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 Los premios, al desnudo

Entrevistas y noticias actuales
EL CULTURAL, 22 de marzo de 2007

Los premios, al desnudo
Juan Manuel de Prada (Biblioteca Breve), Nativel Preciado (Primavera) y Luis Leante (Alfaguara)

Hay quien dice que en España no se escriben libros sino premios y que el mundillo literario nacional comienza a presentar síntomas de "premiodependencia aguda". Y dicen más: que hoy, sin premio, apenas hay libros que aguanten en librerías más de tres meses; que algunos editores están abusando de la buena fe del lector; que se escribe pensando más en el premio y menos en la literatura o en el público, y que hay editores y agentes que aconsejan a sus autores que "rebajen" su estilo para llegar a las masas. ¿Exageraciones? ¿Prejuicios infundados? ¿Simples verdades? Tres de los últimos galardonados con premios del prestigio, tradición y cuantía del Biblioteca Breve (Juan Manuel de Prada con El séptimo velo, 30.000 euros), Primavera (Nativel Preciado, con Camino de Hierro, 200.000 euros) y Alfaguara (Luis Leante, con Mira si yo te querré, 175.000 euros) se plantan ante un puñado de preguntas impertinentes sobre "sus" premios y retratan sus novelas.


–¿Cómo le explicarían, en cinco líneas, a los futuros lectores de sus novelas qué son y qué han pretendido con ellas?
Juan Manuel de Prada: Para mí escribir una novela significa siempre intentar descifrar una verdad humana. En El séptimo velo propongo al lector una búsqueda de la memoria, una reflexión sobre la necesidad del hombre de explicarse quién es, aunque esa explicación sea dolorosa. Es una novela que trata del dolor de conocernos, del dolor que nos procura el pasado, un dolor que sin embargo puede ser purificador y hacernos mejores. Y este objetivo se sirve a través de una historia que mira a los pasajes más tenebrosos de la historia contemporánea, a través de una peripecia llena de amores trágicos, encuentros y desencuentros, traiciones y heroísmos, hijos que buscan a sus padres, seres humanos a quienes el sufrimiento hace a la postre más generosos, sobre el telón de fondo de una época apasionante y convulsa. En El séptimo velo quería también demostrarme que se puede seguir confiando en el poder de la fabulación, en una época en que la literatura se está haciendo cada vez más ombliguista, en la que se está renunciando a narrar grandes historias.
Nativel Preciado: Camino de Hierro (Espasa) es la historia de Paula, una mujer que se ve forzada a emprender un triple viaje (físico, sentimental y espiritual) para cumplir una promesa y sobreponerse a la tristeza que le produce su inesperada soledad. La protagonista se reencontrará con su familia, su pasado personal y el pasado colectivo de una tierra devastada por el odio. He escrito esta novela para dialogar con mis muertos, firmar la paz con mis antepasados y, sobre todo, conmigo misma.
Memoria, amores y muertos
Luis Leante: Con Mira si yo te querré he querido contar una historia de amor imposible: la relación entre dos jóvenes de clases sociales distintas, llena de obstáculos, prejuicios e incomprensión. Rescatar el pasado de una mujer en crisis y tratar de liberarla en una huida hacia ninguna parte. Y utilizar como telón de fondo el abandono vergonzoso de la colonia española del Sáhara Occidental, cuando los ejércitos marroquí y mauritano se lanzaron como hienas a cobrar su presa. Y su presa fueron miles de saharauis que huyeron al desierto abandonando su país, en un éxodo cuyas heridas aún están abiertas.

