ESTRELLA DIGITAL, 19 de julio de 2006
Luis Racionero
Norman Mailer está hecho un viejo cascarrabias —con 83 años y la vida que llevó no es para menos—, pero como muchos ancianos conserva la cabeza clara y suelta verdades como puños: que la televisión acabó con la literatura y que estamos al final de una época en que los escritores tenían una voz activa en la sociedad. Ahí nos duele. Según Mailer, hoy un americano medio razonablemente inteligente no sería capaz de citar los nombres de tres buenos escritores contemporáneos.
Vale esa afirmación para España?, por supuesto: aquí también acabó la era de la palabra y se ha entrado en la edad de la imagen. No es sólo la televisión, sino también los videojuegos, la fotografía, las reproducciones, el cine y el ordenador personal. Lo que antes se buscaba en la Enciclopedia Espasa o la Británica, ahora se consulta en Internet. Incluso las conferencias las dan personas que salen por la tele, no los que escriben libros, para no hablar de los best-sellers de los cómicos de televisión.
Entonces, ¿por qué se siguen publicando libros?, ¿por qué se editan más libros que nunca? Por lo mismo que las bicicletas: nadie usa hoy una bici para viajar, pero muchos la tienen para dar una vuelta el domingo por la mañana. Por otro lado, la mitad de los libros vendidos son de cocina, es decir, de autoayuda o bricolaje. Literatura, lo que se dice literatura, como quería Juan Marsé, se vende poca: a Shakespeare no lo leemos, lo vamos a ver en cine para que Al Pacino, por ejemplo, nos recite el papel de Shylock.
Lo que más se vende son libros para niños, como los de Rowling, o libros para casi niños, como los de Dan Brown. En definitiva, la narración, el qué pasó luego que encandila a los niños cuando se les cuenta un cuento.
Aunque a mí, como escritor, me fastidie que se haya acabado la edad del libro, debo reconocer que la era de la imagen puede traer grandes progresos. Los niños que ven tres horas diarias de televisión —cosa que yo no hice por la sencilla razón de que la televisión aún no existía— pueden adquirir una información que yo, con los libros, no hubiese amasado por más estudioso que fuera. Soy de los que creen que una imagen vale por mil palabras. El otro día tuve que escribir sobre el crimen en la catedral de Florencia de 1478 y bastó entrar en Internet la palabra Florencia para ver en foto el interior del Duomo. Si uno sabe lo que busca —lo cual no es tan fácil— Internet es una herramienta colosal.
Ese si es decisivo: ¿cómo se llega a saber lo que uno debe buscar en Internet?: adquiriendo una cultura general, que no está en Internet. Como enuncia el Teorema de Godel, siempre hay una base que esta fuera del propio sistema. En el caso de la cultura esa base la dan los libros y los profesores en los institutos y la universidad. Para tener criterio y adquirir una cultura general, creo que los libros son todavía imprescindibles.