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 Alberto Fuguet

Entrevistas y noticias actuales
LA PRIMERA, 20 de agosto de 2006

Entrevista: Alberto Fuguet. Escritor y cineasta chileno

"No creo en los premios"El Festival de Cine Latinoamericano 2006 fue un buen motivo para que Alberto Fuguet visite una vez más Lima con ocasión de presentar Se arrienda, su primer largometraje que lo sitúa dentro de la nueva generación de cineastas chilenos –a lado de Alicia Scherson (Play), Sebastián Bize (Sábado y En la cama), y Pablo Larraín (Fuga)–.
Pero además, la agendconcedió la siguiente entrevista.

Francisco Izquierdo Qa del escritor tuvo a bien la promoción de su última entrega ficcional, Cortos (Alfaguara), ocho relatos experimentales en los que priman dos factores claves en toda la obra del chileno: la innovación y la cultura pop.
Con ello, Fuguet, admirador confeso de Mario Vargas Llosa, a veces irascible, a veces propenso a la buena fe, pero sobre todo tratando siempre de mantener su distancia con todas las distintas coyunturas literarias existentes, nos
<fizquierdo@ednoperu.com>

–¿Qué tan estrechas son tus actividades periodísticas con tu labor como cineasta o escritor?
–Tanto para escribir como para dirigir, todo lo que tú hayas hecho antes te sirve. Te sirve haber viajado, haber vivido, haber sido periodista.

–¿Crees que en todas éstas prima tu criterio periodístico?
–Creo que mi formación es antes que nada pop y cinéfila. Y tercero, me olvidaba, personal, mía, con "mi" visión del mundo. Desde que era periodista, en una entrevista, trataba transformar a los entrevistados en personajes míos, más que yo adecuarme a ellos. Igual pasaba cuando hacía una crítica de alguna película.

–Creo que mi formación es antes que nada pop y cinéfila. Y tercero, me olvidaba, personal, mía, con "mi" visión del mundo. Desde que era periodista, en una entrevista, trataba transformar a los entrevistados en personajes míos, más que yo adecuarme a ellos. Igual pasaba cuando hacía una crítica de alguna película.
Yo siempre me he sentido y todavía me siento un fan, más que nada; siento que lo más me define es ser fan. Y cuando uno dirige, dirige también como fan.

–¿Pasa lo mismo en tu narrativa?
–Yo creo que sí. Yo creo que uno es fan y ser fan también implica ser enemigo, que uno escriba en contra de los libros que no te gustan y que escriba a favor de los libros que te gustan o de una visión de mundo que te agrada.

–Yo creo que sí. Yo creo que uno es fan y ser fan también implica ser enemigo, que uno escriba en contra de los libros que no te gustan y que escriba a favor de los libros que te gustan o de una visión de mundo que te agrada.
–¿Qué tan relevante es en tu trabajo la reacción de la crítica frente a tu obra?
–Y pasa que creo que no hay crítica, por eso todo es irrelevante.

–Y pasa que creo que no hay crítica, por eso todo es irrelevante.
–Lo decía por las críticas iniciales a ti, cuando se te catalogó de "extranjerizante"...
–Eso me afectó un poco. Cuando saqué mi primer libro, a los 24 años, pensé que todo el mundo me iba a felicitar, a hacer cariño, algo que piensa todo chico que publica un libro. Esa era mi expectativa.

–Eso me afectó un poco. Cuando saqué mi primer libro, a los 24 años, pensé que todo el mundo me iba a felicitar, a hacer cariño, algo que piensa todo chico que publica un libro. Esa era mi expectativa.
Pero pasó lo contrario. Ocurrió un vendaval. La opinión negativa de un crítico, un solo crítico (un sacerdote), que me destrozó en Chile, y a pesar de eso el libro se agotó al día siguiente.

Pero ahora, en el caso de Chile, y estoy seguro que en todas partes del mundo, ya no existe la crítica. No existe en el sentido de que no hay nadie que tenga el poder, no hay nadie en un diario particular que tenga el poder de decidir qué es bueno y qué es malo, definir la carrera del escritor y definir la historia de ese libro. Todo el mundo ahora tiene una opinión.

