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 El escritor de los sueños oscuros

Textos de crítica
CLARÍN, 13 de mayo de 2006



STEPHEN KING

El escritor de los sueños oscuros

Especie de "gran sueño americano" en negativo, pero para multitudes, King terminó su saga de la Torre Oscura, siete aventuras que abarcan más de 2.500 páginas. El actual pope de la crítica estadounidense, Harold Bloom, se enojó cuando lo distinguieron con un importante premio literario, todos lo discuten en cuanto a calidad y él vende libros por millones. Sus historias fantásticas alimentan grandes éxitos del cine y su imaginación tenebrosa es ya una marca.

Stuart Jeffries

Stephen King detiene su Harley Davidson Heritage Softail roja y se saca el casco. Llega temprano a la sesión de fotografías que se realizará en su oficina, ubicada en una desolada zona industrial de Bangor, en el estado de Maine, en el nordeste de los Estados Unidos. La moto está impecable, y el contador registra apenas 17.041 kilómetros, la mayor parte de los cuales corresponde a los viajes que hizo entre Maine y California a mediados de los años 90 para promocionar su novela Insomnia (1994). "Hacía cinco años que no manejaba esto, desde el accidente", dice mientras pasa con cuidado la pierna lesionada sobre el asiento. King tiene el andar tieso de un hombre mayor (tiene cincuenta y ocho años) y la inseguridad de movimientos de un adolescente demasiado alto (mide 1,93). "No la uso porque me cuesta manejar el freno con la pierna derecha. Pero hoy se me ocurrió darle una oportunidad."

King revuelve el bolso del asiento. "Hace cinco años que no lo reviso", dice, y saca una bolsa de basura de su interior. "¿Qué hay acá? Partes de cadáveres, supongo. Eso es lo que todos esperarían que dijera." En realidad, hay impermeables.

El accidente se produjo el 19 de junio de 1999, King paseaba junto a la Ruta 5 cerca de su casa de Bangor. Esa tarde pensaba ver una película con su familia. Un camión Dodge se acercaba a gran velocidad. Lo manejaba Bryan Smith, un adicto a las drogas con múltiples condenas por problemas viales. En el camión también viajaba un rottweiler llamado Bullet, que se había subido a un asiento en el que había una conservadora con carne para hamburguesas que Smith había comprado para un asado. Smith se distrajo con el perro, se desvió y golpeó a King. El escritor atinó a dar vuelta la cabeza antes del impacto y evitó el golpe de un soporte de acero del camión que seguramente lo habría matado.

King chocó de cabeza contra el parabrisas. Se fracturó la cadera derecha, cuatro costillas y la pierna derecha en nueve puntos. Sufrió ocho lesiones de columna. "El accidente me hizo tomar conciencia de la mortalidad; me dio una sensación de apremio que antes no tenía. No de inmediato, pero aproximadamente un año después del accidente pude decir: ''Ese tipo casi me mata.''" Smith murió como consecuencia de una sobredosis quince meses después, el 21 de setiembre, día del cumpleaños de King.

En el transcurso de los últimos cinco años, durante los cuales King concedió muy pocas entrevistas, se dedicó a revivir el accidente de manera obsesiva en su ficción. En la novela Dreamcatcher (2001), un personaje sufre un accidente que recuerda el de King. En la reciente serie televisiva Kingdom Hospital, que King adaptó de una serie hospitalaria dinamarquesa de Lars von Trier, un camión atropella a un escritor en el primer episodio, quien, salvado de la muerte gracias a un oso hormiguero digital, pasa buena parte del resto de la serie en coma. Buick 8, un coche perverso (2002) versa sobre un auto que parece estar embrujado. Su e-novella —el primer libro electrónico que fue bajado de la red 500.000 veces— se llamó Riding the Bullet (1999) y trata sobre alguien que hacía dedo en una carretera solitaria y tenía mala suerte. Sin embargo, la recreación más vívida del accidente aparece en el último libro de King, La Torre Oscura (2004), el séptimo y último volumen de su saga épica fantástica del mismo nombre (N. d R.: Acaba de aparecer en castellano aquí).