–¿Qué hace que unos autores como ustedes se presenten a unos premios como los que han obtenido? ¿Creen que les van a perdonar el éxito, o tendrán quizás que fingir alguna enfermedad para hacerse perdonar?
N. Preciado: "Una autora como usted…" No sé que tipo de autora soy. Sé que quiero dedicarme a la literatura cada vez con más intensidad, para eso es bueno abrirse paso, de vez en cuando, de una manera contundente. Espero que ganar este premio me ayude a conseguir mis objetivos. No tengo que pedir perdón. Llevo muchos años demostrando que soy una profesional responsable y competente.
L. Leante: Cuando me presenté al premio Alfagura buscaba cosas que parecen sencillas, pero que con el tiempo llegan a resultar una quimera: publicar en una buena editorial, que el libro llegue al mayor número de lectores, que te abran puertas que has tenido cerradas, que el camino literario tenga menos obstáculos. Y, además, que cuando alguien pregunte por un libro mío pueda aparecer en la base de datos de las librerías. No sé si eso es pedir mucho, tal vez demasiado, pero hasta ahora me había conformado con bastante menos. De todas formas, quien tiene que perdonarme ya me ha perdonado.
Prada, sin perdón
J. M. de Prada: Desde adolescente me he presentado a multitud de certámenes literarios. He aganado algunos y perdido muchos. Al premio Biblioteca Breve decidí presentarme porque, después de reflexionar durante años, consideré que Seix Barral era la editorial en la que mejor podía encajar mi literatura. Mi deseo era publicar a partir de ahora todos mis libros en ella, e ir recuperando los que tengo dispersos en otras editoriales, a medida que vayan caducando los derechos. Pensé que un buen modo de presentarme en la editorial era concurriendo en su premio; por aquella fecha, además, no tenía agente, y me pareció que hacerlo era como empezar de nuevo. Luego contraté como agente a Antonia Kérrigan, a quien mi decisión le pareció muy acertada. Puesto que ya he conseguido otros éxitos mucho más imperdonables que conseguir el Premio Biblioteca Breve no creo que éste me obligue a pedir perdón. Algo que, por supuesto, nunca he hecho y nunca haré.

–Hay quien dice que en España no se escriben libros, sino premios. Exageraciones al margen, y con sinceridad, ¿el mundo literario español comienza a ser "premiodependiente", sin premio no hay apenas libros que puedan sobrevivir en librerías más de tres meses?
J. M. de Prada: Es evidente que las editoriales destinan un cuidado y una promoción a sus premios anuales que no destinan a otras obras. Esto no sé si es bueno o es malo; es, en cualquier caso, una realidad. No creo, sin embargo, que la consecución de un premio garantice a un libro su permanencia en las librerías durante más de tres meses, ni siquiera durante más de quince días. Una de las razones por las que presento mis novelas a premios es porque considero que la editorial va a invertir en su lanzamiento una cantidad y un esfuerzo que quizá no dedicara si el libro se publicara normalmente; y también porque el ganar un premio logras taladrar, aunque sea mínimamente, el cerco del silencio.
Preciado: "Ahora todo es fugaz"
N. Preciado: Con perdón (ahora sí) he escrito libros "sin premio" que han alcanzado las diez ediciones y han permanecido en las listas de ventas y en las librerías más de tres meses. Es cierto que era en tiempos más sosegados. Ahora todo es fugaz: la literatura, el cine, la música y, sobre todo, el éxito.
L. Leante: Creo que se está magnificando el papel de los premios literarios en España. Es verdad que hay que quejarse de algo, y los premios literarios son una buena excusa para poner el grito en el cielo. Los libros sobreviven en las librerías por razones humanas y casi divinas que son difíciles de explicar. Conozco lectores que jamás leen libros premiados. Y no conozco a ninguno que sólo lea los libros que han recibido un premio. Aunque suene a tópico, cada lector es diferente, y en el mercado literario hay espacio para premios, para best sellers, libros malditos, libros raros y libros de culto. Hay innumerables premios literarios –y hablo con conocimiento de causa– que pasan sin pena ni gloria por las librerías o que ni siquiera llegan a salir de sus cajas.

