H. G. Wells, el "padre" de la ciencia ficción
Fecha Lunes, 22 diciembre a las 07:39:40
Tema Historia y curiosidades literarias


 
JAVIER MEMBA

Más alucinado que maldito o heterodoxo, H. G. Wells es, junto con Julio Verne, el "padre" de la ciencia ficción. Una de las claves de su gran obra, aquella que nace de la convicción de que la especie humana -al igual que el resto de las especies- es el resultado de un proceso evolutivo, hay que buscarla en sus días de estudiante de Biología en la Universidad de Londres (1888). En sus aulas, el futuro escritor fue el más agradecido discípulo del biólogo Thomas H. Huxley, quien -además de abuelo de Aldous Huxley- fue el mayor propagador de las ideas de Charles Darwin que tuviera la docencia inglesa en las postrimerías del siglo XIX.

Nacido en Kent el 11 de septiembre de 1866, la Herbert George Wells fue familia modesta. Ya autor aclamado, su extracción social habría de inspirar algunas de sus más célebres antiutopías, a la vez que le llevaba a ingresar en clubes como el de los Fabianos, nacidos para la difusión del socialismo en Inglaterra. Redimido por la educación -Wells siempre fue un gran amante de la cultura- una beca le sacó del taller textil en que era aprendiz para llevarle a la Normal School of Science de Londres. No obstante, pese a su avidez de sabiduría, no superó su examen final.

Maestro de provincias

Maestro el mismo en una pequeña escuela de provincias, en 1893 abandona la enseñanza para dedicarse por entero a la literatura. "La máquina del tiempo", la primera de sus grandes novelas, aparece en 1895. Su protagonista, merced al prodigio aludido en el título, tiene la oportunidad de viajar en el futuro hasta el final de la humanidad y del planeta. Antes de asistir a la auténtica consunción de los siglos, será testigo de cómo la evolución ha obrado en contra de nuestra especie, dividiendo a los hombres en dos clases: los "eloi", tan bellos como inútiles, y los "morlocks", tan rudos como trabajadores. Siendo la época de la publicación de "La
máquina del tiempo" aquella en la que libraban sus más enfebrecidas batallas la lucha de clases, huelga decir el éxito obtenido por Wells en su primera novela.

Su siguiente ficción, "La isla del doctor Moreau", aparecida en 1896, vuelve a dar prueba del interés de Wells por los problemas de la evolución. Pieza fundamental de ese inquietante subgénero que es el de los doctores locos, el que aquí se nos presenta ha realizado los más terribles experimentos con animales a los que ha querido dar forma humana, llegando a conseguir únicamente unos híbridos a mitad de camino entre el hombre y la bestia. El aplauso que despertara en su primera entrega no tarda en verse revalidado.

Novelas de tesis

Otro científico loco, cuya ambición también será su perdición, es el protagonista de "El hombre invisible" (1897). Las mejores páginas de nuestro autor prosiguen en "La guerra de los mundos" (1898), donde narra una invasión alienígena ante la que se verá impotente la humanidad. Finalmente serán nuestros gérmenes quienes nos salvarán de los marcianos. El Wells que sienta las bases de la ciencia ficción, el gran Wells sigue adelante en títulos como "Cuando el durmiente despierte" (1899), "Los primeros hombres en la Luna" (1901) y "El alimento de los dioses" (1904). A partir de entonces, el interés de nuestro autor por esta clase de ficciones va dejando paso a una nueva inquietud por la realidad. No en vano, en 1903 ha pasado a formar parte de los
Fabianos, asociación en la que coincide con George Bernad Shaw y otros grandes intelectuales de la época.

El resto de su larga vida -murió en Londres, el 13 de agosto de 1946- lo dedicó a una copiosa producción de novelas que podríamos llamar de tesis, tesis de marcado carácter social. No falta entre ellas algún título de ciencia ficción en el que se atisba el esplendor de sus primeras páginas. Tal es el caso de "The Holy Terror" (1939) antiutopía ambientada en un tiempo de carismáticos dictadores. Pero la prosa de H. G. Wells ya no tiene el esplendor de antaño. De hecho, en su bibliografía del siglo XX, tienen más peso las novelas biográficas -"Kipps" (1905)- o seudofilosóficas -"Mundos nuevos en lugar de los viejos" (1908). Ya cuarentón, parece ser que a H. G. Wells le interesaron mucho más las damas que la anticipación. Así, John Clute, en su "Enciclopedia de la ciencia ficción" apunta: "Su piel olía a miel. Amó a sus esposas, pero se acostaba con cualquier mujer que (embriagada por el olor a miel) le hiciera un sitio en su cama".









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