"Al principio, inmediatamente después del accidente, yo decía: ''Tengo la cadera y la pierna fracturadas, pero nunca estuve en peligro.'' En cierto sentido era verdad, pero si el golpe hubiera sido algo más hacia un lado habría quedado paralítico, y si el camión se hubiera desplazado a cinco o seis kilómetros más por hora, me habría matado. Me llevó un tiempo tomar conciencia de eso." King escribió que no quería morir como Chaucer o Dickens. No quería abandonar este mundo sin haber concluido su equivalente de Los cuentos de Canterbury o El misterio de Edwin Drood. Según sus cálculos, después del accidente le quedaban tres libros por escribir para que su héroe milenario, el pistolero Roland Deschain, llegara a la Torre Oscura y desentrañara sus múltiples misterios. "Decidí que quería terminarlo. Quería cumplir el sueño del chico de veintidós años que proyectaba escribir la novela popular más extensa de todos los tiempos. Y lo hice: tiene 2.500 páginas, tal vez más. Sabía que iba a ser como atravesar el Atlántico en una bañadera. Me decía que tenía que seguir escribiendo porque, si me detenía, nunca volvería a empezar."

King empezó la serie en 1970, a los veintidós años de edad, con The Gunslinger (que apareció por entregas en revistas, pero que sólo se publicó como novela en 1982). La idea era en parte la de trasladar la búsqueda fantástica de El señor de los anillos, de Tolkien, al paisaje épico y la etiqueta del revólver de los spaghetti westerns de Sergio Leone. Con los años, mientras su fama aumentaba con novelas tan populares como Carrie (1974), El resplandor (1977), The Stand (1978), It (1986) y Misery (1987), una sombra empezó a elevarse tras esos libros. Era La Torre Oscura, una epopeya maniquea sobre un grupo de viajeros del tiempo extraídos de distintos lugares y épocas. A medida que se acumulaban las novelas, el objeto de la búsqueda de Roland se fue haciendo más claro: salvar al mundo del mal en un lugar apocalíptico llamado End-Time, donde se encontraba la Torre Oscura. Era una serie que leían sobre todo los fans de King, pero éste volvía a la misma cada tantos años e incorporaba un nuevo texto denso e imaginativo. Hasta ahora King vendió tres millones de ejemplares de los libros de La Torre Oscura. Si bien esa cifra no puede compararse con las decenas de millones que alcanzaron sus novelas de terror, ahora que la serie está terminada King piensa que las cosas van a cambiar: "Espero que, ahora que los libros están terminados, la gente se anime a leerlos, tal vez por recomendación de otros que los leyeron."

Lo que lo llevó a escribir la saga fue el poema de treinta y cuatro estrofas de Robert Browning "Childe Roland to the Dark Tower Came", si bien ni King ni su autor sabían qué significaba la búsqueda de Childe Roland. "El poema de Browning fue como el Kubla Khan de Coleridge: se le apareció en un sueño. Se despertó y escribió el poema. La gente le preguntaba qué significaba y él contestaba que no lo sabía. Leí ese poema muchas veces en el transcurso de los años y sigo sin saber qué significa."

El Roland de King es una creación estadounidense más optimista, un pistolero cuya búsqueda no se hunde en una oscuridad deprimente, sino que se hace más clara y más cargada de sentido simbólico a medida que avanza. Se trata de un hombre que dispara primero y casi nunca hace preguntas. Sin embargo las mujeres lo buscan y los hombres —por lo menos los hombres como Stephen King— quieren parecerse a él: "Cuando empecé, pensaba en el mito del extraño fuerte y silencioso, el forastero que quiere hacer el bien. Creo que, en mi caso, mucho procede de la —no sé muy bien cómo pronunciar la palabra— iconografía de los héroes. Se trata de alguien valiente e inflexible."

Tan inflexible es Roland en lo que respecta a su búsqueda, que en la primera novela abandona a un niño llamado Jake y permite que muera con tal de no apartarse de su misión. Aquí hay una resonancia biográfica: el padre de King salió a comprar cigarrillos cuando éste tenía dos años y nunca volvió. En La Torre Oscura, Roland suele decir a los miembros de su grupo: "No olviden el rostro de su padre", como si hacer lo correcto consistiera en la fidelidad a la memoria del propio padre. Parece una expresión extraña en King, entre otras cosas porque en su ficción a menudo encontramos chicos abandonados que tienen que olvidar el rostro de su padre (y madre) inútil para poder desarrollar una vida independiente. "Esa expresión salió de la nada", dice King, "pero para mí tiene sentido porque vivo en una sociedad patriarcal donde hay un Gran Padre Blanco en la Casa Blanca. Es gracioso, ya que a mí me criaron dos mujeres, mi madre y la hermana. Mi padre nos abandonó. Pero no quiero que empiecen a hacer interpretaciones freudianas."