–¿Es el premio sólo un mecanismo más del mercado editorial, incluso una perversión, como aseguran algunos críticos o escépticos, que consideran que algunos editores están abusando descaradamente de la buena fe del lector con ellos?
N. Preciado: Ganar un premio literario es tan digno y satisfactorio como ganar cualquier otra competición. No sé por qué algunos están tan obsesionados con desprestigiar los premios literarios y, sin embargo, les parecen respetables los musicales, pictóricos, científicos o deportivos.
J. M. de Prada: No puedo responder a esta pregunta, creo que deberían hacerlo los editores que convocan concursos y premian ciertos libros. Si he de responder por mí, creo poder afirmar con orgullo que nunca he abusado ni abusaré de la buena fe del lector, que cada premio que he ganado es porque así lo ha considerado un jurado que ha considerado mi obra merecedora de ese premio. Y que, desde luego, en cada obra pongo lo mejor de mí mismo, lo mejor que puedo dar en el momento en que fue escrita.
Leante: "El lector no es estúpido"
L. Leante: El lector no es estúpido, como algunos pretenden hacernos creer. Los premios cumplen su papel y, con frecuencia, lo hacen dignamente. Lo cierto es que el mercado editorial es cada vez más complicado y a las editoriales les cuesta trabajo abrirse paso entre tanta competencia. El premio es una forma más de llamar la atención del mercado, pero no es la única ni la más vergonzosa. A veces termina por resultar cansina la imagen que nos presentan del lector como el de un ingenuo pececillo que ha picado en el anzuelo de las grandes editoriales. Un lector que se siente defraudado por un libro con la etiqueta de premio difícilmente volverá a picar en ese anzuelo otra vez. Por mucho que pretendamos adoctrinar a los lectores, ellos son los que tienen la última palabra, le pese a quien le pese.

–¿Escribieron las novelas pensando en el premio y en el público de ese premio, más numeroso y tal vez menos exigente que el suyo habitual? ¿quizá sus editores, o sus agentes, les han insinuado que disminuyeran su ambición literaria en busca de esos nuevos públicos?
L. Leante: Nunca he escrito nada pensando en un premio. Yo pienso en los lectores y en mí. Así ha sido en el caso de esta novela y en todas las demás. No existen fórmulas literarias, o al menos yo no las conozco. Mi único Pepito Grillo, en este caso, he sido yo. No hubo ni sugerencias, ni insinuaciones, ni nada parecido. El libro aparecerá tal y como quedó en el momento de poner el punto y final. Y allí no había ni editor, ni agente, ni nadie que me pudiera sugerir nada. Estaba solo, en una habitación forrada de libros desde el suelo hasta el techo en la que me encerré durante un año para escribir la novela.
J. M. de Prada: Cuando escribí El séptimo velo, como cuando escribí cualquiera de mis libros anteriores, jamás pensé en el premio ni en su público. Responder a esta pregunta me causa un poco de rubor, porque la misma respuesta daría a ella un escritor verdadero y un farsante. Nunca rebajo ni aguo nada cuando escribo, ni admito ese tipo de insinuaciones a las que se refiere. Soy una persona bastante misántropa y poco permeable. También he de decir en honor de mis editores que jamás me han insinuado estos cambalaches, quizá porque conocen la naturaleza de mi vocación, la pasión que pongo en mi trabajo y el grado de convicción en lo que hago.
N. Preciado: Hace años que intentaba escribir esta novela. Cualquiera que la lea se dará cuenta de que no está escrita pensando en premios ni en públicos ni en éxitos. No tengo agente, así que nadie me pide que rebaje o eleve mi ambición literaria. Me gustan los lectores que leen mis libros sin prejuicios ni segundas intenciones.

Realismo y experimentos
–¿En esta ocasión han apostado por el relato tradicional, de corte realista, o por la experimentación? Porque otro reproche habitual es la falta de riesgo en este tipo de novelas...
L. Leante: La novela es realista, pero tiene una estructura compleja, en mi opinión. La originalidad de la novela no está tanto en la historia como en la manera de ir contándola. Parto del relato clásico para montar una historia sobre un bastidor que trata de ser original. Trato de abrir puertas, una detrás de otra, y luego cerrarlas en el mismo orden sin dejar al lector perdido en el desierto.
N. Preciado: Es tradicional y realista.
J. M. de Prada: No creo en esa dicotomía que plantea. Para mí la literatura es tradición; sólo desde el trampolín de la tradición el escritor puede alcanzar nuevos finisterres expresivos. Eso de ponerse a escribir como si se fuera a descubrir el Mediteráneo me parece una majadería a la que sólo aspiran los escritores pésimos. Otra cosa distinta es que la exigencia de la escritura te lleve a empujar puertas que nunca antes habías empujado. Durante la escriutura de El séptimo velo esto me ocurrió en varias ocasiones; pero nunca tuve esa impresión megalómana y en el fondo tan palurda de estar "experimentando".

