Leo Ferré, el último de los poetas malditos de Francia
JAVIER MEMBA
Más conocido como cantante -tal vez fuera la figura más compleja no ya de la canción francesa, sino de la universal- Leo Ferré fue también el último de los poetas malditos que diera la lengua de Baudelaire, además de un estimable novelista en títulos como la autobiográfica 'Benoît Misère'. No es en modo alguno baladí que Alain Verjat lo incluyera en el capítulo dedicado a la literatura gala de postguerra de la "Historia universal de la literatura" o que Raymond Queneau escribiera sobre él, y el resto de los cantantes que animaban los establecimientos donde bebían los existencialistas: "La canción no es en absoluto un arte menor. En pocos años se ha convertido en algo inteligente, divertido, sensible, satírico, en una palabra, interesante".
Nacido en Mónaco, el 24 de agosto de 1916, el origen de su rebeldía se remonta a su estancia en el colegio de Saint-Charles, de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, en la localidad italiana de Bordighera. Señala Sergio Laguna, el biógrafo español del gran Ferré, que "las pequeñas injusticias gratuitas, los sórdidos y lamentables sentimientos de egoísmo que le rodearon" le impulsaron a desarrollar el "juicio crítico y a conocer la trama de los escondidos intereses que gobiernan la sociedad". El mismo Ferré titula "En prisión" el capítulo dedicado a su internado de 'Benoît Misère' y apunta en él: "sotanas negras de mi duelo de ocho años, que tenían debajo de los faldones de hombre un sexo de hombre, y una verdadera enfermedad de la soledad. Gigantescos bolsillos agujereaban la virtud de estos miserables, en los que sus manos removían, pienso hoy día, toda una ciénaga de húmedos deseos".
Estudiante de leyes, Ciencias Políticas y Filosofía en el París de 1935, lo que verdaderamente le interesa a la sazón es la poesía y la música. Aunque acaba las tres carreras que empieza obedeciendo a los deseos de su familia, nunca llegará a ejercer ninguna de ellas. Émulo de Thoreau, inicia una experiencia alquiler" href="http://www.cumbresborrascosas.net/" target="_self">rural en una granja abandonada de Provenza. Pero a Madelaine, su mujer de entonces le aburre el campo y el poeta ha de regresar a la ciudad. Tras una experiencia como locutor en Radio Montecarlo, Leo Ferré llega a París en 1946. Sus canciones de entonces son "Le Scaphandrier", "Les temps de roses rouges", "L’inconnu de Londres" y las interpreta en Le Boeuf sur le Toit, un cabaret frecuentado por Jean Cocteau, René Clair y la crema de la intelectualidad. El éxito no se hace esperar. Durante las cinco décadas siguientes compondrá casi 600 piezas, pero jamás llegará a entrar en los cauces al uso por los cantantes convencionales. Lo suyo "es la locura lúcida", escribe Laguna.
Prologuista de 'Poemas Saturninos' en una de las ediciones más logradas del texto de Verlaine, la bibliografía de Ferré incluye ensayos, críticas y monólogos. Tal vez estos últimos, que el artista recitaba en el escenario con violencia, sean lo más representativo de su personalidad. Anarquista confeso, sus recitales fueron auténticos mítines libertarios: "Hablo, ladro como un perro. Soy un perro", repetía en "Le chien".
Autor de óperas como "La canción del mal amado", fruto de su admiración por Apollinaire y "L’ ópera du pauvre", de entre su bibliografía, integrada por 10 títulos, cabe destacar los poemas reunidos en "Paroles el musiques de tout une vie", "Alma Matrix", "Le Methode" o una última novela, "Marie Jeanne". Inmerso en distintos proyectos, como era su costumbre, Léo Ferré murió en 1993.
