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 De mirada lenta y sagaz

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LAS PROVINCIAS, 4 de febrero de 2007

De mirada lenta y sagaz

María García-Lliberós se formó como escritora siendo una ‘lectora nata’ y ejerciendo la crítica, hasta que un premio le descubrió otro mundo

MARA CALABUIG/ VALENCIA

Si a sus veinte años dedicó dos a profundizar en la obra de Marcel Proust tras una larga y precoz ejecutoria de "lectora nata" como ella se define, es lógico que, entre sus muchos afectos literarios, se encuentre el gran autor francés. "Te enseña a pensar –dice–, a mirar con lentitud la realidad, que es lo que, a mi juicio, hace un novelista".

María García-Lliberós Sánchez-Robles se sirve de esa mirada despaciosa y a la vez aguda, con la que primero ejerció la crítica literaria y que, de quince años a esta parte, la ha configurado como una notabilísima escritora, con varios premios en su haber y una merecida consideración general. Precisamente, su novela Babas de caracol es una de las cinco finalistas en los XVII Premios de la Crítica Literaria Valenciana, modalidad de Narrativa, que se fallarán el 24 de marzo en Calpe. Los otros cuatro finalistas son Susana Fortes, Guillermo Galván, Vicente Molina-Foix y Bernat Montagud.

Entre muchos libros y no pocos cuadros (algunos de su marido, Rodrigo Muñoz) su casa es, como ella, un remanso de altura intelectual y artística, sin engolamientos ni petulancia. Los títulos universitarios (licenciada en Ciencias Económicas, en Ciencias Políticas y Sociología), su trabajo como economista en el Ayuntamiento y, en otro tiempo, dirigiendo el Centro Regional de TVE en Valencia, no perturbaron su vocación literaria ni oscurecieron el brillo de su pluma, que ha ido acrecentándose a lo largo de cuatro novelas y varios relatos.

"Creo que todos, o casi todos los lectores natos acabamos escribiendo", afirma. "Haciendo crítica literaria, como empecé, se aprende mucho. Y cuando, en 1992, mi novela corta La encuestadora ganó el Premio Gabriel Sijé, descubrí un mundo impresionante". Un mundo en el que ha ido transitando sin pausa por nuevos continentes.

"Una novela es una gran mentira que acoge muchas verdades", opina Mario Vargas Llosa, y la propia María se muestra de acuerdo con esta definición, que incluye en una de sus obras. "Sí, estoy de acuerdo –insiste– cada uno crea una realidad literaria, pero se basa en hechos reales. Todos los escritores nos inspiramos en la realidad, incluso los que hacen ciencia ficción".

En cuanto al trabajo en sí, revela: "Son muchas horas de soledad compartida con tus personajes. Lo pasas bien y mal. ¿La compensación?... El hecho mismo de escribir y, más aún, claro, saber que te van a leer..., aunque también escribimos novelas para leerlas nosotros mismos. No obstante, fundamentalmente, la literatura es comunicación. No me la planteo como un medio de vida. Escribiendo, que es un acto de reflexión libre, te vas conociendo a ti mismo. Y a la larga te retratas en tus libros. Ayuda a analizar el mundo alrededor y, como digo, a conocerte y aceptarte. Además, te puede proporcionar muchas satisfacciones".

Éxito
La presentación de su última novela en el Club de la Lectura del Ambito Cultural de El Corte Inglés (que dirige la propia María junto a otra de nuestras buenas escritoras, Carmen Amoraga) fue un acto casi multitudinario. "Me di cuenta de cómo había calado en el público". Confiesa, y añade: "Sentir el amor del lector es algo muy hermoso".