Los prejuicios de la crítica
–Hay quien considera que la crítica carece en ocasiones de referencias para entender la literatura más joven. ¿Cree que en sus casos, con estas novelas, acertarán, o temen que no puedan evitar los prejuicios sobre su literatura, su persona o el premio?
J. M. de Prada: En este caso, como en casos anteriores, la crítica de mis libros se hace desde los prejuicios. Incluso algún crítico lo ha reconocido explícitamente, en un gesto de sinceridad y de reconocimiento de sus limitaciones que le honra. Esto antaño me perturbaba mucho, pero desde que encontré la unidad interior esto ha dejado de preocuparme y me parece una bagatela. Yo sé quien soy y sé que también hay lectores que lo saben; también sé lo que para mí significa escribir, y lectores que lo reconocen al leerme. En ese fondo del que nace mi escritura casi ningún crítico penetra, no puede penetrar en realidad, así que es natural que se enzarce en la bagatela de los prejuicios.
L. Leante: No lo sé. Cada crítico es un mundo, supongo. Hasta ahora la crítica se ha fijado muy poco en mí. Y no quiero que parezca un lamento. Cuando un autor tiene poca proyección y sus libros son casi rarezas, los críticos suelen ser benévolos. Hasta ahora no he recibido ni una crítica mala. Todo lo contrario. Lo que pueda ocurrir a partir de aquí es una incógnita. Pero ni antes subí al Olimpo por los ecos de las críticas, ni ahora me hundiré en el Averno por las malas críticas. Si a algo he aprendido en estos años de travesía, es a tener los pies sobre la tierra.
N. Preciado: Supongo que, como siempre, habrá críticos que respeten mi novela y otros que la maltraten o la ignoren. Que acierten o no es una consideración demasiado subjetiva. No me interesa rebatir las suspicacias sobre el premio o mi persona. Decía Einstein que es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.

–¿Qué les parecen, como lectores, los autores que le acompañan en estas páginas?
J. M. de Prada: A Luis Leante lo llevo leyendo muchos años, coincidimos como concursantes en muchos premios más o menos municipales o espesos. Creo que es un escritor muy dotado, a quien por fin se reconocen sus méritos; estoy seguro de que le aguarda el éxito. A Nativel Preciado la conozco tan sólo en su faceta de periodista; una periodista de increíble sensibilidad y penetración, con un gran conocimiento de la naturaleza humana, muy perspicaz y brillante; estoy convencido de que estas virtudes, multiplicadas, comparecerán en su novela.
N. Preciado: Una digna compañía literaria.
L. Leante: Nativel Preciado me parece una escritora todoterreno. Leí su novela Bodas de Plata (Planeta, 2003) y me pareció estupenda. Creo que tiene oficio y garra. ¿Se necesita mucho más? En una ocasión estuvimos espalda con espalda en un aeropuerto, pero no me atreví a decírselo. Y en cuanto a Juan Manuel de Prada, lo he leído todo desde que salieron sus Coños en Valdemar (1996). Tengo sobre la mesa su última novela y la iba a comenzar a leer, pero el premio de Alfaguara me lo ha impedido. Es un escritor cuajado, con oficio, sensibilidad y con mucha eficacia al contar una historia. Él ya no se acordará, pero hace más de diez años fui su chófer en Murcia cuando salimos con Rosa Regás a tomar unas copas después de no sé qué acto literario. Soy un lector incondicional suyo, con o sin premio.

