Mary Wollstoncraft Shelley
Fecha Lunes, 22 diciembre a las 07:28:12
Tema Historia y curiosidades literarias


Mary Wollstoncraft Shelley, creadora de uno de los mitos del terror
JAVIER MEMBA

Sabido es que los hijos o cónyuges de una gran personalidad creadora, inevitablemente se ven condicionados, cuando no eclipsados, por ésta. Mary Wollstoncraft Shelley, hija de Mary Wollstoncraft -una de las primeras impulsoras del pensamiento feminista- y de William Godwin -el primer filósofo anarquista- y casada Percy Bysshe Shelley -el gran romántico inglés-, fue una de las pocas excepciones a dicha regla. He ahí la prueba irrefutable del valor de su obra.

Ya desde su nacimiento, la vida de la creadora de uno de los grandes mitos de la terna que preside la literatura de terror estuvo marcada por la fatalidad. Su madre, autora de "Reivindicación de los derechos de la mujer" (1792), murió al alumbrar a Mary. La futura escritora vino al mundo el 30 de agosto de 1797. Casado Godwin posteriormente con una viuda que ya tenía dos hijas con la que el filósofo alumbraría un nuevo vástago, huelga decir lo agitada que fue la infancia de nuestra autora.

Toda clase de desórdenes

Perdidamente enamorada de Percy B. Shelley desde la primera vez que lo vio, Godwin -autor, por cierto "Las aventuras de Caleb Williams" (1794), novela próxima a los presupuestos góticos- en consecuencia a sus teorías, no puso ningún reparo en que corriera tras él. No fue ese el caso de la esposa del poeta quien, humillada, ofendida y embaraza siguió a la feliz pareja hasta La Spezia, localidad de la costa italiana en que se establecieron. A los desarreglos deducibles de semejante situación no tardó en sumarse el mismísimo Byron, siempre afecto a toda clase de desórdenes. John Clute, en su interesante "Enciclopedia de la Ciencia Ficción", no duda en afirmar que una hermana de Mary, a la sazón también alojada en La Spezia, frecuentaba la cama del lord. En cualquier caso, la comunidad se deshace con los suicidios de una segunda hermana de Mary y de la esposa de Shelley.

El siguiente episodio en la vida de nuestra escritora nos la sitúa en Villa Diodati, inmersa en aquellas jornadas junto a su ya marido Percy, Byron y el médico de éste último, el tan injusta como frecuentemente menospreciado John Polidori. Durante aquellas veladas en que el mal tiempo fue combatido con desafíos literarios, Mary Shelley, con tan sólo 20 años, alumbra, como tanto acierto reza el subtítulo de la obra, al moderno Prometeo. La electricidad galvanizada que da la vida a un cuerpo formado con restos de varios cadáveres y demás pasajes de la novela están tan enraizados en la memoria colectiva que sobre comentarlos. Cabe, no obstante, una pequeña puntualización: lejos de la imagen que tan frecuentemente nos ha dado de él el cine -y eso que la creación de Víctor Frankenstein es uno de los personajes literarios que ha conocido más versiones cinematográficas-, el monstruo de Mary Shelley es más víctima que verdugo.

La educación de su hijo

La aparición de "Frankenstein o el moderno Prometeo" (1818) consagra a su autora como la gran escritora que fue. Ello no le libra de la muerte de su hijo William en 1819, a consecuencia de la cual sufre su primera crisis de melancolía. Tres años después es su marido quien se ahoga mientras navega en la bahía de la Spezia. La melancolía, ya de un modo patológico, vuelve a apoderarse de Mary. En 1823 aparece su segunda novela, en esta ocasión de transfondo histórico "Valperga". Pero el verdadero interés de Mary radica en la educación de su segundo hijo, Percy, y en la edición de las obras de su esposo. Ello no quita para que se gane la vida escribiendo artículos, novelas y biografías. De su producción de entonces destaca un relato posholocausto, "El último hombre" (1926), ambientado en 2090 en un mundo como el nuestro pero sin humanidad. Sólo aquel al que alude el título ha conseguido escapar a la plaga que ha borrado al género humano de la faz de la tierra.

Desgraciadamente, cuando el acaudalado abuelo de su hijo decide pasarle una asignación mensual, Mary Shelley deja de escribir. Moriría en 1851, tras tres décadas de viudedad seguía amando al poeta de quien se enamoró cuando contaba 16 años. Su legado, por encima de géneros, fue una de las grandes obras de la historia de la literatura.




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