En sus memorias, On Writing (2000), King recuerda que, una vez que su padre se fue, vivió "una infancia rara, con una madre sola que se mudaba mucho". Cuando, después de muchos traslados, la familia se radicó en Durham, Maine, King revisó el desván de un pariente y encontró varias cosas de su padre, entre ellas una antología de los relatos de horror de H. P. Lovecraft. "Ese libro, cortesía de mi padre", escribió King en Danza macabra (1980), "fue mi primer atisbo de un mundo que iba más allá que las películas de clase B que pasaban en el cine los sábados por la tarde". Escribió su primer cuento de terror a los siete años y luego compró una máquina de escribir Underwood a la que se le rompían las letras. Al igual que Paul Sheldon, el novelista de Misery, tenía que poner a mano algunas letras.

En el colegio secundario, su primer relato publicado, "I Was a Teenage Grave Robber", apareció en Comics Review. Después de egresar escribió Getting It On, una novela que luego publicó con el seudónimo de Richard Bachman y el título de Rabia (1977). La historia versaba sobre un extraño que tomaba como rehén a toda una división de un colegio secundario. Después de episodios como el del colegio secundario Columbine, King retiró el libro de la venta. Siguió escribiendo en la Universidad de Maine, a la que había llegado en 1966 con una calcomanía a favor del republicano Barry Goldwater pegada en el auto. Las protestas estudiantiles contra la guerra de Vietnam lo hicieron cambiar de forma de pensar: vendió el auto, se dejó crecer el pelo hasta los hombros y pegó en su mochila una calcomanía que rezaba "Richard Nixon es un criminal de guerra."

"En los años 60 tocaba mucha música folk: Dylan, Donovan, Dave van Ronk, Phil Ochs. Así aprendí lo que sé." King sigue tocando la guitarra y cantando. Hace diez años que forma parte de los Rock Bottom Remainders, una banda de rock de escritores que integran el humorista Dave Barry, los novelistas Bárbara Kingsolver, Scott Turow y Amy Tan, y el creador de Los Simpson, Matt Groening. En una ocasión salieron de gira con Warren Zevon, que insistió en que King cantara su tema "Werewolves of London" (Hombres lobo de Londres). "A mí me daba vergüenza, ya que era un tema suyo, pero él me llevó aparte y me dijo: ''Sería el punto más alto de mi carrera'', y no hablaba en broma, de modo que lo hice." Es un buen tema para que cante un escritor de literatura de terror. Tiene un estribillo memorable, y líneas como: "He''s the hairy-handed gent who ran amuck in Kent." (Es el tipo de manos peludas que sembró el terror en Kent).

En la universidad, King se mantuvo trabajando en la biblioteca. Empezó a escribir la primera historia de la serie La Torre Oscura en papel de color de la biblioteca. Ahí conoció a su futura esposa, Tabitha, que se sintió atraída por él pero asombrada ante su pobreza. "No tenía qué comer, no tenía dinero, no tenía ropa", dice ella. "Parecía increíble que alguien estudiara en esas circunstancias, y aun más increíble que no le importara."

Como no conseguía ningún cargo docente en colegios secundarios, King se ganaba la vida escribiendo ocasionales cuentos para revistas masculinas mientras trabajaba en un lavadero industrial, donde lavaba manteles y servilletas de fondas de Maine.

Con su esposa y los dos hijos de ambos vivían en una casa rodante cuando Doubleday rechazó su primera novela, lo que desilusionó a King y lo llevó a aceptar un trabajo como docente en el que ganaba 6.400 dólares. Mientras enseñaba, empezó a escribir un cuento llamado "Carrie" sobre una estudiante secundaria —hija de una mujer muy religiosa y reprimida— que descubría que tenía poderes telequinéticos y los usaba para llevar a cabo una cruenta venganza en la fiesta de egresados. King tiró el manuscrito a la basura porque pensaba que la escena inicial en la ducha de mujeres no era nada realista. Tabitha lo recuperó y lo convenció de que continuara trabajando. Doubleday compró los derechos de publicación en tapa dura por 2.400 dólares, pero la suerte de la familia King sufrió un cambio decisivo cuando New American Library pagó 400.000 dólares por los derechos de la edición económica. King usó parte del dinero para pagar los gastos médicos de su madre, que agonizaba como consecuencia de un cáncer de útero. En febrero de 1974 hizo su elogio en el entierro. "Creo que me las arreglé bien", escribió, "considerando lo borracho que estaba." Años después escribió Dolores Claiborne (1992), sobre una sufrida mujer de Maine y su hija ingrata, que es en parte un homenaje a su madre.