www.premiosliterarios.com

Para mí escribir una novela significa siempre intentar descifrar una verdad humana. Enpropongo al lector una búsqueda de la memoria, una reflexión sobre la necesidad del hombre de explicarse quién es, aunque esa explicación sea dolorosa. Es una novela que trata del dolor de conocernos, del dolor que nos procura el pasado, un dolor que sin embargo puede ser purificador y hacernos mejores. Y este objetivo se sirve a través de una historia que mira a los pasajes más tenebrosos de la historia contemporánea, a través de una peripecia llena de amores trágicos, encuentros y desencuentros, traiciones y heroísmos, hijos que buscan a sus padres, seres humanos a quienes el sufrimiento hace a la postre más generosos, sobre el telón de fondo de una época apasionante y convulsa. En quería también demostrarme que se puede seguir confiando en el poder de la fabulación, en una época en que la literatura se está haciendo cada vez más ombliguista, en la que se está renunciando a narrar grandes historias.(Espasa) es la historia de Paula, una mujer que se ve forzada a emprender un triple viaje (físico, sentimental y espiritual) para cumplir una promesa y sobreponerse a la tristeza que le produce su inesperada soledad. La protagonista se reencontrará con su familia, su pasado personal y el pasado colectivo de una tierra devastada por el odio. He escrito esta novela para dialogar con mis muertos, firmar la paz con mis antepasados y, sobre todo, conmigo misma. Con M he querido contar una historia de amor imposible: la relación entre dos jóvenes de clases sociales distintas, llena de obstáculos, prejuicios e incomprensión. Rescatar el pasado de una mujer en crisis y tratar de liberarla en una huida hacia ninguna parte. Y utilizar como telón de fondo el abandono vergonzoso de la colonia española del Sáhara Occidental, cuando los ejércitos marroquí y mauritano se lanzaron como hienas a cobrar su presa. Y su presa fueron miles de saharauis que huyeron al desierto abandonando su país, en un éxodo cuyas heridas aún están abiertas. "Una autora como usted…" No sé que tipo de autora soy. Sé que quiero dedicarme a la literatura cada vez con más intensidad, para eso es bueno abrirse paso, de vez en cuando, de una manera contundente. Espero que ganar este premio me ayude a conseguir mis objetivos. No tengo que pedir perdón. Llevo muchos años demostrando que soy una profesional responsable y competente. Cuando me presenté al premio Alfagura buscaba cosas que parecen sencillas, pero que con el tiempo llegan a resultar una quimera: publicar en una buena editorial, que el libro llegue al mayor número de lectores, que te abran puertas que has tenido cerradas, que el camino literario tenga menos obstáculos. Y, además, que cuando alguien pregunte por un libro mío pueda aparecer en la base de datos de las librerías. No sé si eso es pedir mucho, tal vez demasiado, pero hasta ahora me había conformado con bastante menos. De todas formas, quien tiene que perdonarme ya me ha perdonado.Desde adolescente me he presentado a multitud de certámenes literarios. He aganado algunos y perdido muchos. Al premio Biblioteca Breve decidí presentarme porque, después de reflexionar durante años, consideré que Seix Barral era la editorial en la que mejor podía encajar mi literatura. Mi deseo era publicar a partir de ahora todos mis libros en ella, e ir recuperando los que tengo dispersos en otras editoriales, a medida que vayan caducando los derechos. Pensé que un buen modo de presentarme en la editorial era concurriendo en su premio; por aquella fecha, además, no tenía agente, y me pareció que hacerlo era como empezar de nuevo. Luego contraté como agente a Antonia Kérrigan, a quien mi decisión le pareció muy acertada. Puesto que ya he conseguido otros éxitos mucho más imperdonables que conseguir el Premio Biblioteca Breve no creo que éste me obligue a pedir perdón. Algo que, por supuesto, nunca he hecho y nunca haré.Es evidente que las editoriales destinan un cuidado y una promoción a sus premios anuales que no destinan a otras obras. Esto no sé si es bueno o es malo; es, en cualquier caso, una realidad. No creo, sin embargo, que la consecución de un premio garantice a un libro su permanencia