Enviado por heathcliff el Lunes, 22 diciembre a las 18:01:47 (472 Lecturas)
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Samuel Butler, de ganadero a mentor de la ciencia-ficción
JAVIER MEMBA
Maldito y alucinado, maldito porque siendo inglés osó alzarse contra la sociedad victoriana, alucinado porque para ello concibió una utopía inimaginable para una mente sosegada, Samuel Butler Yeats legó a la posteridad una sátira sobre la aplicación a la gente de la satánica ciencia que habría de convertirle en uno de los primeros clásicos de la ciencia ficción.
Nacido el 4 de diciembre de 1835 en Bingham (Nottingham), el destino de Samuel Butler ya estaba decidido desde entonces por su progenitor. Siendo éste un eclesiástico, el futuro escritor debiera haberle seguido por la divina senda, pero surgió en él el espíritu de la contestación. Terminados sus estudios en el St. John’s College de Cambridge, en vez de tomar los hábitos decide emigrar a Nueva Zelanda y dedicarse allí a la cría de ovejas. Corre el año 1860 y el aún joven Butler se dedica a su cabaña bovina hasta 1864.
De nuevo en Londres, cultiva la música y la pintura. No será hasta 1872 cuando su amiga, musa y amante, Mary Anne Savage -la Alethea de 'El camino de la carne'- le convence para dar a la estampa su primer libro. 'Erewhon' -anagrama de nowehe (en ninguna parte)-, el texto en cuestión, publicado a expensas del autor, bajo la forma de un género tan inglés como el de la utopía y protagonizado por un personaje tan inglés como Higgs -quien reproduce la experiencia en Nueva Zelanda de Butler-, es una sutil sátira contra Inglaterra. A Erewhon, se llega tras atravesar una cordillera que nadie se atreve a atravesar, en la que el lector bien puede imaginar una representación de la moral y los convencionalismos de la época. Una vez allí, el visitante descubre un mundo en el que el están condenados los ingenios mecánicos, los desdichados y los que enferman antes de cumplir 70 años. Lo único que se intenta sanar como si fuera una enfermedad es la inmoralidad. Siendo esta última ocurrencia una clara alusión a la rectitud imperante en la sociedad victoriana -que a la postre habrían de ser los lectores del libro- si la novela se convirtió en un clásico de la ciencia ficción -en unos días en que las historias adscritas al género se publicaban a cientos- fue debido a que se entendió como una disertación irónica sobre los 'Viajes de Gulliver', de Swift, más como ese libelo contra la Inglaterra victoriana que en realidad era.
Sin duda consciente de que 'El camino de la carne' -donde el autor elevaba su critica contra la institución familiar- no sería tomada por una nueva fantasía, decidió no publicarla en vida. De hecho, esta segunda y última gran ficción de Butler no apareció hasta 1903, un año después de la muerte del artista. Tras la publicación de 'Erewhon', Butler publicó libros de viajes, tratados filológicos y científicos. Discrepó de las teorías de Darwin y puso en duda que Homero fuera el autor de la 'Odisea' en 'The Authoress of Odissey' (1897) y volvió a su utopía en 'Erewhon revisitado' (1901). A sus primeros biógrafos les llamaba mucho la atención que, siendo inglés, no perteneciera nunca a ningún club.
Murió en Londres, el 18 de junio de 1902. Tras el éxito de 'El camino de la carne', sus 'Cuadernos' fueron publicados en 1912. Por entonces, Wells ya le consideraba uno de sus mentores. Orwell lo haría más tarde. Hoy es un clásico.
Enviado por heathcliff el Lunes, 22 diciembre a las 18:01:17 (401 Lecturas)
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Mijail Bakunin, el principal ideólogo del anarquismo
JAVIER MEMBA
Si bien Godwin, además de padre de Mary Shelley fue el primer anarquista especulativo, el austríaco Max Nettlau (1865-1944) -el Herodoto de la anarquía, que lo llamó Rudolf Rocker (1873-1958)- ya ve inspiración libertaria en la aversión al estado del filósofo griego Zenon de Cicio (333-263 a.C.). La desobediencia, como poco, es tan antigua como la sumisión. Pero de cuantos pensadores ha dado desde entonces el sentir libertario, fue Mijail Bakunin el principal ideólogo del anarquismo como acción revolucionaria. El resto de sus predecesores el pensamiento ácrata -además de Godwin lo fueron Max Steiner (1806-1856) y Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865)- eran, como con tanto acierto señala Bert F. Hoselitz, anarquistas especulativos.