King llevaba casi diez años tomando en exceso para la época en que murió su madre, y siguió haciéndolo a medida que su éxito literario aumentaba con libros como la novela de vampiros El misterio de Salem''s Lot (1974) y El resplandor. Esta última versaba sobre un escritor que no podía escribir, se volvía loco y trataba de matar a su familia en un hotel embrujado y aislado en la nieve. "Había escrito El resplandor sin darme cuenta de que escribía sobre mí." Durante años, usó para sí lo que llamaba "la defensa de Hemingway": "Como escritor soy un tipo muy sensible, pero también soy un hombre, y los hombres de verdad no se entregan a su sensibilidad. Sólo los afeminados lo hacen. Por eso tomo."

Poco después de la publicación de Los Tommyknockers (1987), la familia y los amigos de King organizaron una intervención. Vaciaron su basura ante él sobre la alfombra para mostrarle la prueba de sus adicciones: latas de cerveza, colillas de cigarrillos, rastros de cocaína, Xanax, Valium, NyQuil.

Con El resplandor, que Stanley Kubrick llevó al cine en 1980, Stephen King se convirtió en una marca cuyo nombre bastaba para que un libro se vendiera. Los acuerdos cinematográficos también contribuyeron al rápido crecimiento de su cuenta bancaria. Como son tantas las editoriales y las ediciones de sus novelas en distintos idiomas en todo el mundo, es imposible calcular cuántos libros vendió Stephen King. En 1998, sin embargo, se estimaba que había ganado cuarenta millones de dólares.

King es muy crítico respecto de la película sobre El resplandor ("No da ningún miedo. Jack Nicholson adoptó todos los tics que había desarrollado en el cine estadounidense internacional diez años antes. El tipo ya está loco cuando empieza la película, de modo que el personaje no tiene ningún desarrollo"), y adaptó la novela como una película para televisión que tuvo menos éxito. Pero la novela también le dio fama literaria. El profesor Michael Collings, del Peperdine College de Malibú, uno de los críticos más sensibles de King, señala: "Es probable que El resplandor sea el libro que más oportunidades tenga de sobrevivir.Cuenta una buena historia y lo hace con imágenes fuertes, memorables."

King tampoco está conforme con la versión cinematográfica de The Running Man (1987), que protagonizó Arnold Schwarzenegger. "El protagonista de la novela era un tipo que tenía un envenenamiento por radiación producto de su trabajo en una fábrica. No tenía nada que ver con el musculoso Arnie." Se trata de un reality show en el que se da caza a los participantes. Este año, ejecutivos de televisión le preguntaron a King si podían convertir la historia en una sátira de los reality shows. "Les contesté: ''Claro que sí, pero tienen que filmar el final.'' Al final un tipo secuestra un avión y lo estrella contra un rascacielos generando una masacre. Lo hace porque piensa que todos los que están en los rascacielos son agentes del gran Satán. Los ejecutivos perdieron interés muy rápido."

Pero en líneas generales, dice King, "creo que las adaptaciones cinematográficas de mi trabajo me conformaron". Frank Darabont, que adaptó dos de las novelas más humanas de King, The B>Shawshank Redemption (1994) y The Green Mile (1999), y creó dos películas que tuvieron gran éxito, señala: "Siempre me atrajo su voz como autor. Para mí está a la altura de Dickens, que era un gran narrador populista. Dickens tenía un corazón que sangraba por la humanidad. Ahora la gente empieza a darse cuenta de que King se le parece más de lo que pensaban." David Cronenberg, que dirigió una adaptación de La zona muerta (1983), es otro de sus admiradores: "Stephen King dijo que él es el Big Mac de la literatura, y creo que tiene razón. Llega a las masas; en eso reside su fuerza. Lleva a los lectores por un camino que no es el que recorrerían habitualmente. Lo lee mucha gente, lo cual también limita lo que él puede hacer. Pero en su caso eso no es una restricción; es lo ideal. Hace exactamente lo que quiere hacer y es un artista puro e íntegro."