en las librerías durante más de tres meses, ni siquiera durante más de quince días. Una de las razones por las que presento mis novelas a premios es porque considero que la editorial va a invertir en su lanzamiento una cantidad y un esfuerzo que quizá no dedicara si el libro se publicara normalmente; y también porque el ganar un premio logras taladrar, aunque sea mínimamente, el cerco del silencio. Con perdón (ahora sí) he escrito libros "sin premio" que han alcanzado las diez ediciones y han permanecido en las listas de ventas y en las librerías más de tres meses. Es cierto que era en tiempos más sosegados. Ahora todo es fugaz: la literatura, el cine, la música y, sobre todo, el éxito. Creo que se está magnificando el papel de los premios literarios en España. Es verdad que hay que quejarse de algo, y los premios literarios son una buena excusa para poner el grito en el cielo. Los libros sobreviven en las librerías por razones humanas y casi divinas que son difíciles de explicar. Conozco lectores que jamás leen libros premiados. Y no conozco a ninguno que sólo lea los libros que han recibido un premio. Aunque suene a tópico, cada lector es diferente, y en el mercado literario hay espacio para premios, para best sellers, libros malditos, libros raros y libros de culto. Hay innumerables premios literarios –y hablo con conocimiento de causa– que pasan sin pena ni gloria por las librerías o que ni siquiera llegan a salir de sus cajas. Ganar un premio literario es tan digno y satisfactorio como ganar cualquier otra competición. No sé por qué algunos están tan obsesionados con desprestigiar los premios literarios y, sin embargo, les parecen respetables los musicales, pictóricos, científicos o deportivos. No puedo responder a esta pregunta, creo que deberían hacerlo los editores que convocan concursos y premian ciertos libros. Si he de responder por mí, creo poder afirmar con orgullo que nunca he abusado ni abusaré de la buena fe del lector, que cada premio que he ganado es porque así lo ha considerado un jurado que ha considerado mi obra merecedora de ese premio. Y que, desde luego, en cada obra pongo lo mejor de mí mismo, lo mejor que puedo dar en el momento en que fue escrita. El lector no es estúpido, como algunos pretenden hacernos creer. Los premios cumplen su papel y, con frecuencia, lo hacen dignamente. Lo cierto es que el mercado editorial es cada vez más complicado y a las editoriales les cuesta trabajo abrirse paso entre tanta competencia. El premio es una forma más de llamar la atención del mercado, pero no es la única ni la más vergonzosa. A veces termina por resultar cansina la imagen que nos presentan del lector como el de un ingenuo pececillo que ha picado en el anzuelo de las grandes editoriales. Un lector que se siente defraudado por un libro con la etiqueta de premio difícilmente volverá a picar en ese anzuelo otra vez. Por mucho que pretendamos adoctrinar a los lectores, ellos son los que tienen la última palabra, le pese a quien le pese. Nunca he escrito nada pensando en un premio. Yo pienso en los lectores y en mí. Así ha sido en el caso de esta novela y en todas las demás. No existen fórmulas literarias, o al menos yo no las conozco. Mi único Pepito Grillo, en este caso, he sido yo. No hubo ni sugerencias, ni insinuaciones, ni nada parecido. El libro aparecerá tal y como quedó en el momento de poner el punto y final. Y allí no había ni editor, ni agente, ni nadie que me pudiera sugerir nada. Estaba solo, en una habitación forrada de libros desde el suelo hasta el techo en la que me encerré durante un año para escribir la novela. Cuando escribí como cuando escribí cualquiera de mis libros anteriores, jamás pensé en el premio ni en su público. Responder a esta pregunta me causa un poco de rubor, porque la misma respuesta daría a ella un escritor verdadero y un farsante. Nunca rebajo ni aguo nada cuando escribo, ni admito ese tipo de insinuaciones a las que se refiere. Soy una persona bastante misántropa y poco permeable. También he de decir en honor de mis editores que jamás me han insinuado estos cambalaches, quizá porque conocen la naturaleza de mi vocación, la pasión que pongo en mi trabajo y el grado de convicción en lo que hago.Hace años que