Lo primero que sorprende al estudiar la figura de Bakunin es que un hombre, que vivió tan entregado a la acción revolucionaria que jamás tuvo tiempo de terminar un libro -todos sus volúmenes son compilaciones de cartas y textos ocasionales, muchos de ellos escritos en la cárcel- pasé por ser el principal teórico de algo. Sólo si consideramos que para la anarquía lo que cuenta es la práctica, que no la teoría, el enigma queda explicado. Apasionado de las sociedades clandestinas y radicales, bien en las barricadas, bien apoyándolas de una u otra manera, Bakunin participó en todas las insurrecciones de las que tuvo noticia, que no fueron pocas teniendo en cuenta que la época que le tocó vivir fue la de las grandes revoluciones.
Los círculos revolucionarios
Nació en Torjok, muy cerca de Moscú, en 1814, fue la suya una familia de terratenientes. Siguiendo el deseo paterno ingresó en la academia militar, pero abandonó la carrera de las armas en 1836, siendo oficial de la Guardia Imperial. "Me enamorisqué, me enredé, me descarrié", apunta el mismo Mijail en la confesión que dirigiera al zar Nicolás I, preso el rebelde de por vida en una mazmorra de la fortaleza de San Pedro y San Pablo. "En 1840 obtuve de mi padre, no sin grandes dificultades, la autorización de salir al extranjero para estudiar en la Universidad de Berlín". Sumergido en la metafísica alemana, "noche y día no veía otra cosa que las categorías de Hegel". Traslado a Dresde algunos meses después, entra allí en contacto con los círculos revolucionarios en los que llama la atención por la exaltación con que se expresa.
Los años siguientes llevaran a Bakunin, que malvive de las traducciones del alemán y del ruso, a Bélgica, Suiza, Polonia y Francia. Expulsado de París en 1847 a instancias de la embajada rusa, después de haber pronunciado una conferencia sobre el alzamiento polaco de 1831 contra la dominación zarista, se exilia en Bruselas. Tras su participación en las insurrecciones de Praga y Dresde (1848), es detenido en Sajonia (1849) y condenado a muerte. Entregado a Rusia, el zar, que está al corriente de toda la actividad subversiva de Bakunin, ordena personalmente que se le confine de por vida en la mazmorra ya aludida.
Tan ateo como colectivista
Tras siete años de cautiverio, perdidos los dientes a consecuencia del escorbuto que padece y viendo que va a morir sin realizar su proyecto revolucionario, Mijail accede a llevar a cabo la confesión que Nicolás I le ordena para suavizar su condena. Repleto de un falso arrepentimiento, no en vano en sus párrafos leemos: "El motor principal en Rusia es el miedo. (...). En todas partes se roba, en todas partes se soborna y, por dinero, se cometen injusticias (...), pero eso, en Rusia, sucede en mayor grado que en los restantes estados".
Conmutada la cadena perpetua por destierro en Siberia, logrará evadirse en 1861 a través de Japón y Estados Unidos. Instalado en Londres en 1861 su pensamiento ha pasado del paneslavismo democrático anterior a su confinamiento al anarquismo. A diferencia de la idea generalizada, para Bakunin la acracia no es el desorden gratuito, sino la base para una sociedad fraternal. "La solidaridad y la libertad son la esencia del género humano", apuntará en "El estado y la anarquía" (1873). Tan ateo como colectivista, sostiene que "el Estado es el producto de la religión. Nació en todos los países del maridaje de la violencia (...) con los dioses creados por la fantasía teológica de los hombres". Estos planteamientos le llevarán a fundar en 1869 la Alianza Socialdemocráta, que no tardará en adherirse a la Primera Internacional.