La presentación de su última novela en el Club de la Lectura del Ambito Cultural de El Corte Inglés (que dirige la propia María junto a otra de nuestras buenas escritoras, Carmen Amoraga) fue un acto casi multitudinario. "Me di cuenta de cómo había calado en el público". Confiesa, y añade: "Sentir el amor del lector es algo muy hermoso".
Esa novela, Babas de caracol, está resultando un auténtico éxito. Y se puede decir en presente, porque el libro, que se publicó en el pasado mes de abril, ahora, casi un año después, sigue en primera línea de los escaparates de las librerías. Es un libro que atrapa desde las primeras líneas y que, dada su trama, ha exigido a la autora tres años de trabajo. "El primero fue de documentación", revela. Una intensa labor, que incluyó consultas de archivos históricos, procedimientos jurídicos, enfoques psicológicos, hasta pormenores de farmacopea. Todo ello para situar de manera verídica la acción, que se desarrolla a lo largo de casi un siglo en una Valencia, puntualmente reflejada con pelos y señales.

¿Localista?... María se opone: "No. Son, sencillamente, historias que hay que contar, y se está relatando algo universal, que atañe a la condición humana. Cualquier persona de otra latitud puede identificarse aunque se hable de la calle Conde de Montornés o la Plaza del Mercado. Además, hay otra cosa. Hace años oí decir a alguien, en una conferencia, que Valencia no es una ciudad literaria. Estoy en total desacuerdo. Por eso me gusta localizar mis novelas en esta ciudad, que puede ser tan literaria como se tercie".

Enfoques
"Babas de caracol –reconoce María– es la crónica de mi trabajo de investigación. Estoy agazapada tras el protagonista, Pedro Ribera". Es un personaje, escritor, con el que ella monta algo parecido a un juego de espejos (título, por cierto, de otra novela suya), jugando al escondite en alguna de sus propias obras, e introduciendo a un único personaje real: su perro Aticus. "Es cierto, –asiente–, he trasladado mi relación con él. Los perros son los seres que desarrollan la afectividad y te devuelven siempre la ternura". En una página del libro se expresa así la autora: "La felicidad depende del siglo en que nos toca vivir, además de la sabiduría de cada uno para sacar provecho a la existencia".

"l –reconoce María– es la crónica de mi trabajo de investigación. Estoy agazapada tras el protagonista, Pedro Ribera". Es un personaje, escritor, con el que ella monta algo parecido a un juego de espejos (título, por cierto, de otra novela suya), jugando al escondite en alguna de sus propias obras, e introduciendo a un único personaje real: su perro Aticus. "Es cierto, –asiente–, he trasladado mi relación con él. Los perros son los seres que desarrollan la afectividad y te devuelven siempre la ternura". En una página del libro se expresa así la autora: "La felicidad depende del siglo en que nos toca vivir, además de la sabiduría de cada uno para sacar provecho a la existencia".
Corrobora la frase, precisando: "Así es, sobre todo respecto a las mujeres, que hemos sido largamente víctimas de la ley, de las presiones familiares y sociales. Tenemos aún mucho camino por recorrer, porque la igualdad es todavía muy teórica. La felicidad debería considerarse también un bien común. A los políticos habría que juzgarles, entre otras cosas, teniendo en cuenta cómo han legislado para que los ciudadanos seamos más felices".

Profunda intimidad
Es admirable el poder de penetración de García-Lliberós en la profunda intimidad de sus entes de ficción. "La clave –dice– es observar mucho a la gente; tener en cuenta que casi nada es como parece, preguntarse el porqué de todo, porque todos tenemos nuestra parte oscura. Indagar los auténticos motivos de la conducta humana, los que no se descubren fácilmente; esa es la labor del novelista".

Es admirable el poder de penetración de García-Lliberós en la profunda intimidad de sus entes de ficción. "La clave –dice– es observar mucho a la gente; tener en cuenta que casi nada es como parece, preguntarse el porqué de todo, porque todos tenemos nuestra parte oscura. Indagar los auténticos motivos de la conducta humana, los que no se descubren fácilmente; esa es la labor del novelista".
Y su opinión tajante sobre el género novelístico: "La novela no morirá nunca. ¿Acaso van a morir los contadores de historia? La novela desaparecerá sólo cuando se extinga el género humano. Además, confío en que el libro, como tal objeto, no sea sustituido por ningún otro medio. Conmigo que no cuenten".



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