King hace honor al terror que cultiva en sus textos. Rodeó su casa de Bangor (una construcción que recuerda la casa familiar de Norman Bates en Psicosis) con una cerca decorada con telarañas, murciélagos y gárgolas. La cerca tiene por objeto proteger la intimidad de King de sus admiradores, con los que tiene una extraña relación. En Misery, un novelista exitoso termina atado a una cama, en manos de una admiradora obsesionada que está furiosa con él por haber dado muerte a una heroína de ficción que ella adoraba, y que le rompe las piernas con un martillo. El mensaje parece claro: los lectores pueden ser terribles. King habla de ello cuando explica cómo termina la serie de La Torre Oscura. "Terminara como terminara, la gente se iba a indignar conmigo. ¡Nada les viene bien!" La mayor parte de los mensajes que llegan al site de King corresponden a admiradores irritados porque el escritor adoptó el recurso posmoderno de presentarse como personaje en el sexto tomo.

La ira de Bloom

La irritación de los admiradores no es nada en comparación con la ira que se desató el año pasado cuando le otorgaron la medalla anual de la National Book Foundation por su contribución distinguida a las letras estadounidenses. El influyente crítico Harold Bloom afirmó que la decisión era "un terrible error" y dijo que King era indigno de sumarse a ganadores anteriores como Saul Bellow, Philip Roth, John Updike y Toni Morrison. En el Boston Globe, Bloom sostuvo que el premio era "otro hito lamentable del indignante proceso de entumecimiento de nuestra vida cultural (...) Sus frases, sus párrafos, sus libros, indican que es un escritor por completo inadecuado (...) Al concedérsele (el premio) a King, lo único que se reconoce es el valor comercial de sus libros, de los que se venden millones pero que no hacen por la humanidad nada más que mantener a flote el mundo editorial." Bloom señala que "el triunfo del ingenioso King es un símbolo de las deficiencias de la educación estadounidense."

King se arrastró desde la cama de hospital en la que se recuperaba de una neumonía para recibir el premio, y en su discurso de aceptación admitió que, de sus más de cuarenta novelas, casi todas best-séllers, no todas eran literatura. "Algunas son entretenimiento; otras son literatura", dijo. "Pero no me pidan que defina la literatura." Instó a la elite editorial a "construir puentes entre la llamada ficción popular y la llamada ficción literaria."

¿Qué piensa King en la actualidad de ese enfrentamiento crítico? "En última instancia, lo que me interesa es, por ejemplo, que cuando uno ve un ejemplar de USA Today, ve que Matar un ruiseñor o El guardián en el centeno aparecen en las listas de libros más vendidos semana tras semana, año a año. En los últimos tiempos pensé mucho en Somerset Maugham, que es la persona que siento más cerca de mí porque gozó de una gran popularidad y consiguió cierta respetabilidad literaria luego de un período en que se lo despreciaba por ser un novelista popular. A mí me pasó eso, y por las mismas razones, y no necesariamente porque haya mejorado, sino sólo porque envejecí. También porque sobreviví a mis críticos más severos. Ahora soy respetable en términos de la crítica. Tal vez no lo merezca, pero sólo el tiempo lo dirá."

¿Por qué King escribe tanto sobre la muerte? "Olvidé quién dijo esto, pero es verdad: lo que hace la literatura es prepararnos para la muerte. Una de las formas en que abordamos la muerte es a través de la imaginación. Una de las mejores cosas de la ficción fantástica es que a veces es posible el camino de ida y vuelta. En la ficción fantástica, más que en ninguna otra, podemos abordar la muerte de manera alegórica. Cuando los personajes regresan como fantasmas, lo que hacen es volver bajo otra forma. Es una forma velada de decir que la vida continúa."

En la última página de La Torre Oscura escribe: "Nunca trabajé tanto en un proyecto en toda mi vida, y sé que no fue del todo exitoso". Ahora que terminó su equivalente de Los cuentos de Canterbury y El misterio de Edwin Drood, ¿siente que puede morirse tranquilo? "Siempre pasa lo mismo. Sé qué quería lograr, y no está por completo plasmado en lo que escribí. Ese es el tormento del escritor." ¿Entonces por qué prolongar el tormento? "No exageremos. Escribir es maravilloso. Cuando escribo, pienso que no hay nada mejor en la vida. Es lo mío."

