No se le conocen toxicomanías ni desequilibrios y en las solapas de todas sus novelas reza que está felizmente casado y que es padre de dos hijos. Salvo su huida a Canadá, para evitar así ser movilizado y enviado a combatir a Vietnam, no hay en la biografía de William Gibson ninguno de los datos que cabría esperar en un autor que está considerado el
creador del "ciberpunk". Sin embargo, este apacible ciudadano de Vancouver, que no luce crestas en su cabeza ni se tiñe el pelo de caprichosos colores, fue uno de los más grandes visionarios que diera la literatura de ciencia ficción en el último tramo del siglo XX. Gibson, en palabras de John Clute "influyente, respetado, listo, astuto, rico y (quizá un poco inesperadamente) sabio", acuñó el término ciberespacio e imaginó Internet y la realidad virtual antes de que se convirtieran en el fenómenos de masas que son actualmente.
Nacido en Carolina del Sur en 1948, el primer apunte de su siempre
parca biografía lo sitúa en una escuela de Arizona. Ya en Canadá, país al que huyera en 1971, mientras estudia literatura en la universidad de Columbia Británica publica su primer cuento en 1981. "El continuo de Gernsback" es su título e irrumpe con él en un género que no tardará en revolucionar con la introducción de nuevos elementos referidos al mundo de la informática.
Microprocesadores y megacorporaciones económicas Su primera novela, "Neuromante" -la más influyente de cuantas alumbrará la ciencia ficción en los años 80- llega a las librerías en 1984. En ella imagina un futuro lleno de microprocesadores y megacorporaciones económicas donde la información es lo que fuera el fuego a los héroes de Joseph-Henry Rosny. Las aventuras de Case, -protagonista de Gibson- donde las nuevas y sofisticadas tecnologías, entendidas siempre desde
un punto de vista negativo, sirven de marco a tramas próximas al thriller. Esto dará lugar a un termino que, meses después, será popularizado por la prensa: el "ciberpunk". Distinguida con los premios Hugo, Philip K. Dick y Nebula, con
"Neuromante" comienza el ciclo de Sprawl, que se prolongará en "Conde Cero" (1986), "Mona Lisa acelerada" (1988), "Idoru" (1996) y los relatos reunidos en "Quemando cromo" (1986).
Verse convertido en unos de los autores más influyentes e imitados de nuestro tiempo no le vuelve un escritor prolífico. Así, mientras los estudiosos del género buscan los orígenes del "ciberpunk" en las ciudades descritas por Sue, Dickens o Dostoievski, y en las decenas de ensayos que Neuromante suscita, Gibson -que nunca ha reclamado la paternidad del término-
colabora con Hollywood y escribe una novela al margen del ciclo de Sprawl,
"Luz virtual" (1993). Situada en un futuro no muy lejano, en el que los coches han desaparecido y la bahía del puente de Oakland es el hábitat de un extraño grupo de nómadas humanos.
Aún siendo "Luz virtual" una obra de indudable interés, el Gibson que cuenta es el de las antiutopias o distopías -como el lector prefierea- ciberpunks. Una de ellas, la aún inédita en España "The Difference Engine" (1990), la escribe en colaboración con Burce Sterling. Se trata en realidad de
una distopía en la que se nos propone una historia en base a un hipotético éxito del ordenador creado 1820 por Charles Babbage. Treinta años después, aquel rudimentario ingenio de la informática ya ha sido capaz de poner en marcha una siniestra sociedad. "Todas las fiestas del mañana" (1999), es la última novela publicada hasta la fecha por William Gibson.