–¿Esto es beneficioso para el escritor?
–Absolutamente. Las únicas afectadas son aquellas personas que necesitan saber qué es bueno y qué es malo. Y por eso existen los premios, que son todos falsos, porque tratan de darle al público algo para que pueda sentirse seguro...

–Absolutamente. Las únicas afectadas son aquellas personas que necesitan saber qué es bueno y qué es malo. Y por eso existen los premios, que son todos falsos, porque tratan de darle al público algo para que pueda sentirse seguro...
–Una referencia...
–Una referencia, una seguridad de que está leyendo el libro correcto, el libro que está leyendo todo el mundo.

–Una referencia, una seguridad de que está leyendo el libro correcto, el libro que está leyendo todo el mundo.
–¿Entonces no crees en los premios?
–No creo mucho en los premios.

–No creo mucho en los premios.
–¿Los premios de editoriales o en general?
–Los premios en general. Bueno, algunos sí; me imagino que los premios más importantes pueden llegar a ser objetivos y pueden ser aceptados con gratitud: aquellos que alimentan una carrera, a pesar de que no son nada cercanos a la perfección. Y tenemos el Cervantes, el Rómulo Gallegos, o el Nobel. Pero no haber ganado nunca un premio, pues, mira el caso de Borges, que tan mal no le ha ido. Y ganar el Nobel también puede ser patético, mira, como Saramago. Pero los premios de las editoriales no creo que sean arreglados, pero hay muchos que sí lo son. Con esto, para mí el único digno es el Alfaguara.

–Los premios en general. Bueno, algunos sí; me imagino que los premios más importantes pueden llegar a ser objetivos y pueden ser aceptados con gratitud: aquellos que alimentan una carrera, a pesar de que no son nada cercanos a la perfección. Y tenemos el Cervantes, el Rómulo Gallegos, o el Nobel. Pero no haber ganado nunca un premio, pues, mira el caso de Borges, que tan mal no le ha ido. Y ganar el Nobel también puede ser patético, mira, como Saramago. Pero los premios de las editoriales no creo que sean arreglados, pero hay muchos que sí lo son. Con esto, para mí el único digno es el Alfaguara.
–¿Lo dices porque fuiste jurado en una edición?
–Porque yo he sido jurado y porque sé que funciona bien. Pero no implica que porque alguien gana un premio sea un genio. Y si yo pierdo, o si yo nunca he tenido un premio importante, tampoco significa que yo sea menos que el fulano de al lado.

–Porque yo he sido jurado y porque sé que funciona bien. Pero no implica que porque alguien gana un premio sea un genio. Y si yo pierdo, o si yo nunca he tenido un premio importante, tampoco significa que yo sea menos que el fulano de al lado.
–¿Sientes que tienes una responsabilidad con la generación actual de escritores?
–¿Con cuál generación de escritores?

–¿Con cuál generación de escritores?
–Con la actual.
–Yo no tengo ningún deber con el mundo. No le debo nada a nadie.

–Yo no tengo ningún deber con el mundo. No le debo nada a nadie.
–Te lo digo a partir de tu posición ya marcada desde tus inicios, la innovación en toda tu obra...
–Yo te respondería al revés: no me interesa hacer algo viejo ni andar imitando a los otros. La verdad yo no creo en las generaciones, ni en la literatura chilena, yo no quiero hacerme cargo de todo eso.

–Yo te respondería al revés: no me interesa hacer algo viejo ni andar imitando a los otros. La verdad yo no creo en las generaciones, ni en la literatura chilena, yo no quiero hacerme cargo de todo eso.
–Pero Vargas Llosa ha tenido una opinión favorable sobre tu persona al frente de la narrativa actual, sobre ser un parricida, como él mismo dice que lo fue con lo escrito antes...
–Yo no me siento un parricida, parezco un parricida, don Mario a lo mejor puede equivocarse. Yo me siento súper deudor con quienes me antecedieron. Una cosa es que no me guste el realismo mágico, tal como no me gusta la salsa.

–Yo no me siento un parricida, parezco un parricida, don Mario a lo mejor puede equivocarse. Yo me siento súper deudor con quienes me antecedieron. Una cosa es que no me guste el realismo mágico, tal como no me gusta la salsa.
Me parece que muchos que practican el realismo mágico lo hacen sólo para vender y le hacen mal no sólo a literatura, que tampoco me importa, porque la literatura tampoco es tan importante, pero sí le dan al primer mundo una mala imagen de América Latina, como un continente folclórico, sin arreglo ni posibilidad. Yo no me siento interesado en presidir generaciones...