(c) The Guardian y Clarín
Traducción de Joaquín Ibarburu




Columnas de prensa. Temas de actualidad. Otro enfoque



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Una biblioteca increíble.

King básico

 
Se calcula que King lleva vendidos más de 100 millones de ejemplares de una voluminosa producción, conformada por unos 40 relatos del género fantástico. Su padre abandonó a su mujer e hijos y Stephen vivió parte de su infancia con la familia paterna en Strattford, Connecticut. Estudió Letras en la Universidad de Maine, el estado del nordeste de los Estados Unidos en el que había nacido. Se graduó en 1970 y vivió un tiempo con su mujer en una casa rodante. Su primer gran éxito fue el relato Carrie (llevado al cine), cuyo personaje central es una estudiante con poderes psíquicos. En 1976, Stanley Kubrick adaptó para la pantalla la también exitosa El resplandor. También fueron llevadas al cine La zona muerta y Cementerio de animales, entre otras. King fue adicto al alcohol y a las drogas. En la década de los 80, su mujer lo ayudó a abandonar esas adicciones. Misery (1987), llevada al cine en 1990 por Rob Reiner y protagonizada por Kathy Bates, quien obtendría un Oscar por su papel, es una novela que en apariencia tiene mucho que ver con su propia vida. King se hizo popular a la par que millonario, y la calidad de su trabajo comenzó a ser motivo de debates. Sus defensores alegan que, más allá de la calidad despareja de sus libros, algunos de gran valor literario, King ha creado un mundo personal, inquietante, sombrío, instalado en la vida cotidiana de los Estados Unidos de hoy. En 2001 publicó El cazador de sueños. En 2002, La ventana secreta y, en 2006, Cell.


Un escritor contundente
MARGARA AVERBACH*
Incluso para los que no amamos el terror en ninguna de sus formas, hay mucho de bueno en los buenos libros de Stephen King (aunque no en todos). Para mí, tal vez la más interesante de sus cualidades sea la capacidad de sus buenas novelas para construir mezclas fabulosas que, siempre dentro del género, se abren a temas tan variados como características sociológicas de su país; costumbres locales; cuestiones metaliterarias, como la inspiración; incluso fantasmas simbólicos —que él convierte en seres concretos y terribles—, como el del racismo y la esclavitud. En manos menos hábiles, esa ensalada podría convertirse en un libro pretencioso de esos que, por decirlo todo, no dicen nada. En las de King, son novelas apasionantes y llenas de inteligencia, no se pueden soltar y uno quiere seguir pensando: es decir, buenas novelas. Sin embargo, para los que buscan miedo en los libros (no es mi caso: yo creo que no tiene sentido buscar eso en un libro cuando el mundo nos lo ofrece todo el tiempo), la fama de King se apoya sobre todo en su capacidad para producir ese efecto, esencial en el género. King tiene una contundencia que Edgar Allan Poe, el maestro, aplaudiría. Poe decía que el buen escritor es el que domina el efecto que causa en sus lectores. King hace exactamente eso. Mi experiencia es personal. Fue durante la traducción de un cuento de King para una antología. En el relato, una mujer que mueve la pistola cargada de su esposo recibe una bala en la frente. El resto de la historia no importa pero la descripción del momento en que ella se mira en el espejo, ve el agujero, toma un lápiz y lo hunde hasta tocar el tejido blando, me revolvió el estómago. Trabajé días en esas dos o tres oraciones perfectas. Sé que, en castellano, no conseguí más que una aproximación al original. Pero recuerdo con admiración la capacidad de King para desencadenar un efecto físico intenso con pocas palabras (eso no era cine, así que no había música ni imágenes). Desde mi punto de vista, esto es hacer magia literaria aunque, de las muchas magias de la literatura, la del miedo sea la que menos me interesa.

*PERIODISTA Y ESCRITORA


ESTRELLA DIGITAL, 14 de mayo de 2006

Francisco Brines considera que la poesía "es una escuela de tolerancia"


Estrella Digital/Efe. Madrid

El escritor Francisco Brines, que el próximo domingo lee su discurso de ingreso en la Real Academia Española, dedicado a Luis Cernuda, está convencido de que la poesía "es una escuela de tolerancia", y el que se educa en ella "es un hombre que está abierto a la verdad de los demás y a la emoción ajena". Cinco años después de ser elegido académico de la Lengua, Brines (Oliva, Valencia, 1932) ha superado en parte los serios problemas de salud que ha padecido en este tiempo y que le han impedido incorporarse antes de manera formal a las tareas académicas.