En el seno de esta última organización, Bakunin conocerá al que junto con el Zar habría de ser su otro gran enemigo: Karl Marx. Producida la inevitable ruptura entre anarquistas y autoritarios, los libertarios -la gran mayoría- fundarán la Asociación Internacional de los Trabajadores. Retirado a Suiza en 1872, morirá cuatro años más tarde. "En Bakunin todo era colosal. Estaba lleno de fuerza y exuberancia", diría de él Richard Wagner, su compañero en las barricadas de Dresde. Las obras completas del revolucionario verían la luz en seis volúmenes aparecidos en París entre 1985 y 1913.
Enviado por heathcliff el Lunes, 22 diciembre a las 18:00:15 (511 Lecturas)
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Jan Potocki
Jan Potocki, el erudito que se encontró en Zaragoza
JAVIER MEMBA
De actualidad estos días con motivo de la adaptación de su única ficción, 'El manuscrito encontrado en Zaragoza', el resto de su producción de Jan Potocki se reduce a textos eruditos, dedicados a las más diversas materias. Sin embargo, 'El manuscrito' es suficiente para que este autor polaco figure en el parnaso de la novela fantástica, junto a Maturin, Sheridan Le Fanu y el resto los grandes maestros de la edad de oro del género.
Tanta es la excelencia de 'El Manuscrito...' que David Coward no duda en calificarla como "una obra de mágica complicidad que transporta la llama de la literatura fantástica hasta nuestro propio siglo. El perplejo Alfonso van Worden [ el protagonista] es un precursor del héroe de Kafka".
Paraísos lejanos
Si no fuera porque el conde Jan Potocki decidió poner fin a sus días deprimido y neurasténico el 2 de diciembre de 1815, no habría nada en su biografía que permitiera intuir en él tanto tino para la fantasía. Nacido en Pikow (Ucrania) en 1761, fue educado en Polonia, Ginebra y Lausana. Su sólida formación intelectual no tardaría en verse ensanchada con su basta experiencia de viajero por Italia, Malta, Túnez, Turquía y Egipto.
De lo que vio en estos dos últimos países, dio puntual información en su primera publicación "Viaje a Turquía y a Egipto hecho en el año 1784", dado a la estampa en París en 1789. Ese mismo año, se querella contra los Estados de Polonia para que le dejen instalar una imprenta en su casa. En ella vera la luz su "Ensayo sobre la historia universal" e indagaciones sobre Sarmacia. Pero el escritor alcanzará la celebridad merced a una ascensión en globo aerostático junto a François Blanchard.
Tras un viaje por Inglaterra, España y Marruecos realizado en 1792 es llamado a filas en su país para participar en una campaña militar como capitán de ingenieros. Pero lo suyo son las letras, que no la milicia. Los títulos, muy apreciados por los estudiosos, se van sucediendo en su bibliografía: "Viaje por algunas partes de la Baja Sajonia para la busca de Antigüedades o wendas" (1794), "Memoria sobre un nuevo periplo del Ponto Euxino, así como sobre la más antigua historia de los pueblos del Taunus, del Cáucaso y de Escitia" (1796) y "Fragmentos históricos y geográficos sobre Escitia, Sarmacia y los eslavos (también de 1796) le convierten en un erudito en lo que arqueología y etnología se refiere. Tanto es así que el zar Alejandro I -a la sazón Polonia pertenecía al imperio ruso, le nombra su consejero privado. Como tal, el escritor se verá obligado a viajar al Cáucaso en 1798.
"Porno" goyesco
De las siguientes publicaciones de Potocki, la que cuenta para nosotros, "El manuscrito encontrado en Zaragoza" -a buen seguro resultado de su viaje por nuestro país en 1792- ve la luz en el San Petesburgo de 1804. Tanta es la carga erótica que rezuman sus páginas que un buen número de ellas han de distribuirse en la clandestinidad.
