste es un mecanismo por medio del cual lo que se entiende de modo menos inmedia to, lo menos descifrable, deja de serlo.  Lo menos familiar y, por tanto, más intimidador, exigente, y cargado de información, se vuelve más familiar, menos intimidador, y así en adelante.  Empíricamente, esto parece ser l o que la abrumadora mayoría de los consumidores de cultura prefieren realmente, y cuando se desea controlarlos, esta preferencia ha de ser completamente satisfecha.

2. 3. Intra- e inter-relaciones

Los principios y propiedades discutidos en los párrafos anteriores respecto a las intra-relaciones del polisistema parecen ser válidos también respecto a sus inter-relaciones.  En estas inter-relaciones están implicadas dos clas es de sistemas adyacentes: un todo mayor perteneciente a la misma comunidad, y un todo, o sus partes, perteneciente a otras comunidades, ya sea del mismo orden (clase) o no.

2. 3.1. Intra-relaciones

En el primer caso, tal visión se basa en la idea asumida de que cualquier (poli)sistema semiótico (como la lengua o la literatura) no es más que un componente de un (poli)sistema mayor ―el de la "cultura", al que está su bordinado y con el que es isomórfico― y está correlacionado, por tanto, con este todo mayor y sus otros componentes.  La teoría del polisistema proporciona hipótesis menos simplistas y reduccionistas que otras ante la com plicada cuestión de cómo se correlaciona la literatura con la lengua, la sociedad, la economía, la política, la ideología, etc.  Ya no es necesario asumir que los hechos sociales, por ejemplo, han de encontrar una expresi ón inmediata, unidireccional y unívoca en el nivel del repertorio literario, como a la sociología primitiva a la Historia de las Ideas, Marxismo (ortodoxo) incluido, les gustaría que creyésemos.  Las intrincadas correlaci ones entre estos sistemas culturales, si se los contempla como de naturaleza isomórfica y como funcionales sólo en el seno de un todo cultural, pueden observarse sobre la base de sus intercambios mutuos, que a menudo ocurren de modo oblicuo, esto es por medio de mecanismos de transmisión, y a menudo a través de periferias.  Esto se ha demostrado en el caso de diferentes estratos que funcionan en buena medida en la periferia, tales como la literatura traducida.  Toury (1977, 1980) , Shavit y Shavit (1974), Shavit (1978, 1980, 1986), Yahalom (1978, 1980), Sheffy (1985), y otros, proporcionan abundante material y análisis detallados de estos casos.

Más aún, si asumimos que el sistema literario, por ejemplo, es isomorfo con ―pongo por caso― el sistema social, sus jerarquías podrán concebirse sólo en intersección con las de éste últ imo.  La idea de una literatura poco estratificada que se estratifica más ―que yo propuse como universal de los sistemas (Even-Zohar 1978: 39)― puede entenderse, pues, gracias a las relaciones hipotéticas propuestas por la teor& iacute;a del Polisistema respecto al polisistema literario.  La concepción de la literatura como una institución socio-cultural semi-independiente separada sólo puede sostenerse pues, si el polisistema literario, como cualquier otro si stema socio-cultural, se concibe como simultáneamente autónomo y heterónomo respecto a todos los demás co-sistemas.  Así, los hechos de la "vida literaria" (byt; Ejxenbaum 1929: especialmente 49-86 y 109-114; 1971), esto es, la institución literaria (constituida por, ejemplo, ideologías literarias, casas editoras, crítica, grupos literarios, o cualquier otro medio para dictar pautas de gusto o dar normas), aunque innegablemente se comportan como siste mas socio-culturales semi-independientes que obedecen sus propias leyes, deben también reconocerse como factores integrales del sistema literario propiamente dicho.  De hecho, este reconocimiento, más bien vago e incluso en el Formalismo Ruso tardío, parece haber constituido un problema central al menos para el último Ejxenbaum, quien cruzó de este modo muchos límites inviolables a los que otros no se atreverían ni a acercarse.  Pero incluso en su caso, estas cuestiones están más bien implícitas, antes que expresamente planteadas.