"La poesía produce respeto hacia el otro y agradecimiento. Quien la lee, agradece que le haya transmitido esa emoción estética y, por lo tanto, emoción de vida", asegura Brines en una entrevista con Efe, en la que deja claro por qué ha elegido a Cernuda para su discurso: "por lealtad" y porque con él, "como con ningún otro de los poetas españoles, tocamos al hombre cuando lo leemos".

A partir del 21 de mayo, tendrá que viajar cada semana desde Oliva, donde vive, a Madrid para participar en las diferentes comisiones de trabajo que funcionan en la Academia, a la que quizá, afirma, no pueda aportar "el conocimiento maravilloso del idioma" que suelen tener los filólogos, pero sí ese "desvío creador" que se desprende de la labor del poeta.

"La poesía, desde el lenguaje, rompe con el convencionalismo del mismo, porque lo que tiene que lograr es darle intensidad y darle una valía estética. Y eso se hace desde la ruptura, pero no una ruptura gratuita sino cargada de significación. Entonces es cuando la palabra se queda en plenitud, mucho más rica y mucho más viva", asegura el autor de 'Las brasas', que ha merecido, entre otros, el Premio de la Crítica, el de las Letras Valencianas, el Nacional de Poesía y el Nacional de las Letras.

Brines, que ocupará en la Academia la vacante de Buero Vallejo, se ha dejado guiar por "la lealtad" a la hora de elegir a Luis Cernuda para su discurso de ingreso. "Hay poetas que te conforman, cuya lectura te sirve para conocerte mejor. Son poetas con magisterio, y en mi caso hubo dos, sobre todo: Juan Ramón Jiménez, que fue quien educó mi sensibilidad adolescente, y luego Cernuda, que me enseñó a situar al hombre dentro del poema. Eso lo hizo él como nadie en la Literatura española".

"Es un poeta de una gran complejidad, desde una escritura sencilla y, además, con Cernuda, como con ningún otro de los poetas españoles, tocamos al hombre cuando lo leemos, tocamos su carnalidad, entendiendo que también en la carne está el espíritu", subraya Brines, para quien el autor de "La realidad y el deseo" es uno de los escritores que más ha influido en la poesía posterior a él, algo que también sucede con Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez.

En su discurso se referirá también a "los defectos" que aparecen en la poesía de Cernuda y hará ver cómo esas "luces y sombras" acercan a la persona y ayudan a "aceptar su verdad, aunque esa verdad no coincida con la nuestra". Pero habrá que esperar al 21 de mayo para conocer en profundidad lo que el nuevo académico piensa sobre el gran escritor sevillano.

Mientras, Francisco Brines, un poeta al que nunca le ha urgido publicar y que sólo escribe "cuando la poesía quiere que lo haga", dice que tiene ya en marcha un nuevo libro, aunque aún no sabe qué título le pondrá.

"Hay un instinto de conservación del poeta, que es la no repetición. Basta no ser ávido en la escritura, para esperar que el hombre que está cambiando lo refleje también en su poesía", señala Brines al explicar por qué escribe "cada vez más espaciadamente". "Uno sirve a la poesía, no se sirve de ella", añade este escritor, uno de los pocos supervivientes de la llamada Generación de los 50, junto con José Manuel Caballero Bonald.

El autor de 'Palabras en la oscuridad', 'El otoño de las rosas' o 'La última costa' cree que la vida, y también su propia obra poética, "es una sucesión de pérdidas". "Ya lo dijo Quevedo: 'Empezamos a morir cuando nacemos', y eso es el sentimiento de pérdida".

Partidario de "aceptar la vida como es", Brines habla sin rodeos de "la vejez", la etapa en la que dice estar, y asegura que "no es mala, porque tiene cosas maravillosas que conozco ahora y que no conocía antes.

Defiende la vejez, pero también deja claro que es "totalmente partidario de la eutanasia", porque "vivir instalados en el dolor es innoble; el dolor anula por completo todo lo bueno que pueda tener la persona. "Si no existe en la vida la esperanza, no vivamos", concluye.




 
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