–¿Ni portar alguna voz?
–Eso sí me interesa. Ser portador de mi voz, estar a cargo de mi mundo y de mi obra. Y yo no hablo de nadie ni por nadie, sólo hablo de mí.

–Eso sí me interesa. Ser portador de mi voz, estar a cargo de mi mundo y de mi obra. Y yo no hablo de nadie ni por nadie, sólo hablo de mí.
–¿Crees en la tradición literaria?
–No, pues no la conozco. Lo que yo creo es en la hermandad cósmica. Aquellos muertos, vivos que son cercanos a ti y a tu sensibilidad, y eso traspasa los idiomas, las épocas, las edades y demás parámetros. Yo estoy vivo todavía, y no me siento encauzado. Me siento contemporáneo, con lazos distintos.

–No, pues no la conozco. Lo que yo creo es en la hermandad cósmica. Aquellos muertos, vivos que son cercanos a ti y a tu sensibilidad, y eso traspasa los idiomas, las épocas, las edades y demás parámetros. Yo estoy vivo todavía, y no me siento encauzado. Me siento contemporáneo, con lazos distintos.
–¿Cómo cuáles?
–Por ejemplo, yo no voy a congresos de escritores. Creo que Perú la vez pasada fue a México...

–Por ejemplo, yo no voy a congresos de escritores. Creo que Perú la vez pasada fue a México...
–A la Feria de Guadalajara.
–Sí algo así.

–Sí algo así.
–Ajá.
–Ya, entonces, si yo fuera peruano no hubiera ido.

–Ya, entonces, si yo fuera peruano no hubiera ido.
–¿Por qué?
–Porque no gusta juntarme con escritores a los cuales no leo. Que no conozco y que sean de mi país. Siento que es una contradicción, es mentirle al país anfitrión diciéndole que todos somos hermanos, cuando no lo somos, cuando lo único que tenemos en común es el pasaporte.

–Porque no gusta juntarme con escritores a los cuales no leo. Que no conozco y que sean de mi país. Siento que es una contradicción, es mentirle al país anfitrión diciéndole que todos somos hermanos, cuando no lo somos, cuando lo único que tenemos en común es el pasaporte.
–¿Y en el caso de los contextos? ¿Hay deudas por parte de los escritores?
–No lo sé. Por ejemplo ahora la gente de Alfaguara me estaba contando un montón de locuras peruanas que yo no las veo escritas ni filmadas. Con ello, si hay una responsabilidad literaria, ésta no es tanto política sino radica en hacerse cargo de nuestro tiempo, de lo que estamos viviendo. Las novelas que han perdurado son las que en su momento fueron súper contemporáneas.

–No lo sé. Por ejemplo ahora la gente de Alfaguara me estaba contando un montón de locuras peruanas que yo no las veo escritas ni filmadas. Con ello, si hay una responsabilidad literaria, ésta no es tanto política sino radica en hacerse cargo de nuestro tiempo, de lo que estamos viviendo. Las novelas que han perdurado son las que en su momento fueron súper contemporáneas.
–¿Cómo afrontaste el proyecto de Cortos?
–Luego de Sobredosis quedé con la deuda de un nuevo libro de cuentos. Me estaba cansando de leer los cuentos de taller literario que abundan en Chile, la fórmula agotada: relatos breves, final redondo o final sorpresa.

–Luego de Sobredosis quedé con la deuda de un nuevo libro de cuentos. Me estaba cansando de leer los cuentos de taller literario que abundan en Chile, la fórmula agotada: relatos breves, final redondo o final sorpresa.
Y dije, ya, voy a tratar de hacer otra cosa. Porque los buenos cuentos tradicionales ya están hechos por Carver, Cheever, Chéjov, Ribeyro, y los otros ya están abusando del tema. Entonces pensé en cuentos que se parezcan al equivalente del largometraje, del corto. 

–Otra referencia del cine...
–Así es, con el color, la edición, tratar de poner en escena cada cuento.

