Aldington nació en el condado de Hampshire -sur de Inglaterra-, en 1892. Se educó en Dover College y en la Universidad de Londres. A los trece años había escrito -y caligrafiado- sus primeros poemas. A los diecisiete, una revista distraída le publicó varias imitaciones de Keats. En 1915 aventuró su libro inicial: Images Old and New. (En octubre de 1913 se había casado.) Aldington, entonces, era «imaginista»: creía que las imágenes visuales eran lo esencialmente poético. (Lo mismo creyó Erasmus Darwin, hace más de cien años.) Esa caprichosa tesis lo condujo a la versificación irregular y sin rima, por entender que en ella lo auditivo se subordina a lo visual... De esas cosas habla Richard Aldington con sus amigos Ezra Pound y Amy Lowell, y no sabía que un pistoletazo balcánico iba a aniquilar el debate. A principios de 1916, Aldington se enroló en la infantería del ejército inglés. La guerra lo dejó vivo, neurasténico, sin un cobre. Una choza en Berkshire, muchas traducciones y algunos trabajos periodísticos lo salvaron. Tradujo
El Decamerón de Boccaccio, la Historia cómica de los estados del sol de Savinien, Cyrano de Bergerac, las cartas de Voltaire y de Federico Segundo, los yambos de Chénier y centenares de inscripciones y de epigramas de la antología griega. En 1923 publicó Destierro; en 1928, El amor y el Luxemburgo; en 1929, la novela asombrosa o sorprendente Muerte de un héroe. Es raro que un autor abomine de todos los personajes de un libro y se complazca en insultarlos y denigrarlos. Richard Aldington lo hace, y entendemos que su cólera es algo más que los despliegues académicos de energúmenos profesionales como Carlyle o Guerra Junqueiro o León Bloy. Muerte de un héroe es un libro impar; si a alguna otra novela es afín, lo es a
The Way of All Flesh de Butler. Richard Aldington es, asimismo, autor de Rumbos de gloria, de Las mujeres tienen que trabajar, de La hija del coronel, de un estudio sobre Voltaire y de Todos los hombres son enemigos. Este año ha publicado un libro humorístico: Los siete contra Reeves. (Nombre, como habrá notado el lector, que parodia Los siete contra Tebas de Esquilo.)
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