Pero lo que verdaderamente se trata allí son las fantásticas aventuras de un gentilhombre español, de ascendencia morisca. Entre espectros y odaliscas enmarcadas en un ambiente goyesco, el autor nos propone un texto atractivo como pocos. Quién sabe lo que hubiera podido legarnos de haber proseguido con su producción fantástica si en 1812 no hubiera decidido poner fin a su vida.
Enviado por heathcliff el Lunes, 22 diciembre a las 17:59:45 (405 Lecturas)
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Aphra Behn, primera escritora profesional de la literatura inglesa
JAVIER MEMBA
Antes de convertirse en la primera escritora profesional de la literatura inglesa, cuenta su leyenda que Aphra Behn se entregó a toda suerte de disipaciones, fue espía en Holanda, amante de varios prohombres de la Restauración, incluido el rey Carlos II, abanderada de la inmoralidad y autora de una veintena de comedias cuya influencia fue determinante en el naturalismo de Jean Jacques Rousseau.
Nacida en Wye (Kent) en 1640, fue su padre un humilde barbero. Por dilucidar aún si la futura escritora abandonó Inglaterra junto a él o si lo hizo sola, lo cierto es que Aphra, adolescente aún, parte para la Guayana holandesa. Allí, en la plácida y afortunada Surinam, transcurrió su adolescencia. Regresó a Europa en 1658 para contraer matrimonio con un comerciante holandés, un tal Behn, con cuyo nombre pasaría a la historia de la literatura. Su apellido de soltera, como tantas otras cosas referentes a ella, no es desconocido. De lo que no ha duda es de que fue su marido quien la introdujo en la licenciosa sociedad de la Restauración. El ingenio de la muchacha, que pasaba de cama en cama sin ningún rubor, no tardaría en llamar la atención. Así, tras la misteriosa muerte del esposo, Aphra llega a ser una de las mujeres más admiradas en los salones de postín.
Pobreza y libertad
Pero la viudedad, además de la libertad precisa para sus licencias, también habría de acarrearle la pobreza. Corría el año 1670 cuando, sumida en la miseria, se vio impelida a ganarse la vida. Fue entonces cuando empezó a escribir.
Ni que decir tiene que sus licencias y excesos fueron su principal materia literaria. De ellas comienza a dar buena cuenta en comedias como "The Forc’d Marriage" (1670) y las dos entregas de "The Rover", fechadas en 1677 y 1681 respectivamente. El público dedica el mismo aplauso a todas ellas. Su autora se nos muestra cínica y apasionada, refinada y popular. Es la primera que acomete la cuestión sexual y exalta la pasión y el placer.
La primera novela antiesclavista
Pero la Aphra Behn que habría de pasar a la posteridad era la narradora, que no la autora dramática. "Oroonoko o el esclavo real", la novela que habría de procurarle la gloria literaria, es una historia tan avanzada a su tiempo como insólita en su propuesta. Publicada en 1678 y protagonizada por el príncipe heredero de un supuesto reino africano -Coramantien- es considerada la primera novela antiesclavista. Idealizando al salvaje como nadie lo había hecho hasta entonces, la escritora nos cuenta cómo Oroonoko, tras casarse con la bella Imoindia, es vendido junto a su esposa como esclavo. Separados por sus amos, el matrimonio volverá a unirse con posterioridad. Oroonoko capitaneará entonces una revuelta de esclavos. Capturado por sus enemigos, morirá entre terribles torturas.
El realismo que impregnaba aquellas páginas, primeras en las que se hablaba de una negra guapa, es un claro precedente del de Daniel Defoe. Pero Aphra Behn nunca llegó a tener noticia de su insigne discípulo: murió en Londres en 1689, quince años antes de que Defoe empezara a publicar sus primeros artículos en "The Review".
Enviado por heathcliff el Lunes, 22 diciembre a las 17:58:50 (472 Lecturas)
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