2. 3.2. Inter-relaciones

Respecto al segundo caso, esto es, las correlaciones que un sistema mantiene con sistemas controlados por otras comunidades, son válidas las mismas hipótesis.  Del mismo modo que un agregado de fenómenos operando en una cierta comunida d puede concebirse como un sistema que forma parte de un polisistema mayor, el cual, a su vez, no es más que un componente en el seno del polisistema más amplio de la "cultura" de dicha comunidad, así también este último puede concebirse como componente de un "mega-polisistema", esto es, uno que controla y organiza varias comunidades.  Tales unidades, en la historia, no están en modo alguno bien definidos o completadas para siempre.  Antes bien, lo contrario resulta cierto, pues los límites que separan sistemas adyacentes se desplazan continuamente, no sólo dentro de los sistemas, sino también entre ellos.  Las nociones mismas de "dentro" y "entre" no pueden tomarse estáticamente o darse p or sentadas.

Consideramos el caso más evidente, el de las comunidades europeas y sus literaturas y culturas en general.  Claramente, a lo largo de la Edad Media, la Europa Central y Occidental constituyó un polisistema, en el cual el centro estaba ocupado por la literatura escrita en latín, mientras se producían concurrentemente textos en las lenguas vernáculas (ya oralmente o por escrito) como parte de actividades periféricas.  Siguiendo un largo proceso de deterioro gradual, e ste sistema, con su repertorio canonizado perpetuado, se colapsó finalmente a mediados del siglo XVIII aproximadamente, para ser sustituido por una serie de (poli)sistemas monolingües más o menos independientes, cuyas interdependencias con los otros (poli)sistemas se hicieron cada vez más irrelevantes, al menos desde el punto de vista tanto de los consumidores como de las ideologías dominantes.  No obstante, parece que, para poder no sólo describir los principios gen erales de la interferencia, sino también explicar su naturaleza y causas, es necesario formular una hipótesis de estratificación.  Pues, cuando emergieron gradualmente las distintas naciones europeas y crearon sus propias culturas &hor bar;cuyos vehículos más explícitos eran sus nuevas literaturas, lenguas e historias oficiales―, ciertas relaciones de centro y periferia estaban inevitablemente presentes en el proceso desde su inicio mismo.  Culturas que se hab ían desarrollado más tempranamente y que pertenecían a naciones que influían a otras por su prestigio o mediante dominación directa, fueron tomadas como fuentes para culturas más recientes (incluyendo más r ecientemente culturas reconstruidas).  Como resultado, surgía inevitablemente una discrepancia entre los modelos transferidos, que a menudo eran de tipo secundario (por la razón evidente de que su identificación y la extracción de sus principios constructivos era más fácil), y los originales, dado que éstos últimos podrían muy verosímilmente haber sido empujados por entonces del centro de su propio sistema a la periferia.

Un caso muy interesante, es el que tales relaciones parecen bastante transparentes y pueden ser estudiadas con mucho detalle, es el de textos traducidos desde una literatura-objetivo más reciente a la particular literatura-fuente que había f uncionado, en primer lugar, como fuente de repertorio para aquélla.

No sorprende que, en este caso, los textos se traduzcan a menudo de acuerdo con los modelos más secundarizados de que se dispone en la literatura-objetivo.  Consiguientemente, pueden dar la impresión de ser productos "epigónicos" al p& uacute;blico del centro de la literatura-objetivo, si ésta se halla en estado de movimiento dinámico.  Al mismo tiempo, no obstante, éste puede ser el único modo de complacer a otros sectores del público de la literatura- objetivo, si ésta es la única manera que tienen de identificar un texto como propiamente "literario" y, consiguientemente, aceptable.  Este rasgo característico de tales textos carece naturalmente de importancia funcional respecto a su papel (o el papel de los modelos subyacentes) en su propia literatura.  Sólo cuando nos interesamos por descubrir los procesos y procedimientos mediante los cuales un sistema evoluciona o se mantiene, se vuelven indispensables tales consideraciones .

Ejemplos de casos tales pueden encontrarse en numerosas traducciones al francés o al alemán desde varias literaturas que han desarrollado sus repertorios sobre la base de las literaturas francesa o alemana: por ejemplo, la poesía flam enca decimonónica traducida al francés.  Otro ejemplo sería el de las traducciones al ruso de textos escritos en hebreo durante el final del siglo XIX y comienzos del XX, que, a su vez, habían sido moldeados según el repe rtorio ruso.