–Así es, con el color, la edición, tratar de poner en escena cada cuento.
–¿En tu caso, el relato fue una forma de aprendizaje para llegar a la novela?
–Me pasó quizá al inicio, con Sobredosis. Pero con este caso, en Cortos me di cuenta que es un género totalmente distinto y que a mí lo que más me interesa son los personajes. Y este libro es una galería de personajes.

–Me pasó quizá al inicio, con Sobredosis. Pero con este caso, en Cortos me di cuenta que es un género totalmente distinto y que a mí lo que más me interesa son los personajes. Y este libro es una galería de personajes.
Yo quería hacer del libro una película como Magnolia, con fragmentos entrecruzados, una especie de película coral, con cada cuento con una narración distinta.

Sobre Bolaño y Lemebel
–¿Qué opinas acerca de Bolaño y Lemebel?
–Yo te voy a responder, pero me molesta que me preguntes sobre autores chilenos...

–Yo te voy a responder, pero me molesta que me preguntes sobre autores chilenos...
–Es que todavía no llegamos al macro, ya sabes, Latinoamérica, el mundo...
–Ah, y eso está bien, pero igual quiero que me preguntes, no sé, sobre un finlandés, un norteamericano, el último japonés, porque mira, yo estoy leyendo ahora harto Murakami... No sé por qué autores chilenos...

–Ah, y eso está bien, pero igual quiero que me preguntes, no sé, sobre un finlandés, un norteamericano, el último japonés, porque mira, yo estoy leyendo ahora harto Murakami... No sé por qué autores chilenos...
Esas asociaciones representan un sistema antiguo, que a la larga es peligroso, porque nos puede llevar, si uno extrapola, a guerras limítrofes. Porque, ¿sabes?, yo no me siento tan distinto a ti...

–Y yo tampoco, pero digamos que tú eres fan, y además usas anteojos...
–Y ya, después vamos a volver a temas delicados...

–Y ya, después vamos a volver a temas delicados...
–Quizá. Pero mi pregunta iba por el lado de tu contexto...
–Y, bueno, pero a mí lo que me interesa es quebrar esas asociaciones de lo chileno, de lo argentino; yo no tengo necesariamente lazos con esa gente.

–Y, bueno, pero a mí lo que me interesa es quebrar esas asociaciones de lo chileno, de lo argentino; yo no tengo necesariamente lazos con esa gente.
–¿Entonces?
–Entonces, volviendo a los dos casos, Bolaño me parece un escritor emblemático, pero yo creo que es cuestionable tratarlo de chileno, y eso no habla mal de él, porque, digamos, no escribe sobre Chile y...

–Entonces, volviendo a los dos casos, Bolaño me parece un escritor emblemático, pero yo creo que es cuestionable tratarlo de chileno, y eso no habla mal de él, porque, digamos, no escribe sobre Chile y...
–Pero sí escribe sobre Chile. Ahí está Estrella distante o Nocturno de Chile...
–Pero no publica nada en Chile, y buena parte de su obra no tiene que ver con Chile, y sin embargo es un buen escritor. Es un apátrida. Su mundo es su biblioteca y su idioma. Y eso me parece muy interesante.

–Pero no publica nada en Chile, y buena parte de su obra no tiene que ver con Chile, y sin embargo es un buen escritor. Es un apátrida. Su mundo es su biblioteca y su idioma. Y eso me parece muy interesante.
–¿Y Lemebel?
–En su caso él rescata la calle, la crónica, lo híbrido, no viene de la elite, no viene de la biblioteca con libros de cuero, no toca temas literarios, y sin embargo puede hacer literatura con eso. 

–En su caso él rescata la calle, la crónica, lo híbrido, no viene de la elite, no viene de la biblioteca con libros de cuero, no toca temas literarios, y sin embargo puede hacer literatura con eso. 
Sobre Mario Vargas Llosa
–¿Cómo se establece tu admiración por Vargas Llosa?
–Él estuvo conmigo en el momento en que más lo necesitaba, y no fue cuando yo era escritor sino cuando era lector. Yo como buen fan, una vez que alguien te ha salvado la vida y ha estado cerca tuyo, tengo que seguir con él en las buenas y en las malas.