intentaba escribir esta novela. Cualquiera que la lea se dará cuenta de que no está escrita pensando en premios ni en públicos ni en éxitos. No tengo agente, así que nadie me pide que rebaje o eleve mi ambición literaria. Me gustan los lectores que leen mis libros sin prejuicios ni segundas intenciones. La novela es realista, pero tiene una estructura compleja, en mi opinión. La originalidad de la novela no está tanto en la historia como en la manera de ir contándola. Parto del relato clásico para montar una historia sobre un bastidor que trata de ser original. Trato de abrir puertas, una detrás de otra, y luego cerrarlas en el mismo orden sin dejar al lector perdido en el desierto.Es tradicional y realista. No creo en esa dicotomía que plantea. Para mí la literatura es tradición; sólo desde el trampolín de la tradición el escritor puede alcanzar nuevos finisterres expresivos. Eso de ponerse a escribir como si se fuera a descubrir el Mediteráneo me parece una majadería a la que sólo aspiran los escritores pésimos. Otra cosa distinta es que la exigencia de la escritura te lleve a empujar puertas que nunca antes habías empujado. Durante la escriutura de esto me ocurrió en varias ocasiones; pero nunca tuve esa impresión megalómana y en el fondo tan palurda de estar "experimentando".En este caso, como en casos anteriores, la crítica de mis libros se hace desde los prejuicios. Incluso algún crítico lo ha reconocido explícitamente, en un gesto de sinceridad y de reconocimiento de sus limitaciones que le honra. Esto antaño me perturbaba mucho, pero desde que encontré la unidad interior esto ha dejado de preocuparme y me parece una bagatela. Yo sé quien soy y sé que también hay lectores que lo saben; también sé lo que para mí significa escribir, y lectores que lo reconocen al leerme. En ese fondo del que nace mi escritura casi ningún crítico penetra, no puede penetrar en realidad, así que es natural que se enzarce en la bagatela de los prejuicios.No lo sé. Cada crítico es un mundo, supongo. Hasta ahora la crítica se ha fijado muy poco en mí. Y no quiero que parezca un lamento. Cuando un autor tiene poca proyección y sus libros son casi rarezas, los críticos suelen ser benévolos. Hasta ahora no he recibido ni una crítica mala. Todo lo contrario. Lo que pueda ocurrir a partir de aquí es una incógnita. Pero ni antes subí al Olimpo por los ecos de las críticas, ni ahora me hundiré en el Averno por las malas críticas. Si a algo he aprendido en estos años de travesía, es a tener los pies sobre la tierra. Supongo que, como siempre, habrá críticos que respeten mi novela y otros que la maltraten o la ignoren. Que acierten o no es una consideración demasiado subjetiva. No me interesa rebatir las suspicacias sobre el premio o mi persona. Decía Einstein que es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio. A Luis Leante lo llevo leyendo muchos años, coincidimos como concursantes en muchos premios más o menos municipales o espesos. Creo que es un escritor muy dotado, a quien por fin se reconocen sus méritos; estoy seguro de que le aguarda el éxito. A Nativel Preciado la conozco tan sólo en su faceta de periodista; una periodista de increíble sensibilidad y penetración, con un gran conocimiento de la naturaleza humana, muy perspicaz y brillante; estoy convencido de que estas virtudes, multiplicadas, comparecerán en su novela. Una digna compañía literaria. Nativel Preciado me parece una escritora todoterreno. Leí su novela (Planeta, 2003) y me pareció estupenda. Creo que tiene oficio y garra. ¿Se necesita mucho más? En una ocasión estuvimos espalda con espalda en un aeropuerto, pero no me atreví a decírselo. Y en cuanto a Juan Manuel de Prada, lo he leído todo desde que salieron sus Coños en Valdemar (1996). Tengo sobre la mesa su última novela y la iba a comenzar a leer, pero el premio de Alfaguara me lo ha impedido. Es un escritor cuajado, con oficio, sensibilidad y con mucha eficacia al contar una historia. Él ya no se acordará, pero hace más de diez años fui su chófer en Murcia cuando salimos con Rosa Regás a tomar unas copas después de no sé qué acto literario. Soy un lector incondicional suyo, con o sin premio.


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