Sucintamente: para la teoría del Polisistema, es un objetivo principal, y una posibilidad a su alcance, enfrentarse a las particulares condiciones en que una literatura puede interferir con otra, como resultado de lo cual ciertas propiedades se tra nsfieren de un polisistema a otro.  Por ejemplo, si se acepta la hipótesis de que es probable que propiedades periféricas penetren en el centro una vez que la capacidad del centro (esto es, del repertorio del centro) para cumplir ciertas func iones se ha debilitado (segunda ley de Shklovskij), entonces no tiene sentido negar que ese mismo principio opera también a nivel inter-sistémico.  De modo semejante, es por medio de la estructura polisistémica de las literaturas impli cadas como podemos dar cuenta de los varios e intrincados procesos de interferencia.  Por ejemplo, en contra de la creencia común, la interferencia tiene lugar a menudo por medio de las periferias.  Cuando se ignora este proceso, simplemente no hay e xplicación para la aparición y funcionamiento de nuevos elementos en el repertorio.  Los textos semiliterarios, la literatura traducida, la literatura para niños ―todos aquellos estratos ignorados en los estudios literarios actu ales― son objetos de estudio indispensables para entender adecuadamente cómo y por qué ocurren las transferencias, dentro de los sistemas tanto como entre ellos.  (Para una discusión más detallada de la interferencia, vid .  infra "Leyes de interferencia literaria").

2. 4. Estabilidad e inestabilidad; Volumen del sistema.

Para que un sistema socio-cultural pueda operar sin necesidad de depender de sistemas extraños (esto es, de sistemas paralelos de otras comunidades), deben satisfacerse varias condiciones.  Hay buenas razones para creer, por ejemplo, que la heteroge neidad es una de estas condiciones.  Aquí, la ley de proliferación parece ser universalmente válida.  Esta ley, que propuse en 1975 (Even-Zohar 1978: 43) en una formulación diferente, significa simplemente que para satisfacer sus necesidades, un sistema pugna efectivamente por hacerse con un inventario creciente de opciones alternativas.  Cuando un sistema dado ha logrado acumular una reserva suficiente, hay buenas probabilidades de que el inventario doméstico baste para ma ntenerse y perdurar, a no ser que las condicones cambien drásticamente.  Si no, la única solución que queda, o, al menos, la más decisiva, son las transferencias inter-sistémicas, que se llevan inmediatamente a cabo a pes ar de la resistencia.  Naturalmente, sería muy deseable, y supondría en verdad un gran avance en nuestras teorías, saber cuán grande ha de ser "una reserva suficiente" para que el sistema funcione adecuadamente.  Tal conocimiento no se halla en estos momentos a nuestra disposición, si bien a nivel descriptivo puede hablarse de repertorios "mínimos", sin los que ningún sistema literario podría funcionar.  Estudios del surgimiento de repertorios (literari os) han mostrado que, desde el mismo momento inicial, ninguna literatura funciona con un repertorio pequeño; lo mismo vale para el sistema literario en tanto que complejo mayor.  En otras palabras, los hechos parecen demostrar razonablemente que, un a vez que un sistema comienza, la (ley de) proliferación se activa.

Esto puede dar la impresión de que resulta mejor para los intereses del sistema permanecer inestable; pero éste no es el caso.  En el nivel del sistema, no deben identificarse inestabilidad y cambio, del mismo modo que la estabilidad no debe identificarse con la fosilización.  En otras palabras, la estabilidad o inestabilidad del repertorio no reflejan, ni generan necesariamente, estabilidad o inestabilidad en el sistema.  Un sistema incapaz de mantenerse durante un cierto período de tiempo y que se encuentra a menudo al borde del colapso es inestable desde un punto de vista funcional, mientras que un sistema que sufre permanentemente cambios regulares y bien controlados puede considerarse con justeza estable, sencillamente porque perdura.  Sólo los sistemas estables de esta clase logran sobrevivir, mientras que los otros sencillamente se extinguen.  De este modo, las "crisis" y "catástrofes" de un polisistema (esto es, hechos que hacen preciso un cambio radical, ya se a por transferencia interna o externa), si el sistema las controla, son signos de vitalidad más que de degeneración.  El sistema se pone en peligro sólo cuando el cambio se vuelve incontrolable y, por tanto, inmanejable.  Naturalmente, desde el punto de vista de los que ocupan posiciones en el sistema, cualquier cambio que no puedan controlar pone en peligro sus posiciones, pero no necesariamente el sistema en tanto que tal.  Hay, por supuesto, casos históricos en que un repertori o en peligro hace peligrar al conjunto del sistema, pero en la mayoría de las ocasiones, ello es resultado de un largo estancamiento previo que no ha permitido una "dinámica normal".

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