–Él estuvo conmigo en el momento en que más lo necesitaba, y no fue cuando yo era escritor sino cuando era lector. Yo como buen fan, una vez que alguien te ha salvado la vida y ha estado cerca tuyo, tengo que seguir con él en las buenas y en las malas.
Cuando yo llegué a Chile a los 12 años y aprendí a leer en español, y todos los libros eran una mierda, y todos los libros mentían, y todos los libros estaban escritos en un castellano complicado, y todo el mundo escribía sobre cosas muy muy ajenas, de repente encontré un libro llamado Los jefes y Los Cachorros, después La ciudad y los perros, después La tía Julia y el escribidor, y me afectaron muchísimo, me afectaron, me gustaron, me encantaron.

–¿En qué sentido?
–Me sentí menos solo, con novelas en donde había gente parecida a mí. Después, obviamente, yo tengo poco en común con Vargas Llosa. Yo no ando con guardaespaldas, no he sido candidato a la Presidencia de la República.

–Me sentí menos solo, con novelas en donde había gente parecida a mí. Después, obviamente, yo tengo poco en común con Vargas Llosa. Yo no ando con guardaespaldas, no he sido candidato a la Presidencia de la República.
–Has afirmado que a diferencia de la disciplina como narrador de Vargas Llosa, que puede permanecer horas escribiendo, García Márquez se come una guayaba y listo...
–(Risas). Es cierto, aunque para desgracia yo soy más de guayaba (risas) . Ahora, para ser escritor la disciplina no es esencial, pero sólo la guayaba tampoco: es una suma de las dos cosas. Lo principal para escribir es estar conectado con algo que te toque, con algo que te de un poco de vergüenza mostrar. 

–(Risas). Es cierto, aunque para desgracia yo soy más de guayaba (risas) . Ahora, para ser escritor la disciplina no es esencial, pero sólo la guayaba tampoco: es una suma de las dos cosas. Lo principal para escribir es estar conectado con algo que te toque, con algo que te de un poco de vergüenza mostrar. 
–Tanto para escribir como para dirigir, todo lo que tú hayas hecho antes te sirve. Te sirve haber viajado, haber vivido, haber sido periodista. –Creo que mi formación es antes que nada pop y cinéfila. Y tercero, me olvidaba, personal, mía, con "mi" visión del mundo. Desde que era periodista, en una entrevista, trataba transformar a los entrevistados en personajes míos, más que yo adecuarme a ellos. Igual pasaba cuando hacía una crítica de alguna película.–Yo creo que sí. Yo creo que uno es fan y ser fan también implica ser enemigo, que uno escriba en contra de los libros que no te gustan y que escriba a favor de los libros que te gustan o de una visión de mundo que te agrada.–Y pasa que creo que no hay crítica, por eso todo es irrelevante. –Eso me afectó un poco. Cuando saqué mi primer libro, a los 24 años, pensé que todo el mundo me iba a felicitar, a hacer cariño, algo que piensa todo chico que publica un libro. Esa era mi expectativa.–Absolutamente. Las únicas afectadas son aquellas personas que necesitan saber qué es bueno y qué es malo. Y por eso existen los premios, que son todos falsos, porque tratan de darle al público algo para que pueda sentirse seguro...–Una referencia, una seguridad de que está leyendo el libro correcto, el libro que está leyendo todo el mundo.–No creo mucho en los premios. –Los premios en general. Bueno, algunos sí; me imagino que los premios más importantes pueden llegar a ser objetivos y pueden ser aceptados con gratitud: aquellos que alimentan una carrera, a pesar de que no son nada cercanos a la perfección. Y tenemos el Cervantes, el Rómulo Gallegos, o el Nobel. Pero no haber ganado nunca un premio, pues, mira el caso de Borges, que tan mal no le ha ido. Y ganar el Nobel también puede ser patético, mira, como Saramago. Pero los premios de las editoriales no creo que sean arreglados, pero hay muchos que sí lo son. Con esto, para mí el único digno es el Alfaguara. –Porque yo he sido jurado y porque sé que funciona bien. Pero no implica que porque alguien gana un premio sea un genio. Y si yo pierdo, o si yo nunca he tenido un premio importante, tampoco significa que yo sea menos que el fulano de al lado.–¿Con cuál generación de escritores?–Yo no tengo ningún deber con el mundo. No le debo nada a nadie.–Yo te respondería al revés: no me interesa hacer algo viejo ni andar imitando a los otros. La verdad yo no creo en las generaciones, ni en la literatura chilena, yo no quiero hacerme cargo de todo eso.–Yo no me siento un parricida, parezco un parricida, don Mario a lo mejor puede equivocarse. Yo me siento súper deudor con quienes me antecedieron. Una cosa es que no me guste el realismo mágico, tal como no me gusta la salsa.–Eso sí me interesa. Ser portador de mi voz, estar a cargo de mi mundo y de mi obra. Y yo no hablo de nadie ni por nadie, sólo hablo de mí. –No, pues no la conozco. Lo que yo creo es en la hermandad cósmica. Aquellos muertos, vivos que son cercanos a ti y a tu sensibilidad, y eso traspasa los idiomas, las épocas, las edades y demás parámetros. Yo estoy vivo todavía, y no me siento encauzado. Me siento contemporáneo, con lazos distintos.–Por ejemplo, yo no voy a congresos de escritores. Creo que Perú la vez pasada fue a México...–Sí algo así.–Ya, entonces, si yo fuera peruano no hubiera ido.–Porque no gusta juntarme con escritores a los cuales no leo. Que no conozco y que sean de mi país. Siento que es una contradicción, es mentirle al país anfitrión diciéndole que todos somos hermanos, cuando no lo somos, cuando lo único que tenemos en común es el pasaporte. –No lo sé. Por ejemplo ahora la gente de Alfaguara me estaba contando un montón de locuras peruanas que yo no las veo escritas ni filmadas. Con ello, si hay una responsabilidad literaria, ésta no es tanto política sino radica en hacerse cargo de nuestro tiempo, de lo que estamos viviendo. Las novelas que han perdurado son las que en su momento fueron súper contemporáneas. –Luego de Sobredosis quedé con la deuda de un nuevo libro de cuentos. Me estaba cansando de leer los cuentos de taller literario que abundan en Chile, la fórmula agotada: relatos breves, final redondo o final sorpresa.–Así es, con el color, la edición, tratar de poner en escena cada cuento.–Me pasó quizá al inicio, con Sobredosis. Pero con este caso, en Cortos me di cuenta que es un género totalmente distinto y que a mí lo que más me interesa son los personajes. Y este libro es una galería de personajes.–Yo te voy a responder, pero me molesta que me preguntes sobre autores chilenos...–Ah, y eso está bien, pero igual quiero que me preguntes, no sé, sobre un finlandés, un norteamericano, el último japonés, porque mira, yo estoy leyendo ahora harto Murakami... No sé por qué autores chilenos...–Y ya, después vamos a volver a temas delicados... –Y, bueno, pero a mí lo que me interesa es quebrar esas asociaciones de lo chileno, de lo argentino; yo no tengo necesariamente lazos con esa gente.–Entonces, volviendo a los dos casos, Bolaño me parece un escritor emblemático, pero yo creo que es cuestionable tratarlo de chileno, y eso no habla mal de él, porque, digamos, no escribe sobre Chile y...–Pero no publica nada en Chile, y buena parte de su obra no tiene que ver con Chile, y sin embargo es un buen escritor. Es un apátrida. Su mundo es su biblioteca y su idioma. Y eso me parece muy interesante.–En su caso él rescata la calle, la crónica, lo híbrido, no viene de la elite, no viene de la biblioteca con libros de cuero, no toca temas literarios, y sin embargo puede hacer literatura con eso. –Él estuvo conmigo en el momento en que más lo necesitaba, y no fue cuando yo era escritor sino cuando era lector. Yo como buen fan, una vez que alguien te ha salvado la vida y ha estado cerca tuyo, tengo que seguir con él en las buenas y en las malas.–Me sentí menos solo, con novelas en donde había gente parecida a mí. Después, obviamente, yo tengo poco en común con Vargas Llosa. Yo no ando con guardaespaldas, no he sido candidato a la Presidencia de la República.–(Risas). Es cierto, aunque para desgracia yo soy más de guayaba (risas) . Ahora, para ser escritor la disciplina no es esencial, pero sólo la guayaba tampoco: es una suma de las dos cosas. Lo principal para escribir es estar conectado con algo que te toque, con algo que te de un poco de vergüenza mostrar. 


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